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Nº de Registro AB-18-2014

Nº de asiento registral 00/2014/1146 Madrid


CIEN SONETOS A AMOR

Por Jerónimo García Pérez Jegarpe

Edición de Smashwords

2017





TABLA DE CONTENIDO


Inicio

Prólogo 2013

Prólogo 1958

1.Dafnis y Cloe

2.Pan y Selene

3.Apolo y Dafne

4.Acis y Galatea

5.Eros y Psiquis

6.Vesta y Príapo

7.Hércules y Ónfala

8.Apolo y Coronis

9.Paris y Helena

10.Dionisos y Ariadna

11.Céfiro y Flora

12.Hilas y las Náyades

13.Eco y Narciso

14.Biblis y Cauno

15.Coreso y Calirroe

16.Júpiter y Dánae

17.Salmacis y Hermafrodito

18.Ifis y Anaxáreta

19.Alfeo y Aretusa

20.Anfítrite y Neptuno

21.Venus y Adonis

22.Apolo y Melia

23.Casandra y Ayax

24.Neptuno y Amínone

25.Alcestis y Admeto

26.Alcione y Ceix

27.Medusa y Neptuno

28 Antíope y Zeus

29.Aquiles y Briseida

30.Hiria y Apolo

31.Jasón y Medea

32.Creteida y Peleo

33.Cometo y Melanipo

34.Júpiter y Proserpina

35.Perseo y Andrómeda

36.Hércules y Hebe

37.Céfalo y Procris

38.Edipo y Yocasta

39.Zeus y Leda

40.Cástor e Hilaira

41.Mercurio y Herse

42.Eurídice y Orfeo

43.Ío y Júpiter

44.Hipómenes y Atalanta

45.Ceres y Deifón

46.Jasón e Hipsipila

47.Poseidón e Hipótoa

48.Hero y Leandro

49.Nisia y Giges

50.Ifis y Yante

51. Hipodamia y Piritóo

52.Ulises y Circe

53.Ceres y Poseidón

54.Jasón y Glauca

55.Melanto y Poseidón

56.Júpiter y Latona

57.Helena y Deífobo

58.Febo y Clitia

59.Ixión y Nefela

60.Clito y Palena

61.Poseidón y Teófana

62.Fineo y Cleobulea

63.Belerofón y Antea

64.Eos y Titón

65.Oritia y Bóreo

66.Aquiles y Deídamia

67.Marte y Afrodita

68.Clitemnestra y Egisto

69.Deméter y Jasión

70.Filis y Demofonte

71.Tanais y Talasa

72.Hipólito y Fedra

73.Acteón y Sémele

74.Europa y Júpiter

75.Erigania y Menelao

76.Melisa y Alexis

77.Tisbe y Píramo

78.Pomona y Pico

79.Artemisa y Titio

80.Atis y Cibeles

81.Frixo y Demodice

82.Clita y Cícico

83.Agavea y Baco

84.Ifimedia y Neptuno

85.Iftima y Mercurio

86.Teseo y Helena

87.Ariadna y Teseo

88.Alcinoe y Janto

89.Júpiter y Garamantis

90.Pitis y Pan

91.Tiro y Poseidón

92.Calipso y Ulises

93.Pasifae y el Toro de Creta

94.Hipodamia y Pélope

95.Evadne y Capaneo

96.Core y Plutón

97.Nictimena y Epopeo

98.Melanipa y Neptuno

99.Acamas y Laodicea

100.Dido y Eneas




CIEN SONETOS A AMOR


OBRA POÉTICA ORIGINAL DE

Jerónimo García Pérez J E G A R P E


Fotografía que se muestra en el manuscrito original




PRÓLOGO 2013


La presente obra poética la escribí durante los años 1957- 1958, cuando contaba 22 años de edad. La mayor parte de los cien sonetos que la conforman fueron compuestos en Valencia, cuando realizaba mi servicio militar. Es el cuarto de los 31 libros-manuscritos que poseo, si consideramos el orden cronológico en el que los escribí. Gran parte de ellos son inéditos. En lo que concierne a CIEN SONETOS A AMOR, puedo decir que la mayor dificultad que se me presentó para realizarlos fue encontrar el centenar de historias adecuadas para dar forma a todos y cada uno de los sonetos. Tuve que consultar varios textos hasta completar dicha cantidad. Hoy, que trato de sacarlos a la luz, releyéndolos, me suenan muy distantes y hasta reconozco que vienen a faltar historias muy conocidas que integran el ámbito inefable de la mitología grecolatina que no supe encontrar entonces. Os dejo, pues, con ese mundo increíble y fantástico urdido por Eros.


Albacete, Diciembre de 2013




PRÓLOGO 1958


Cuando la imaginación y la fantasía de los hombres llega hasta el extremo de crear -y creer- un mundo nuevo, de dioses que conviven con los mortales, que aman y sufren con ellos, ese fabuloso sueño se convierte en el arte y la poesía maravillosos.


Esta obra pretende desglosar, de esa gigantesca tela de araña que es la mitología griega, en la que jamás se sabe dónde termina la ficción y dónde comienza la realidad, cien historias de amor.


Pero...dejemos actuar a EROS, ese diosecillo rubicundo que labró, con su poder insospechado, la felicidad o la desdicha de nuestros personajes.





1.DAFNIS Y CLOE.


Dafnis corre veloz, sin embarazos.

Alas le presta Amor en su carrera.

Lycenia le enseñó lo que él quisiera

y a Cloe enseñará tan tiernos lazos.

Tendida al pie del tronco, entre sus brazos,

cual dríada que al árbol se ciñera,

zagala virgen, del zagal espera

gustar los besos de él y sus abrazos.

Amor que, aunque es veneno, no emponzoña,

amor nacido al son de la zampoña

que tañe Pan, galante y protector.

Amor que consagraron a las ninfas

de la gruta, mirándose en sus linfas.

Amor ingenuo y rudo, pero amor.


. 2.PAN Y SELENE


La noche toda hasta el claror conversa,

el son de la siringa su palabra,

Pan con la Luna, suspirando que abra

sus brazos amorosos, plata tersa.

Tan sólo Pitis no le ha sido adversa.

Y no es Amor quien su desgracia labra:

Cuernos y orejas son, patas de cabra,

y ese terror que infunde y que dispersa.

Por eso Psiquis se sintió asustada

cuando él le consoló su corazón

y Bóreas despeñó a su bienamada.

Por eso Eco se arrojó al Ladón

y cruza aprisa la noche estrellada

Selene, que va en busca de Endimión


3.APOLO Y DAFNE.


Fragante rosa o virginal capullo,

temática de arcillas y pincelesque desdeñaste las sabrosas mieles

que Apolo te ofreció para honor tuyo.

Oh, frágil Dafne, por tu casto orgullo,

por tu pudor y por tu afán de hieles

te hizo la Tierra aromas y laureles

a los que sólo el ave dará arrullo.

Ya estás segura en las maternas haldas,

no temerás la sombra aterradora

ni sentirás su aliento en tus espaldas.

Ya no tendrás que huir de la porfía

de Febo, entre las frondas, cual la Aurora

huye del Sol cuando despunta el día.


4.ACIS Y GALATEA.


En nave de argentán que el mar cimbrea,

el hijo de Simetis, blonda espuma,

navega, sigiloso, entre la bruma

del mar, hacia la playa lilibea.

Durmiendo entre la fronda, Galatea,

suave es el suelo más que blanda pluma,se halla la ninfa que a la flor perfuma;

su grácil cuerpo entre el verdor blanquea.

Acis la encuentra y en su goce extremo

gusta las mieles de su dulce boca.

Amante desdeñado por su mal

descubre tal escena Polifemo

y arroja al navegante gruesa roca...

Neptuno de su sangre hizo un cristal.


5.EROS Y PSIQUIS.


Llama convulsa del celeste fuego

fuiste primero, para ser más tarde

ente carnal de tu curioso alarde,

en los brazos de Amor placer y juego.

Amaste, generosa, al cruel efebo

-sangre de Venus que en sus venas arde-

quemó tus carnes de pasión cobarde

sin darse a ver y abandonarte luego.

Alma sincera, mariposa errante,

que vas en busca del esposo huido,

venciendo a tu dolor tu amor gigante.

¡Oh, dulce Psiquis!, si de fuego has sido,

¿por qué te dejas abrasar, amante,

gozosa, por el fuego de Cupido?


6.VESTA Y.PRÍAPO


Jamás pudieron seducirte, Vesta,

Hermes, primero, recatada dama,

matrona augusta de hogareña llama,

ni, luego, Apolo, el de figura apuesta.

Tu indiferencia hacia el amor molesta

al dios adolescente que proclama

hacerte víctima de impura trama...

Mas no te pudo y proseguiste honesta.

Si Príapo, jovial, quiso besarte,

en brazos de Morfeo tu entereza,

no fue la voz del asno de Sileno

quien te salvó, que fueron tu estandarte,

tu honor sin mancha alguna, tu pureza,

tu misma honestidad, tu genio bueno.


7.HÉRCULES Y ÓNFALA.


Vaivén de su aventura, con la insidia

que Juno le profesa, siempre solo,

llegó al país donde el hermoso Apolo

venció en la música al dios Pan: la Lidia.

Se ahogó su fuerza, de la Grecia envidia,

entre el placer, la liviandad y el dolo

que, en brazos de la cónyuge de Tmolo,

fueron, no sólo amor, también perfidia.

Cambió su maza por la indigna rueca,

pecho viril por palpitante pecho

y fiera faz por placentera mueca.

Heracles, que por nadie fue vencido,

yace con Ónfala en dorado lecho,

vencido y derrotado por Cupido.


8.APOLO Y CORONIS


No pudo Apolo perdonar tu acción

porque, aunque dios, su corazón sufría,

y, aun eterno, te amaba todavía,

que, en su lira, tu nombre era su son.

No pudo disculpar tu corazón

porque él en su interior te comprendía

y supo que era amor lo que pedía

la voz liviana de tu gran pasión.

Oh, infiel Coronis, balbuciente verbo,

que en brazos de Ischis sólo fuiste lodo,

pues te robó el honor siendo tu siervo.

Las manos que supieron protegerte

te dieron fe y placer, te dieron todo...

¡incluso las caricias de la muerte


9.PARIS Y HELENA


Minerva le ofreció sabiduría,

Juno, poder, y la deidad más bella,

la más hermosa y pasional doncella

de cuantas Gea producido había.

Su voto fue lo que su amor pedía

-sustancia misma de su buena estrella-

y así venció en la singular querella

la linda Venus, que triunfar debía.

Supo inducirle la divina Helena

tan gran pasión, tan ardorosos bretes,

que nunca supo Paris si fue herido

de muerte por la flecha -angustia y pena-

salida del carcaj de Filoctetes

o alzada por el arco de Cupido.


Mujer nacida en las riberas blandas


10.DIONISOS Y ARIADNA.


siempre espumosas de la clara Creta,

calcada en Venus tu gentil silueta,

lechosos pechos sobre albor de holandas.

Tu amante cruel -de su aventura en andas-

por Palas seducido y por su treta

en Naxos te dejó y, anacoreta,

Baco te vio del Céfiro en volandas.

Dormida el dios te conoció y hermosa

-Ariadna al fin, placer, flor del deseo-

te dio el calor de su pasión grandiosa.

Quisieron Afrodita e Himeneo

hacerte de Dionisos rica esposa,

aún en el mar la nave de Teseo.


11.CÉFIRO Y FLORA.


Reina es de flores, entre flores mora,

de flores ha vestido sus colores,

su frente está teñida de albas flores,

flor es su origen y su nombre es Flora.

Por eso el hombre que la ve la adora,

y Céfiro, que esparce sus olores,

es presa del vapor de sus amores

y, ciego, de la ninfa se enamora.

La hermosa, al conocerse perseguida,

huye, no tanto del raptor galante,

así cual de la voz de su pudor.

Por él lucha, tenaz, mas es vencida

y hecha jirón de una pasión triunfante

porque lo quiso la verdad de Amor.


12.HILAS Y LAS NÁYADES.


Capricho fue de la divina flauta

que todo lo armoniza, que existiera

en Troada tan verde primavera,

tan tiernos cantos, que la mente cauta

del bello Hilas se tornase incauta

por culpa de la queja lastimera

-murmullo del Ascanio en la ribera-

que atrajo con su son al argonauta.

Y preso del amor, sólo embeleco,

oculto en el embrujo de sus voces,

fue, en manos de las Náyades, muñeco.

La voz de Polifemo, en las veloces

alas del viento, lo llamó, y el eco

habló por él de muertes y de goces.


13.ECO Y NARCISO.


Narciso no ha de amar: La amarga suerte

y oráculos le niegan tal dulzura.

Por eso vaga solo en la espesura...

Velando tras Amor está la Muerte.

No vio a mujer, por eso, cuando advierte

su cara reflejada en la tersura

del agua de una fuente, se figura

que ve la de una ninfa. -Amor es fuerte-.

Eco, su amante y no amada pastora,

descúbrelo, y sus ojos, asombrados,

destilan una perla de desgaire.

Narciso de sí mismo se enamora

y víctima fenece de los hados.

En los brazos de Febo Eco se hace aire.


14.BIBLIS Y CAUNO.


Lágrima eterna seguirás llorando

el fiel recuerdo de tu amor huyendo,

pues fuente gélida le estás queriendo

y Biblis cálida le estás amando.

El paso de tus aguas barbotando

y el brillo de tus ojos sonriendo

cristal son donde Cauno se está viendo,

espejo en que el galán se está mirando.

Amor, que nada sabe de pudores,

indujo tu razón con los mejores

caprichos de tu gusto soberano.

Por más que lo persigas, saltarina,

transida el alma de dolor, tu hermano

huyendo seguirá entre la neblina.


15.CORESO Y CALIRROE.


Podrase amar hasta perder el seso,

saberse amada hasta la miel lasciva,

mas no como lo fue la ninfa esquiva,

ni nadie ha de querer como Coreso.

Hiende en su pecho tu puñal avieso,

amante fiel, que la ira vengativa

de Baco te la ha dado inofensiva,

por desdeñarte una caricia, un beso.

Si muerta la quisiste por amarla,

también tu vano amor, como un presente,

tu muerte le ofrendó para no odiarla.

Que no penen tus manes: Calirroe,

-ánima, azar que la ternura roe-

será morir primero, luego fuente.


16.JÚPITER Y DÁNAE.


En torre sin sonrisas, mar de almenas,

vive infeliz la que es entre mujeres

la reina, quien, por sádicos poderes,

yace oculta a libídines ajenas.

¡Miradla, dioses, y aliviad sus penas!

El más gentil de los mortales seres

aún no conoce lo que son placeres

ni ha hecho brotar Amor fuego en sus venas.

Aunque muros opongas, débil veto

para amor tan callado y tan sonoro,

¡tiembla, Acrisio!, tu muerte está cantada.

Tu destino lo lleva escrito un feto

que será hijo de Dánae, fecundada

cierto día por una lluvia de oro.


17.SALMACIS Y HERMAFRODITO.


Rima con su luz versos el ocaso,

juegan en el bosque amores rollizos

con alas de albor y cobrizos rizos,

mientras el amor llega paso a paso,

que en la sensual paz de Halicarnaso,

en la fuente azul de embrujos y hechizos,

donde el viejo sol ríe oros rojizos,

báñase un doncel, fuego del acaso.

Y Salmacis, fiel a un mundo infinito

de ansias, contempló al hermoso ser,

espuma del mar, bello Hermafrodito.

Un abrazo cruel, un caliente beso

y un deseo afín de amor, de placer,

hicieron de dos seres sólo un sexo.


18.IFIS Y ANAXÁRETA


Fueran poco el despecho y el orgullo

de Juno o la vil saña de Marte,

Anaxáreta cruel, para adornarte

o para hablar de ese desprecio tuyo.

Si no te conmovió antes, por ser suyo,

su dolor de hombre, no podrá causarte

mejor pena ahorcado por amarte,

que Ifis fue para ti queja y murmullo.

Junto a tu puerta en eternales ratos,

como un mendigo que cariño medra

medró tu amor en brazos de Thanatos.

Como hizo de él Eros helada hiedra,

Venus hizo después de tus ingratos

desdenes, para Ifis, dura piedra.


19.ALFEO Y ARETUSA.


En la tarde sin luces, inconclusa,

de ruidos y alborotos añagaza,

rendida y fatigada por la caza,

descanso el río ofrece a Aretusa.

Al contacto del agua, azul, profusa,

surge Alfeo, lascivo, cual su raza,

que, unas veces la sigue, otras la abraza.

Mas la ninfa huye de él, casta y confusa.

La doncella, que siente profanada

su carne, pide ayuda a Artemisa,

quien trueca su sudor en fuente helada.

Pero Amor, que enajena los sentidos,

a sus cuerpos mandó, con su sonrisa,

que en Ortigia quedaran confundidos.


20.ANFÍTRITE Y NEPTUNO.


En la calma del mar silente, muda,

cabalgando en las olas de algodón,

se desliza, sutil, una canción,

que de Nakos nacida, tiembla y duda.

Perla sin valvas que, al danzar desnuda,

alas le presta Eolo, Euterpe son,

himno que hace surgir a Poseidón

y danza que a Tersícore demuda.

Las Nereidas, que ciñen con cendales

de alba espuma la nítida cintura,

su voz prestan a Anfítrite, sensuales.

Y presa de Neptuno, la hermosura

fue nácar en palacio de cristales,

de ova y lama, en el mar de la negrura.


21.VENUS Y ADONIS.


La tez imberbe, acariciante el vello,

los ojos dulces y feliz la suerte,

que Ganimedes fiel sufrió por verte

y el mismo Apolo te envidió por bello.

Mirra te dio la vida y, aún destello,

Perséfona no quiso protegerte

para que Venus, Adonis, cederte

pudiera a tu filial abrazo el cuello.

Mas su cariño, maternal otrora,

se convirtió en pasión abrasadora

por ironía del ingenuo Amor.

Sentir sólo emulado por la vana

mentira de tu muerte y el dolor

de verte asaeteado por Diana.


22.APOLO Y MELIA.


La llama de su amor se hizo celérica

pasión a la que Apolo dio su cálida

caricia, que, al gustarla, se hizo inválida

de quejas y dolor, jamás colérica.

La hermosa Melia, ilusión quimérica,

Jacinto en su fantástica crisálida

de virgen, mariposa se hizo pálida

en brazos de su amado. Fe esotérica.

Nacida para ser fuego volcánico,

capricho del viril placer vesánico,

halago sensual y tierna súplica.

Y en la tarde nimbada, melancólica,

como un ardid de la quietud bucólica,

la ninfa goza de su amor, abúlica.


23.CASANDRA Y AYAX.


No en la ancha Troya, pavorosa ruina

que tú auguraste sin ser escuchada,

busques la mansa paz, Casandra amada:

Huye más lejos de su odiosa inquina.

No en el templo has de hallar, mujer divina,

el amparo que ansías, pues lograda

te verás por Ayax, aunque abrazada

pidas fe a la imagen paladina.

Ya no existe tu hermano, Héctor egregio,

muerto en liza una tarde roja y fatua,

para afrenta tan vil vengarla regio.

En el templo, troyano privilegio,

se produjo, al rodar cuerpos y estatua,

además de un estupro, un sacrilegio.


24.NEPTUNO Y AMÍNONA.


¿Aún no la ves, fiero dios de los mares,

que así la oculta el verdor importuno?

Observa a la hija de Dánao, Neptuno,

que busca el agua lejos de sus lares.

Véla, es Amínona, tiernos cantares

que ahora alza su arco, veloz cual ninguno,

buscando el cuerpo del ciervo oportuno

que osó turbar los silentes pinares.

Ve como el dardo que la bestia esquiva,

hiere de soslayo a un fauno durmiente

quien quiere ajarla como a una flor tierna.

¡Oh, sálvala de la furia lasciva!

Dale, Neptuno, tu amor vehemente

y llévala a las lagunas de Lerna.


25.ALCESTIS Y ADMETO.


Por uncir a su carro soberano,

guarnecido de plata y de rubíes,

fieros leones y lerdos jabalíes

te hizo Pelias el más feliz humano.

Te dio a Alcestis, te concedió su mano,

su sonrisa, sus labios carmesíes

y su cuerpo rosado de alelíes,

suave Admeto, galán de amor tirano.

Si las Parcas tu vida respetaron

por deseo de Apolo, proclamaron

que muriera otro ser para salvarte.

Ofreciose tu esposa a Proserpina

y la reina del Érebo, divina,

devolviola a la vida por amarte.


26.ALCIONE Y CEIX.


Con Selene, con Helios, con la Aurora,

llora a Ceix tu pena y tu dolor

que no han de hacer tus lágrimas mayor

la anchura de la mar. Alcione, llora.

Una estrella o un ave voladora

a lo lejos...Tal vez un soñador

fantasma de la mente, que tu amor

dibuja sobre el agua bramadora.

En el mismo lugar donde la nao

de tu esposo partiera hacia la muerte

acabaste tus bravas ilusiones.

Ya no llores que Tetis, entre el vaho

de las aguas, tu tibio amor advierte

y hará de vuestros cuerpos dos alciones.


27.MEDUSA Y NEPTUNO.


La más dulce y sensual, la más profusa

en goces y en pasiones, linda Hebea,

y la más pronta en darse al que desea,

de entre las tres Gorgonas fue Medusa.

Neptuno, al verla, su razón confusa,

en pájaro se metamorfosea,

y, sobre el mismo templo de Atenea,

hízola suya en su potencia infusa.

¡Oh, inicuo estupro, sacrilegio! Advierte:

La empresa de Perseo será, en alas

de la ira de Minerva, darle muerte.

Tan blonda cabellera de áureas hebras

será cabeza en el broquel de Palas,

cubierta de cerastas y culebras.


28.ANTÍOPE Y ZEUS.


¿Tuvo la culpa de nacer hermosa,

como la espuma del ardiente Egeo,

como las ninfas del fatal Leteo,

la bella Antíope, senos de rosa?

¿Tuvo la culpa, por amar ansiosa,

de darse entera ante el carnal deseo

al Sátiro zeusino? No, Nicteo.

La culpa fue de Venus, la dichosa.

¿No le darán tus manes la pedida

paz que anheló, los horizontes ricos

que ella buscó en los brazos de Epopeo?

¿Ha de saberse sempiterna huïda

de la venganza de su hermano Licos,

sin degustar el cálido Himeneo?


29.AQUILES Y BRISEIDA


Barbián temible de los pies ligeros,

que elogie Marte tu valor, Aquiles,

tus gestas magnas, tus empresas miles,

que hable también de tus amores Eros.

Así sabremos que tus brazos fieros

fueron para Briseida, aunque viriles,

más cariñosos siempre, más gentiles,

que cuando dieron muerte pendencieros.

Pero más grande que tu gran pasión,

amor postrero de tu vida breve,

era el orgullo de tu corazón.

Abandonaste la contienda, aleve,

presa tu esclava por Agamenón,

y, ni aún devuelta, la aceptaste, leve.


30.HIRIA Y APOLO


¡Qué tristeza tan blanda tu tristeza,

qué amargura tan dulce tu amargura,

qué ternura tan muda tu ternura,

y qué sutil, Hiria, tu sutileza!

Por ojos, dos estrellas de franqueza,

por miembros tu traslúcida tersura

y tus aguas, tus ondas, tu figura...

Tan sólo eso serás: agua y maleza.

Mas te queda el recuerdo de otras horas

con que vencer tu soledad, tu olvido:

¿Fue verdadero amor? ¿Fue dolo sólo?

Aquellas tardes arrebatadoras

por el capricho del jovial Cupido,

entre los brazos del lejano Apolo.


31.JASÓN Y MEDEA


Ya tienes en la Cólquida a Jasón,

de tus conjuros a su voz atraído

y de tu embrujo en su esplendor caído,

hechas su vida y alma corazón.

Pero, ¡ay, Medea!, no en esta ocasión

tus pócimas y filtros te han servido

a combatir las mañas de Cupido

contra el deseo de tu asaz pasión.

Tu amor era tan grande y tan incauta

tu prisa por amar que no esperaste

el fin de la misión del argonauta.

Y rescatado el vellocino de oro

la cólera de Aetas escapaste

con tu Jasón, tu dicha y tu desdoro.


32.CRETEIDA Y PELEO.


Razón fueron los juegos funerales,

de Pelias honra, de Tesalia fasto,

para que Amor trocase el celo casto

de Creteida en mil goces sensuales.

La causa fue Peleo de su males:

Por el embuste de su esposa, Acasto

hizo al de Eaco de sus iras pasto

y pasto de los fieros animales.

Mas hecho libre por el buen Quirón

-¡oh, vil mentira de violación,

capricho de mujer, pasión impía!-

a Antífona hizo ofrenda el vengador,

al dar, no sólo muerte al cazador,

también a su mujer, Astidamía.


33.COMETO Y MELANIPO.


Si su padre se niega a que la llama

de tu amor se haga unión, ventura y risa,

sólo un ser con tu fiel sacerdotisa,

si tu cuerpo deleite y pasión clama,

dale gusto al placer que te reclama,

infeliz Melanipo. Corre aprisa

y hazla tuya en el templo de Artemisa,

que tu amada Cometo también te ama.

No te importe saber las consecuencias

que esa profanación puedan traerte

y piensa que la dicha, en sus esencias,

a veces suele ser la mejor suerte,

aunque te hablen las negras sugerencias

de una pronta, viril y dulce muerte.


34.JÚPITER Y PROSERPINA.


Yo, Júpiter, el hijo poderoso

que Rea diera al orbe para inquina

de Cronos, le robé a la venusina

deidad el elixir maravilloso

de Amor y en el Averno tenebroso

-el rostro de Hades que, al mirar, fulmina-

penetré, haciendo mía a Proserpina

y dándole mi cuerpo, generoso.

No pudieron conmigo ni la saña

ni el rencor, ni el furor siempre infinito

de mi hermano, el vesánico Plutón.

Testigo fue el Infierno de mi hazaña,

escenario, el fantástico Cocito

y Melinoe el fruto de mi acción.


35.PERSEO Y ANDRÓMEDA.


Líbrala tú de su dolor, Perseo.

Fue Casiopea la que dijo un día

que no en el ancho mar nereida había

más hermosa que la hija de Cefeo.

Mata al monstruo y entrega tu trofeo

como ofrenda al señor de Etiopía,

que él te dará la mano, sin porfía,

de Andrómeda a despecho de Fineo.

No temas de los dioses mal alguno.

Si ella te ama su amor será tu palma,

su cuerpo abandonado tu calor.

Serenará su cólera Neptuno

y ordenará a la mar que se haga calma.

Castigos e iras apacigua Amor.


36.HÉRCULES Y HEBE.


No en la argucia letal de Deyanira

le hizo perder la vida Neso, aleve,

en hechos larga y en amores breve,

ni las llamas del Eta eran su pira.

Otra suerte para Hércules la lira

de Apolo le auguró con su son leve

y en el dorado Olimpo la linda Hebe,

mientras le espera, sufre, ama y suspira.

En carro de oro que la luz riela,

mirada fría que miradas hiela,

llegó hasta el cielo el inmortal varón

y entre las redes de su amor prendido,

¡oh, siempre poderoso, gran Cupido!,

cambió fiereza y brío en corazón.


37.CÉFALO Y PROCRIS


Bosques, selvas de Céfalo, recreos

que fuisteis del hermoso cazador:

decidle si de Procris el calor

guardais aún de sus lánguidos paseos.

Curadle, Dríadas, sus devaneos;

Oréadas, calmadle su dolor...

que pertenece a su mujer su amor,

nunca logrado por la bella Eos.

La culpa fue de Lélapos que, otrora,

uniera dos cariños, desgarrados

por el ardid de la raptora Aurora.

Pieza husmeada entre la fresca hierba,

voz baladí de celos infundados,

le dio la muerte, ¡oh, confusión acerba!


38.EDIPO Y YOCASTA.


No basta que huyas a la Tebas vasta

de tu destino, Edipo. Eres vasallo

del sino que te envía el dios del rayo.

Que hagas opción de no matar no basta.

Unida está tu vida a la nefasta

ventura, como al suelo lo está el tallo:

Insultarás y matarás a Layo

y aceptarás la mano de Yocasta.

Amor que mata dichas, dichas finge,

mas no fue fingimiento la pasión

que te inspiró tu madre. Azar funesto.

No tu infortunio achaques a la Esfinge.

El mundo sabe que tus hijos son,

no fruto de Eurigania, de un incesto.


39.ZEUS Y LEDA.


Que lloró a Dafne en tus orillas Febo,

que fueron tus espejos, Eurotas,

morada de las Náyades ignotas,

cota de Diana y atrayente cebo

que le tendieron al audaz mancebo

las súplicas de Helena, entre las notas

cansadas de tu voz, leyendas rotas

serán ante tu tema eterno y nuevo.

Tu nívea cantilena de cristales,

nacida en la diáfana Laconia,

con rimas de Museo, sensuales,

dirá al Olimpo de algodón y seda

la historia de un amor que testimonia

la pasión de dos cisnes: Zeus y Leda.


40.CÁSTOR E HILAIRA.


Nunca creíste, morador alterno

de Infiernos y de Olimpo, que pudiera

turbar así tu próvida carrera

amor más grande que tu amor fraterno.

Otro afecto nació, Cástor, más tierno,

en tu pecho: el de Hilaira, alma sincera;

el mismo que Febea interpusiera

en su cariño a Pólux, sempiterno.

De los Bebrices en las tierras áridas,

robadas del poder de los Afáridas,

fueron esposas vuestras las Leucípidas.

Tu muerte a causa de Idas y Linceo

no te privó del eternal deseo,

sí de las penas del mortal, insípidas.


41.MERCURIO Y HERSE


Lágrima y perla en el albor nacida

de la alborada de matices rojos,

de Helios en el crisol hecha sonrojos

y a su calor en nube derretida.

Erubescente virgen poseída

por el fulgor quemante de unos ojos,

abandonada en ellos, sin enojos...

Eso eres Herse: brevedad y vida.

Déjate amar por el pelígero Hermes,

que ante su bravo y varonil vigor

tus fuerzas todas quedarán inermes.

Y aunque interponga en tu pasión Aglaura

-después estatua de maldad- su amor,

Mercurio te hablará, su voz el aura.


42.EURÍDICE Y ORFEO.


Arpegios de tu lira, cristalinos,

suspiros de arroyuelo, ayes de viento,

que hoy narran tu desdicha en un lamento

y ayer cantaron asombrosos himnos.

Que vaguen en sus cuerdas, peregrinos,

tu pena, tu ilusión, tu pensamiento;

que escuchen tu nostálgico concento

Eurídice y los dioses viperinos...

Así sabrán que si tu esposa, ausente,

huyendo a la lascivia de Aristeo,

cayó en la red letal de la serpiente,

del Érebo robarla fue el deseo

de tu arduo amor. Tu voz así lo cuente

cuando tu lira hable a Plutón, Orfeo.


43.ÍO Y JÚPITER


Viajera sin reposo, hija del Río,

huyendo, no del tábano importuno,

sí de los celos de la diosa Juno,

el orbe recorrió la infeliz Ío.

Dejarse amar fue su delito impío,

abandonarse sin reproche alguno

-ingenuo corzo de placer ayuno-

a la pasión del dios, poder y brío.

Y la maldad de la arrogante Hera

siguió temiendo la sacerdotisa,

mujer primero y al final ternera.

En Etiopía la caricia amante

del soberano Júpiter tonante,

le volvió, con su forma, su sonrisa.


44.HIPÓMENES Y ATALANTA


Abandonada por tu padre un día

-osa por aya que al pavor espanta

y por hogar los bosques, Atalanta-

el amor desdeñarte no podía.

Y llegó con la brava cacería

de Calidón, en el obsequio -¡cuánta

ventura!- de Meleagro. Pero tanta

dicha se fue como venido había.

Encontrada por Yasos, otra faz

te presentó en Hipómenes Cupido,

vencida, no por él, por el sagaz

arte de Venus. Y sus tentaciones

hicieron mella en tí y en tu marido,

convertidos por Ceres en leones.


45.CERES Y DEIFÓN.


Mujer, no supo contener su anhelo,

nacido tierno de su corazón;

diosa, no pudo su voraz pasión,

presta, apagar en frialdad de hielo.

Un hijo del pudor -hábil señuelo

de Venus- embriagó, asaz, su razón,

que, si Ceres amó mucho a Deifón

más le lloró, ceniza, en su desvelo.

Ella quiso que la inmortal aureola

la sien ciñese de su dulce amado

y su pureza al fuego sometiola.

Mas al grito materno, que aún el éter

repite, le ofreció su hijo, quemado,

turbados los misterios de Deméter.


46.JASÓN E HIPSIPILA


La proa de Argos en el mar se afila

a vuestra isla sin hombres, sin amores...

¡Oh, lemnianas!, cambiad vuestros hedores

por los frescos perfumes de la lila!

Daos, gozosas, a Amor que se perfila

en sus hombres sin risas, sin favores,

que Afrodita os dará vuestros primores.

¡Daos todas! ¡Entrégate, Hipsipila!

Dos años son muy largos sin querer

y entre los brazos de Jasón, delicia.

Que tus carnes conozcan el placer

y tu cuerpo conozca la caricia...

Ya un día llegarás a conocer

la saña piratesca y la impudicia.


47.POSEIDÓN E HIPÓTOA


Mientras la tarde teje, en un derroche

de matices, lucífuga amalgama,

y huye Helios al cenit, sobre la llama

que orló de luz al día, y áureo broche

de lo real le da paso a la noche,

desde el confín a Poseidón reclama

la voz de Hipótoa, que, tierna, le ama,

ronco susurro el mar en su reproche.

Allí donde, raptada, fue su amante,

donde, quizás, su anónimo epitafio

recuerde al hombre su pasión gigante,

allí donde su gozo se hizo Tafio,

sobre la playa, su dolor purgante,

perenne, implorará al silencio zafio.


48.HERO Y LEANDRO


Hero: Sé tú la dominante estrella

que, rielando en el mar, alumbre Abidos,

en la noche sin luna y sin ruïdos,

mas, porque impera Amor, más grata y bella.

Sé tú la antorcha, luminosa huella

que guíe a Leandro hasta tus brazos, nidos

del fiel cariño en el que os veis unido

y al que el furor paterno no hará mella

Y si una noche la tormenta apaga

tu luz y al día los amados restos

te entrega, de su audacia, el Helesponto,

arrójate a sus aguas, donde él vaga,

desde tu torre de ilusión en Sestos,

para borrar penas y amores pronto.


49.NISIA Y GIGES.


Aquel pastor de la excitante Lidia,

de amores y de penas errabundo,

que del caballo en su interior profundo,

broncíneo, halló su historia y su perfidia,

Y Nisia, tu mujer, Candaulo, envidia,

por su hermosura, del lascivo mundo,,

mostrando su desnudo pudibundo

a Giges, te perdieron con su insidia..

Amor, perversidad y confianza,

extraña y sensitiva mezcolanza

que elaboró la mano de Cupido.

Y ante la oferta de perder la vidaa

o poseer tu trono, fementido,

prefirió darte muerte el regicida.


50.IFIS Y YANTE.

Allá donde castiga el mar a Creta

jurole a Poseidón que ofrendaría

su primer hijo, si mujer nacía,

a su furia de víctimas repleta.

Pero el Amor, con alma de poeta

ingenuo, al castigar su altanería

donó a Ifis galana mancebía

con que dar fe a su loca jugarreta.

¡Oh, ruegos sin cesar de Teletusa,

hechizos y embelecos de Cupido,

ciencia y bondad de Júpiter, profusa,

que hicisteis de ella un cónyuge arrogante

para afrentar el deshonor de Ligdo

y complacer el parco amor de Yante!


51.HIPODAMIA Y PIRITÓO


Divinos comensales fueron parte

de tu festín de boda, Piritóo,

pero, olvidado, tu mansión holló

de la paz, con la sangre, el fiero Marte.

En su rencor trató de arrebatarte

-Euritión el brazo que raptó-

a Hipodamia, mas Ares no pensó

que su furor jamás llegó a arredrarte.

Y tu valor de lápita valiente

-Eros tu fe y tu estímulo Teseo-

hablaron al Centauro de tu honor.

Tu victoria y la dicha sonriente

de tu esposa, gloriaron tu trofeo,

que en la liza venció otra vez Amor.


52.ULISES Y CIRCE.


De Júpiter las armas bramadoras,

en grises mares de tormentas grises,

dieron en Creta con el cauto Ulises,

sobre sus playas acariciadoras.

Entre las magas redes turbadoras,

que son soles de amor, de amor eclipses,

siguiendo al negro azar en sus elipses,

cayó, de Circe, ¡oh, dulces, tristes horas!

Pero el placer en su recuerdo aviva

que una ilusión hacia Ítaca le empuja

desde la Troya destruïda, altiva...

Y en su cóncava nao, prietas las velas,

mira al país que en la niebla se arrebuja

donde teje Penélope sus telas.


53.CERES Y POSEIDÓN


Amor, hijo de Venus, ¡cuán grande eres!,

¡cuán grande Venus, fue tu dotación

que aun los dioses herir su corazón

quisieron, por su flecha y los placeres!

Aunque corrió -yegua incansable- Ceres,

en potro convertido, Poseidón,

-Eros su impulso- la alcanzó y Arión

habló más tarde al mundo de dos seres

que, unidos por la fuerza de Cupido,

el uno fue pasión resplandeciente,

la otra pasión sin luz, ave sin nido,

vencida por el dios, suave e indolente,

pluguiera su pudor, blando y dolido,

teñir los bellos bucles de su frente.


54.JASÓN Y GLAUCA.


No amarás mucho tiempo, Glauca hermosa,

al Jasón promotor de mil resabios...

Medea vengará en ti los agravios

que infligiera a su gracia soberbiosa

el soñado varón de alma rabiosa,

de cuerpo generoso y goces sabios,

que es lumbre y sangre ya, al besar tus labios,

del fuego que será tu fe y tu fosa.

Arderás, ¡ay, Creusa!, en el vestido

de la maga, arderá tu corazón;

no sentirás -sanguinolento instinto-

desfallecer tu amor en el olvido,

ni verás el palacio de Creón

iluminar, flamígero, a Corinto.


55.MELANTO Y POSEIDÓN.


Todo lo infuso que su cuerpo encierra

poder, fiereza, dignidad, espanto-

trócase al punto en juventud y encanto...

Tu faz se ha suavizado y ya no aterra.

¡Ah, Poseidón!, tu voluntad se aferra

a ese son triste, misterioso canto,

que, entre la bruma de la mar, Melanto,

modula, para asombro de la tierra.

Tú, que has burlado siempre los certeros

disparos de Cupido, te hallas ahora

bajo el influjo del fogoso Himeros.

Con tu figura de veloz delfín,

corre tras de la ninfa seductora,

hasta lograr su sumisión al fin.


56.JÚPITER Y LATONA.


Para ocultar a Juno, audaz ladrona

de goces y pasiones, su almo amor,

el Júpiter galano y seductor

buscó en la noche que el azul jalona

de estrellas y de luz, nueva matrona

con que dar forma al arte creador

de Apolo y de Artemisa. Tal honor,

tan gran verdad se realizó en Latona.

El Cielo dio su beso silencioso

de cierzos a la Noche, de ansia ayuna

y, luego, su deleite pretencioso.

Posesos de un fantástico crisol,

el beso se hizo pura y casta Luna

y el cálido deleite se hizo Sol.


57.HELENA Y DEÍFOBO.


De la prolífica Hécuba nacido,

Troya su cuna y la verdad su pena,

falaz, la dicha, le condujo a Helena,

de manos siempre deL procaz Cupido

No le bastó saber que el fementido

Paris la amara hasta la tumba amena,

ni que besara la candente arena,

odiándola, su hermano Héctor, fornido.

Eros cegó sus ojos de tal suerte

a la mundana lucha y enojosa,

que así le sorprendió la honesta muerte

sin conocer la insidia de su esposa,

que, Menelao, broquel broncíneo y fuerte,

cavárale a Deífobo la fosa.


58.FEBO Y CLITIA.


No fue su acción ingratitud de Febo

para con Clitia -quien su amor desea-

no odiosa seducción de Leucotea,

que fue designio del sensual mancebo

cubrir el corazón del rubio efebo

con su áurea y dulce miel, rica Amaltea

de goces y de dichas, que en él crea

un más ardiente amor, extraño y nuevo.

Pero truncada en flor su vida tierna

-¡oh, vil despecho, cólera fraterna!-

no consiguió el pretérito cariño

de Apolo, y, arrastrando -fuego y copo

su cuerpo- al Sol mirando, triste guiño,

murió, y brotó en su pena el heliotropo.


59.IXIÓN Y NEFELA.


La voz de Deyoneos la canción

que alzaron las Erinnias en su alcance,

más la bondad de Júpiter del trance

lo perdonó, purificando a Ixión.

Y, otra vez, palpitante en su pasión,

su cariño hacia Juno fue el romance

que impetró en el Olimpo un nuevo lance

en pos del triunfador de Tifaón.

La iracundia de Zeus se rebela

y otorga a la lascivia hijos Centauros,

habidos, no con Hera, con Nefela.

Libídine y traición, falaz moneda

que, justa, le negó palmas y lauros

y le aherrojó a la torturante rueda.


60.CLITO Y PALENA.


Lance de amor, hostigador prurito

que hizo enfrentarse en la caliente arena

a la pasión de Drías, vil y obscena,

el fiel cariño del apuesto Clito.

Espíritu de anhelos nunca ahíto

su apoyo le ofrendó al Amor Palena

y, victorioso el Bien, surgió la Pena,

hija sutil de su letal delito.

La cólera paterna de Sitón,

sorda al amado que su premio grita,

al fuego, impune, condenó su acción.

La lluvia salvadora de Afrodita

-la llama extinta- defendió la unión

de ambos amantes, la impiedad contrita.


61.POSEIDÓN Y TEÓFANA.


No en los hombres malgastes tu sonrisa

ni a sus voces de amor te sobresaltes,

ni a sus quejas y goces tu alma exaltes,

ni a sus besos respires más aprisa.

Tu suerte va narrándola la brisa

del mar y sus auríferos esmaltes

la esparcen más allá, hija de Bisaltes,

hasta las costas blancas de Crinisa.

Neptuno mutará a tus pretendientes

en sórdidas jaurías y en rebaños

y te amará después -carnero en mientes-.

El fruto que te legue Poseidón,

Teófana, será, al pasar los años,

el libro de la historia de Jasón.


62.FINEO Y CLEOBULEA.


Deja que Cloto tu dolor posea

y que se pliegue, al recordar, tu frente.

Deja que el tiempo borre tiernamente

la herida en que tu amor aún se recrea,

que más le amaste siempre, Cleobulea,

rendido en otros brazos, mas presente,

que entre los tuyos propios, mas ausente.

Y deja que Cupido así lo crea.

En el calor de la Danaide, reo

de su pasión sin límites, Fineo

agotará veloz su juventud.

Tu amor será más joven cada día,

el de él se anegará en la senectud

que no supo prever su profecía.


63.BELEROFÓN Y ANTEA.


No el fratricidio en su verdad extinto,

huyendo del euménico terceto,

buscó a su luengo errar un parapeto

en las mismas entrañas de Corinto.

A la maldad de Némesis sucinto,

lo amó, dolosa, la mujer de Preto,

y su mentira, para el rey decreto,

le hizo vencer, Belerofón distinto

-fiereza por ternura- a la Quimera.

Pero el azar funesto, paso a paso,

siguiole hasta el Olimpo en su carrera,

su empresa convirtiendo en odisea,

pues en las crines del letal Pegaso,

volando, con Thanatos, iba Antea.


64.EOS Y TITÓN.


Si te robó el amor, albina Aurora,

no su belleza de varón adules,

mas la argucia de Céfiro sí emules,

y róbale a tu vez, gentil raptora.

Sobre las aguas que tu hermano dora,

allende el mar y la distancia, azules,

a tu mansión de luminosos tules,

donde reina tu amor, tu pasión mora,

condúcele en tu carro -rosa y plata-

y gana su cariño, Eos ingrata,

para dejarlo abandonado luego.

Cuando Cronos enturbie su razón

y le muestre la senectud su apego,

búscale a tu deleite otro Titón.


65.ORITIA Y BÓREO


Como un Apolo que cariños bebe

en fuentes del amor y no se sacia,

trató de beber Bóreo, mas, reacia,

como un capullo que a la vida breve

sus pétalos abrir nunca se atreve,

Oritia le negó, dulce, su gracia,

y no supo aceptar, reina de Tracia,

palacios de cristales y de nieve.

El rudo hijo de Eolo, despreciado,

quiso, a sus pies, su encono ver sumiso

y conquistar, sincero, el no logrado

querer de la doncella. Y, porque quiso,

el hombre que amó mucho y no fue amado,

raptola en las orillas del Iliso.


66.AQUILES Y DEÍDAMIA


Tras de esas ropas sórdidas, adredes

-Pirra sin patria en tu aventura extraña-

osaste huir de tu enojosa hazaña

buscando la caución de otras paredes.

Mas no fue Sciro todo Licomedes.

El corazón que ama jamás se engaña

y nunca fue creída tu patraña

por la mujer que te apresó en sus redes.

Deídamia adoró tu bizarría

y le entregó a tu afán su lozanía

sin mendigar más recompensa, Aquiles,

que la deshonra de su castidad,

para inmolarla a Amor en su verdad,

amante, entre tus brazos varoniles.


67.MARTE Y AFRODITA


Yo, Demodoco, a quien la sabia man

de Apolo, en su Parnaso morador,

me hizo ser ciego para ver mejor,

narré solícito al saber humano

la boda de Afrodita y de Vulcano,

la límpida pasión del forjador,

su dulce, incomprendido, franco amor,

y su derecho, insatisfecho y vano.

Yo, Demodoco, cantaré hoy al mundo

que Venus fue infiel en su matrimonio,

que fue vaivén de su placer fecundo,

que en el carnal deleite encontró el arte

y que dejó quererse –testimonio

doy de su dicha- por el fiero Marte.


68.CLITEMNESTRA Y EGISTO.


Mientras tu esposo defendía el mixto

honor aqueo, el corazón su diestra,

en la troyana, sin igual palestra,

tú el tuyo adulterabas con Egisto.

Esclava del placer, un plan previsto

por tu lujuria, concibió, siniestra,

tu mente de asesina, Clitemnestra,

para impetrar un crimen nunca visto.

Y Agamenón, salido de su baño,

halló el fin, ignorando tus manejos...

Sudario fue la túnica de engaño.

Mas no a tu unión sacrílega te aprestes,

que la venganza del bizarro Orestes,

urdida por Electra, no está lejos.


69.DEMÉTER Y JASIÓN


Los bucles rubicundos, como el trigo

que abate en las llanuras el ciclón,

los labios escarlatas, de pasión,

los ojos de deseo y de castigo...

Así espero, Deméter -¡sé testigo

de su ansia, tú, Corilas, tú, Plutón!-

ser miel al albedrío de Jasión,

las armas del amor, blandas, consigo.

Cariño tan inmenso y tan sincero

nunca sentido por la diosa Ceres,

se eternizó en el tiempo, duradero.

Y, ni aún el rayo del regente sumo,

las dichas fulminando y los placeres,

logró borrarlo. Su dolor se hizo humo.


70.FILIS Y DEMOFONTE.


Paris queriendo o destruyendo Bronte,

honra de Marte o de Eros adalid,

Filis le amó ya en la troyana lid,

y le amaría, huésped de Caront

e Hora tras hora, su ansia el horizonte,

noche tras noche, su ánimo el cenit,

ave o estrella, de su anhelo ardid,

triste esperó al ingrato Demofonte.

El incansable hijo de Teseo

le prometió que volvería un día

de Atenas para dársela a Himeneo.

Pero no pudo resistir su ausencia

y, presa de su asaz melancolía,

se dio a Thanatos, ¡oh, terca impaciencia!


71.TANAIS Y TALASA.


Las noches sin calor serán tu casa,

los días sin sabor serán tu mundo,

en tu vivir sin dichas, errabundo,

por tu desdén hacia el amor que abrasa.

Y cuando desfallezca tu alma, lasa

-¡oh, daño del efebo rubicundo!-

caerás en el cariño furibundo

de la mujer que te dio el ser: Talasa.

Huirás temblando de pasión y rabia

a donde puedas enterrar tu amor,

Tanais sin techo y amador sin savia,

hasta tu tumba, baladí rumor,

y arrastrarán al mar tu voz sin labia

las ondas que guardaron tu dolor.


72.HIPÓLITO Y FEDRA.


Ya te refugies en la negra hiedra,

barba musgosa del senil Nereo,

ya en el Averno, plutoniana seo

que al humano valor diezma y arredra,

ya te hagas cielo, tierra, viento, piedra,

te han de seguir, Hipólito, el deseo

y la ira, vengativos, de Teseo,

y la maldad de tu madrastra Fedra.

Más vale que la muerte, fría y seria,

te arranque de tu mundo de injusticia,

de iniquidad, de engaño, de miseria.

Tal vez Virbio, en la maternal caricia

de la dulce y sencilla ninfa Egeria,

seas feliz en la quietud de Aricia.


73.ACTEÓN Y SÉMELE.


Sigue llorando en tu eternal abismo,

de luces y de estrellas caravana,

tu insípido pasado y tu mañana,

tus voces sin palabras, tu idealismo.

Deshaz entre las ondas tu lirismo

del río en que aún se mira la tez grana

de Sémele, la amada de Diana,

y la verás y te verás tú mismo.

Tú eres el agua que la está bañando,

tú eres el sueño que la está durmiendo,

tú eres el aire que la está besando.

Ella, verdad, Acteón; tú, poesía,

pero te quiso, desdichado, huyendo

de la canina, sin piedad, porfía.


74.EUROPA Y JÚPITER.


Costas de nácar donde el mar desmaya,

Náyades lindas de inefable lloro,

noches de plata, amaneceres de oro:

hablad al mundo de un amor sin talla.

Decid que Europa, en la ondulante playa,

quedó prendada del gallardo toro

-hijo del Tiempo y amador sonoro-

nacido de la espuma que se acalla.

Narrad que, sin recato y sin pudor,

jinete en sus espaldas relucientes,

dejó raptarse la hija de Agenor,

que, no sabiendo de su ignota meta,

los labios de deseo, sonrientes,

dejó quererse en la remota Creta.


75.ERIGANIA Y MENELAO.


Oréadas del bosque y la montaña,

deidades del noctámbulo concento,

¡oh, Pléyadas!, espíritus del viento,

Náyades albas que la luna baña:

Os hablo yo, Erigania, cruel y extraña.

Talía no ha escuchado mi lamento,

Laquesis me ha negado su alimento...

Guardadme mi secreto en vuestra entraña

No tengo corazón, sólo su vaho

me está quemando, lacerando, el pecho,

tan vacuo que lo oprimo y no lo toco.

Me lo ha robado triste Menelao,

y su despecho, al fin, me lo ha deshecho

para matarme en vida poco a poco.


76.MELIBEA Y ALEXIS.


Cupido es del amor la inmensa cumbre.

Ningún mortal le negará su apego.

Todo furor lo extinguirá su fuego,

toda virtud la quemará su lumbre.

Aunque Artemisa la pureza encumbre

de Melibea, en incitante juego

con su pasión, su corazón, aún lego,

es ya ansiedad, deseo, incertidumbre.

Así lo ordene la impiedad paterna,

su impar virginidad, por siempre eterna,

no otro hombre la hollará; tan sólo Alexis.

De entre las garras de Plutón robada

por Afrodita y a su amado dada,

le sonreirá feliz, después, Laquesis.


77.TISBE Y PÍRAMO.


Despiertos aún de Píramo los ojos

-sangriento el velo entre su mano yerta-

clavaron su postrer mirada incierta

en los de asombro de su amada, flojos.

Y, prosternándose, lloró de hinojos

Tisbe, la imagen del varón, ya muerta,

que Eros dejó en su corazón abierta

la herida de un amor hecho de abrojos.

Cabe los muros del jardín que uniera

parcos amores y rencores viera,

frente a la fuente, sin fulgor, de Nino,

hendió la espada gélida en su pecho.

Sobre la hiedra, en eternal acecho,

dos vidas encauzaron su destino.


78.POMONA Y PICO.


Ave sin voz de vagaroso errar,

en otro tiempo juvenil mancebo,

que poseías el amor longevo

de la Pomona que trazó tu azar.

¡Oh, mírala, tristísima, llorar

tu ausencia en los crepúsculos de fuego

o en las mañanas cálidas de Febo,

o en las auroras de Eos, de azahar!

Pero ella -sílfide entre los trigales

que otrora fueron musical arrullo

a los soplos del viento, sensuales-

te prefirió, incorpóreo, en el olvido

antes que ser verdad, Pico sin nido,

ya en brazos de Vertumno, amante suyo.


79.ARTEMISA Y TITIO.


Alarde del rencor, odio infinito

en que la diosa Juno se recrea,

el pérfido varón de la Eubea,

Titio, en Panope, sordo al casto grito,

quiso hacer suya a Diana. Su delito

-baldón de la perversa hija de Rea

y digna de los vástagos de Gea-

atrajo a Apolo, morador en Pito.

Y la deidad del rubicundo pelo

-su hermana en el brutal abrazo risa-

rayos sus manos y sus ojos hielo,

aligerando su carcaj aprisa,

-dardo de muerte, rasgador del cielo-

mató al gigante y liberó a Artemisa.


80.ATIS Y CIBELES.


Por más que a tus pasiones te rebeles

por defender tu honor de diosa, caro

no has de negar que tu cariño avaro

impúsole a Atis sacrificios crueles.

Él, en sus bosques de ilusión, Cibeles,

te olvidó pronto y entregó su claro

y limpio amor a la hija de Sangaro,

joven y hermoso al fin, ansia de mieles.

Mas para serte fiel en su pureza

se mutiló y Thanatos intervino,

callada, con su muerte traicionera.

Tus lágrimas sinceras de tristeza

regaron su sepulcro y brioso pino

brotó al reverdecer la primavera.


81.FRIXO Y DEMODICE.


Juguete de su onírico deseo,

con la calumnia, Demodice quiso

que renunciara a su desprecio Frixo

por el carnal adúltero recreo.

Mas la mentira la creyó Creteo

y no pudo aceptar la acción sumiso,

como tampoco se mostró indeciso

en darle muerte a Hipólito Teseo.

Pero esta vez la infamia y el desdoro

no en el gentil lograron hacer mella,

ni a la inocencia le asustaron tramas,

que huyó de Jolcos en caballo de oro

para ofrendarle al Helesponto a Hella

el desdeñoso vástago de Atamas.


82.CLITA Y CÍCICO.


Fresca fontana que al dolor naciste

de lágrimas sinceras: aún palpita

entre las breñas el cantar que grita

ondas de luz en la tersura triste.

Deja que llore tu pasión y viste

con rimas la canción que el agua agita.

Que nadie y nada ignore lo que Clita

sintió la muerte de su esposo... Insiste.

Del argonauta afán el dolio presa,

halló la noche eterna en su ardua empresa

y, muerto, le lloró después su viuda,

buscando a Cícico en la eterna noche...

Fresca fontana: No te quedes muda...

Murmura, sempiterna, tu reproche.


83.AGAVEA Y BACO.


Tanto la quiso la deidad del Ida,

el nunca despreciado hijo de Rea

que, para amarla menos, fue Agavea

de una locura cruel enfebrecida.

Pero la hermosa, para amar nacida,

ansió después, cual suave Galatea,

el fruto de su hermana Semelea

y a Baco le ofrendó el alma y la vida.

¡Oh, Júpiter! ¡Oh, Venus! ¡Qué ventura

vivir queriendo y fenecer queriendo,

donándole al placer la juventud!

Amor sólo se da a la donosura

que, por ser joven se lo está pidiendo.

Jamás Eros llamó a la senectud.


84.IFIMEDIA Y NEPTUNO.


Parvo el tiempo en el río que la asedia

de la linfa, al pasar, tranquila y clara

-por mirarse la seda de su cara-

un espejo de plata hizo Ifimedia.

Un suspiro que el pecho no remedia

y una triste sonrisa en que se ampara,

blanda lágrima, perla que se azara,

lo conturbó, trazando su tragedia.

Ella busca pecados y perdones,

ella añora quereres y pasiones

que no encuentra en Alóo, parco y frío.

Quieren huir con el agua sus pesares

y Neptuno, que canta con el río,

la robó y la llevó a sus verdes mares.


85.IFTIMA Y MERCURIO.


Un día cruzarás, ansia de altura,

dardo del éter, la nimbada cima

del monte Olimpo y volarás encima

del bravo mar, en su inefable anchura..

Verás vestirse su cendal de albura

sobre las olas de cristal, a Iftima

y le hablarás de amor, como el que mima

recién nacida, a su feliz ventura.

Pluma en tus brazos de gentil augurio,

la tomarás -rubicundez su faz-

y, cabalgando en tu corcel de viento,,

la gozarás en tu pradal, Mercurio,

para alegrar la inalterable paz

con el triscar del Sátiro, contento.


86.TESEO Y HELENA.


Apenas flor brotada vehemente

del mundo sensitivo a la sonrisa,

su loco afán de amar creció deprisa,

siendo la dulce Helena adolescente.

Y supo cautivar, danza viviente

de nubes hostigadas por la brisa

-libélula en el templo de Artemisa-

la masculina, belicosa mente.

Tan linda la admiró, tan intangible,

en su vaivén etéreo, en su recreo,

que la raptó, no para hacer audible

sólo su goce, el varonil Teseo,

también para erigirla -en el plausible

rescate de los Dióscuros- trofeo.


87.ARIADNA Y TESEO.


Si un día en el que indagabas el por qué

de la ausencia de Amor en tu añoranza,

surgió, de entre la blanca lontananza

-con las naves del héroe- tu alma fe,

no preguntes al mar cómo se fue,

sin dejarle resquicio a la esperanza,

el amor de Teseo. La pujanza

de una nueva pasión le guió a Eglé.

No lamentes, Ariadna, su partida.

Deja que huya a soñados paraísos

con la dama que te infligió la herida.

Tú también viajarás con Dionisos

a la blanda región donde se olvida,

esclava de cariños más sumisos.


88.ALCINOE Y JANTO


Por negarle un salario que era suyo

a Nicandra, su fiel y dócil sierva,

le hizo presa de su rencor Minerva,

convirtiendo en pasión su magno orgullo.

Engañada por el falaz arrullo

-cantar de Janto que el amor enerva-

corrió tras él, cediendo sin reserva

su fe y su vida a un ser, sólo un murmullo

del mar, que se esfumó como un ensueño.

Abandonó a Anfíloco en su empeño

de amor falaz que al corazón corroe.

Contrita, deseosa de olvidar,

se arrojó a la vorágine del mar,

negra y gélida tumba de Alcinoe.


89.JÚPITER Y GARAMANTIS.


Humilla tu alta frente hasta la playa

y observa a Garamantis en la Libia,

blanca la carne que, en caricia tibia,

le seca el sol con su intangible toalla.

Invoca a Amor aunque su boca calla

y llama, ingenua, a la procaz Lascivia...

Ve tú, vidente Júpiter y alivia

su sed por el placer en que desmaya.

Demuéstrale al Olimpo de importunos

dioses, ¡oh, Zeus!, tu razón y enconos:

que no impidieron tus amores Junos,

ni a tus hazañas estorbaron Cronos.

Fileos digan, Barbas y Pilunnos

que, tu poder obrando, hallaste tronos.


90.PITIS Y PAN.


La ambicionaban: Impetuoso, el Viento,

manso, el Rumor del campo y la pradera;

Bóreas, locuaz, en su veloz carrera,

callado, Pan, en su infeliz lamento.

Ella adoró desde el primer momento

la soledad sin voces, placentera,

la calma de los bosques, flor sincera,

nacida para ser brisa y concento.

Y desdeñada por la furia, hostil,

habló en la noche la siringa gélida

-arbusto ya su amada, en la gentil

halda de Gea-.Junto al cruel barranco

-para el dios frigio pavorosa Élida-

a Pitis le insinuó su dolor franco.


91.TIRO Y POSEIDÓN


Cuando te ahogue el abrazo de Creteo

en las horas eternas del connubio,

sentirás que te ciñen, tierno efluvio,

otros brazos, hija de Salmoneo.

Besará tu desnudo el Enipeo

y la espuma hollará, manso diluvio,

Tiro, tu rostro de Nereida, rubio.

Poseidón vendrá a ti, como un Proteo

-pasión sólo en la calma nemorosa,

caricia en la corriente rumorosa,

ansia y amor en el solaz sin ruido-.

Y serás en los brazos de tu esposo,

no el incesto de Sísifo, morboso,

sí el placer de Neptuno, hecho Cupido.


92.CALIPSO Y ULISES.


Una vez lo verás venir, erecto,

en sus naves oscuras y tremendas,

por un mar de misterios y leyendas,

hasta tu isla de Ogigia, Ulises recto.

El varón de la Grecia predilecto

-del troyano aquelarre en las horrendas

batallas transformado- en sus ofrendas

dulces de amor, se ganará tu afecto.

Gozarás en siete años siete días,

que el placer es más breve que el dolor,

y, otra vez, la penuria y la tiniebla,

Calipso, engendrarán monotonías

en tu aburrida soledad de amor,

niebla la nave en la marina niebla.


93.PASIFAE Y EL TORO DE CRETA.


En la calígine del mar de Creta,

de entre la espuma de cristal y plata,

creó Neptuno, en su potencia innata,

de un toro la traslúcida silueta,

para que Minos, en su pira inquieta,

su hermosa estampa le ofrendara intacta,

pero creyéndola una acción ingrata

quemó otra res en mutación secreta.

Y Poseidón, para vengar la afrenta,

mandó a su esposa Pasifae violenta

pasión por el astado, tal pasión

que -Athor extraña en su piel de ternera-

quiso hacer real su lujuriosa acción,

sintiéndose feliz junto a la fiera.


94.HIPODAMIA Y PÉLOPE.


Ya condenes a eterno celibato

a la dulce Hipodamia, ya poseas

los caballos de Bóreas, no te creas

que venciste a tu azar funesto e ingrato.

Ya Capeto, Aristómaco o Alcato

yazgan tristes de amores y peleas,

ya a otros Acrias les pese sus ideas

de vencerte, su mal será tu ornato.

Porque un día la fuerza del amor

de Pélope, en el pecho hallará asilo

y arderá en el volcán de su vigor,

¡oh, Enómao!, la patraña de Mirtilo,

para que, libres de tu asaz temor,

gocen dos almas el placer tranquilo.


95.EVADNE Y CAPANEO.


Esas que lloran, lágrimas de fuego,

suspiros son de Evadne, nunca fosa,

lamento de un amor que no reposa,

humo serán después, ceniza luego.

Esa hoguera, del dios Zeus reniego,

no es pira horrenda, tumba silenciosa,

del bravo Capaneo o de su esposa;

es un himno al amor, una oda, un ruego.

Y esas llamas, ingrávidas volutas,

que se elevan sinceras hacia el cielo,

trazadoras de rumbos y de rutas,

son mensajes que envía, confundido

con su asaz crepitar, su leve vuelo,

al Olimpo de Júpiter, Cupido.


96.CORE Y PLUTÓN.


Yo, Helios, que de luz el orbe iriso,

Deméter, te diré de tu hija amada:

Entre flores y ninfas, confiada,

la flor -perfume eterno- de Narciso

arrancara su mano. Tiche quiso

que la Tierra, en venganza, desgarrada,

abriérase y, por Hades, trasladada

se viera, no al Averno, a un paraíso.

No busques más a Core, diosa Ceres,

sosiega tu cansado corazón,

no llores...Calma tu ira repentina.

Hoy es la más feliz de las mujeres,

que en el lóbrego reino de Plutón

se ha mutado en la reina Proserpina.


97.NICTIMENA Y EPOPEO.


¡Cuántas horas te hiciste exantropía!

¡Cuántos días dolor y cuántos pena

-apasionada émula de Helena-

por tu lascivia incestuosa e impía!

Que fue tu mismo padre el que latía

dentro del pecho tuyo, Nictimena,

no sólo lo creó tu mente obscena,

que Eros también tus ansias acrecía.

Mas síguele queriendo. No te importe

pensar que no será jamás consorte

de tu pasión el lánguido Epopeo

Recuérdalo en la umbría que te ciega,

en la sombra eternal de tu recreo,

¡oh, ave vagarosa, nocherniega!


98.MELANIPA Y NEPTUNO.


En cárcel de silencios chilladores

-sombra y dolor en que su amor se anega-

clama a Neptuno Melanipa, ciega...

Ciego vivir fue su vivir de amores.

Quejas llorando nacerán favores,

que no su oculto esposo dichas niega

a la mujer que en generosa entrega

le dio su cuerpo en días turbadores.

Pastores salvarán el fruto habido

de su secreta unión -aun a despecho

de Eolo, por las Furias poseído-.

Y no serán frontera sus enojos

para que el dios del mar consuma el hecho

de dar la luz a sus caducos ojos.


99.ACAMAS Y LAODICEA.


Infatigable buscador de famas,

prez y jalón del adalid Teseo:

Si Helena fue ya para ti deseo,

te halló el Amor en las troyanas llamas.

Tímida y leve entre mil bellas damas

ansiaste a Laodicea en tu Himeneo

y el dios te la ofrendó como trofeo

de tu victoria, afortunado Acamas.

En las noches de Troya, pavorosas,

sobre las vísceras despedazadas

por el furor de Marte, entre las fosas

-lechos de soledad, ay, del vencido-

para ti, dichas nuevas no alcanzadas,

surgió la faz invicta de Cupido.


100.DIDO Y ENEAS.


Desde la Troya, navegante olido

en sus trirremes de ampulosas popas,

buscó el descanso a sus pertrechas tropas

en las costas del África, rendido.

Enamorada de su huésped, Dido,

no la curaron espumosas copas

ni músicas románticas de Iopas

en ágape de fe al barbián vencido.

En holocausto a su pasión morbosa

diera al gentil, por quien su amor suspira,

su cuerpo, sólo hollado por preseas.

¡Qué gran amor el que su amor rebosa,

el que prefiere a la ansiedad la pira,

en el confín azul perdido Eneas!








OBRA POÉTICA ESCRITA EN 1957-1958










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