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LOS CAMINOS DE LA SOLEDAD JEGARPE

y un ritmo silábico























































ISBN:978-1-291-75931-0


Ley de la Propiedad Intelectual:

Registro Nº AB-31-2014

Nº de asiento registral 00/2014/1159






















LOS CAMINOS

DE LA SOLEDAD(I)























OBRA POÉTICA

ORIGINAL DE

JERÓNIMO GARCÍA PÉREZ

JEGARPE






P R Ó L O G O (2014)


LOS CAMINOS DE LA SOLEDAD es un libro de poemas que escribí durante un año transcurrido desde noviembre de 1999 hasta noviembre de 2000. Se trata de un extenso libro de poemas que contiene 205 composiciones a lo largo de las 274 páginas de que consta el manuscrito original que conservo en mi biblioteca, caligrafiado cuidadosamente e ilustrado con un gran número de fotografías de la época, que yo mismo obtuve. Es, pues, como una pequeña autobiografía que abarca el tramo de 366 días – el año 2000 fue bisiesto – que me propuse emplear para la terminación del libro.


El verso empleado para la realización de este diario – como así puede llamársele – es un verso libre de rima. Solamente he aplicado para su construcción una métrica sencilla y un ritmo silábico, que ya utilicé en otros libros anteriores. Pero, tras la muerte de mi padre acaecida en enero de 1999, a quien tuve que dedicarme obligadamente, tras su larga enfermedad, aproveché los primeros años de mi jubilación, para viajar. Gran parte de los poemas que compuse por entonces son consecuencia de estos viajes plasmados en unos versos viajeros como yo los llamo y que ocupan una gran extensión del presente libro. Los demás son versos personales, íntimos, cuyo exposición no he querido acallar y así constan tal y como los escribí También he extraído del manuscrito varias fotografías a las que he aludido antes, que figuran en él, para trasladarlas al presente poemario.


Hoy, día 22 de Febrero de 2014, cuando cumplo 79 años de edad, os invito a la lectura de este sencillo diario en el que mis sentimientos, ideas y reflexiones, pueden ser los vuestros y puede que se abran también a vuestra sensibilidad.


Albacete, 22 de Febrero de 2014.



NOTA IMPORTANTE:


Con el propósito de no hacer más extenso el contenido del presente libro he desestimado –y por ello, excluido.-. cerca de cien poemas que forman parte del manuscrito original, repartiendo los demás en cuatro grupos que son cuatro libros por separado con el mismo título: LOS CAMINOS DE LA SOLEDAD I, II, III y IV


ALBACETE, 1 MARZO 2017






INTRODUCCIÓN.





Cumplidos ya los sesenta y cinco años de edad los horizontes de la vida humana se estrechan. Las ilusiones y las esperanzas que impulsaron el corazón se han ido desvaneciendo poco a poco y sólo nos quedan, los recuerdos. El camino que nos resta por recorrer está plagado de dificultades y de temores. Nos faltan ya los padres, los amigos, los compañeros, todos aquéllos que formaron parte de nuestros mejores tiempos, de nuestra

juventud. Y nos vamos quedando solos a medida que vamos envejeciendo.






Yo, sumido ya en mi forzada jubilación, pretendo distraer mis horas de ocio en medio de una nociva inercia que me conduce por caminos que no quisiera recorrer y a la que opongo tenazmente una férrea voluntad que no siempre consigue imponerse. Los días transcurren para mí paradójicamente largos y breves. Pero mientras Dios me dé fuerzas seguiré caminando, viajando y conduciendo mi propio automóvil porque esto me proporciona seguridad en mí mismo y me libera de tantas servidumbres a las que se aferra la vejez. Me aterra la idea de que alguna vez me venza la abulia, de que me falten las fuerzas, de que ya no pueda caminar, de que me sienta enfermo. En 1975 escribí lo siguiente: “Yo no quisiera ser como este árbol del camino, añoso, viejo, torcido. Me aterra sólo pensarlo. Yo no quisiera arraigar nunca, nunca, en el camino. Echar raíces es como morir un poco cada día... Yo necesito el ala del ave, las bridas del viento, las ondas del agua...” He vuelto a encontrarme con este árbol del camino, que aún se mantiene en pie y, llevado de las ideas anteriores, le he dedicado uno de los poemas que incluyo en el presente libro.


Mi vida actual, salvo alguna salida por la provincia cuando el tiempo lo aconseja o una gira mayor cuando llega el verano, se reduce a caminar por la ciudad o por los alrededores, por consejo médico, para aminorar esos niveles altos de colesterol y de azúcar, tan habituales en esta edad. Lo hago complacido porque me gusta hacerlo y porque, además, me permite llevar a cabo al mismo tiempo otra de mis aficiones favoritas: escribir. Siempre llevo en uno de los bolsillos de mi camisa un pequeño bloc y un bolígrafo en los que voy consignando las ideas que me surgen durante la caminata.


Así, de esta forma, han ido naciendo los poemas que conforman el presente volumen. Son poemas sencillos, en los que he sacrificado la rima en detrimento de un ritmo silábico.





Una vez más los he expuesto en forma de diario, y, como en ocasiones anteriores, son composiciones intimistas en las que se advierte un exacerbado individualismo del que no he sabido

desprenderme, acaso por la influencia de esta compañera inseparable que es mi acendrada soledad.


LOS CAMINOS DE LA SOLEDAD es el testimonio escrito de estas jornadas andariegas, de estos paseos matinales, intrascendentes, en los que recuerdos del pasado, ideas y momentos surgidos espontáneamente, sentimientos y sueños que han ido llenando de esperanzas mi caduco corazón, se van alternando a lo largo del año que yo mismo me impuse como plazo para terminar este poemario.


Como es costumbre en mí escribo esta INTRODUCCIÓN unos meses antes de concluir estos trabajos literarios.


Albacete, 22 de Mayo de 2000.

























AL CAER LA TARDE.


Hoy he venido Afuera se empurpura

después de muchos años, la atardecida.

a ver morir la tarde Lejanos, llegan,

en este rincón íntimo amortiguados,

del viejo restaurante los sones sordos de la carretera.

bañado de sol suave del otoño.

Sobre la mesa velador humea, Y el alma,

caliente todavía, ya sin obligaciones

la taza de café. y sola por costumbre

Los pájaros gorjean se me adormece, lenta,

en la enramada. en el regazo de la tarde caída.


1 Noviembre 1999.

Día de Todos los Santos.


EN EL PARQUE.


Atardece.

Ya hay un halo de tristura en la arboleda.

Verdes viejos de los limbos

























Hojas mustias, amarillas, de los plátanos.

Avenidas solitarias, alfombradas de hojarasca.

Sinfonía de estorninos escondidos.

Barbotar de un surtidor en la distancia...


¡Cuántos sueños en el parque!

¡Cuántos sueños de mi infancia

sepultados para siempre entre las frondas!

¡Cuántos versos ya dormidos!

¡Cuánta luz en sus penumbras!

¡Cuánta fe recién nacida en sus silencios!


Atardece.

Tengo que irme y no quisiera...

Me retienen los recuerdos...

¡Cuánto duelen!

¡Cuánto duelen los recuerdos!


3 Noviembre


NO HAY NADA.




Camino sin rumbo. Camino despacio.

Lo tengo hecho todo. Voy solo.

Silencios del día... Afuera, la luz y la vida,

que ya no me llaman como antes...

Afuera me hiere la vida que late,

me ciegan las luces del mundo. Adentro

no hay nada.

Y adentro no hay nada. Tan sólo recuerdos, amores

Tan sólo recuerdos perdidos, y sueños,

amores fugaces que hacen aun más honda

y sueños frustrados... la sima sin fondo de mi ansia,

Recuerdos, amores y sueños la noche del alma.

que dejan un poso

de amarga dulzura en el alma. 4 Noviembre.



¡CUÁNTO TE QUISE!


Pasé a tu lado pero fingiste no conocerme,

mujer... ¡Qué importa!


Pasan los años

y con los años las amistades que nos unieron,

las ilusiones que nos hicieron ayer mejores.




Pero se han ido ya tantos años,

mujer... ¡Te quise!

¡Nunca supiste cuánto te quise!

Te amé en silencio.

Fuiste la luz de mis noches solas,

la musa amable de mis primeros versos ardientes.


Pasé a tu lado...

Miré tu cara

llena de arrugas,

tus ojos tristes…

Y una agridulce desesperanza erizó mis carnes,

heló mi sangre.


El tiempo puede con nuestras vidas,

lo cambia todo,

nos hace viejos...


Hubiera sido mejor no verte,

guardar muy hondo, en el pecho, viva,

la bella imagen de los recuerdos.


6 Noviembre.


SOL DE OTOÑO.


La mañana de noviembre es clara y fría.

Luce intenso un sol radiante

por un cielo puro y limpio.

La llanura macilenta,

los caminos ocredosos,

los sembrados verdeantes

van llenándome de calma

y animándome el espíritu...


¡Sol bendito!

¡Sol bendito del otoño de los llanos

que redimes la tristeza de mi alma,

que me vas poniendo un poco de alegría,



de contento,

de dulzura, en este viejo corazón,

maltratado,

malherido por las penas,

angustiado

y anegado de renuncias!


¡Sol bendito de noviembre!

¡Sol de otoño!

¡Sol del alma!

8 Noviembre.


EL PINAR.


Este viejo pinar, tan conocido

por mí, tan frecuentado en otros tiempos,

¡cuánto ha cambiado!

Solía visitarlo

cuando en las largas horas del estío

o en las lánguidas tardes del invierno,

aún con el trajín vertiginoso

y obseso de la escuela

sonándome en los oídos,

hiriéndome, embotándome la mente,

buscaba un poco de solaz y calma

lejos de la urbe,

en el pinar tranquilo y solitario...

Allí nacieron,

sencillos, acunados

por la imprecisa luz de los crepúsculos,

algunos de mis versos preferidos...

Hoy, el lugar es un estercolero,

lleno de escoria,

nido de hedores,

comido de basuras.

Me he ido de allí, apenado, dolorido,

con el propósito

de no volver ya nunca.


Otra puerta cerrada a los recuerdos.

22 Noviembre.


VOLUNTAD DORMIDA.


Se me ha dormido

la voluntad

en el regazo de la alta tarde.


Vedla flotando, leve y fugaz,

sobre la nube rosada y frágil

que viene y va

sobre la recta del horizonte de la llanura,

sobre la augusta solemnidad

del campo abierto, yerto, impregnado

de sobriedad.

Que no despierte.

Dejadla en paz,

libre, en su sueño indoloro y blando,

dejadla a solas, allí, soñar,

que mientras sueña

no me la daña la soledad.

2 Diciembre.


LOREN.


A Lorenza, que, en los postreros años de mi madre, ya enferma de gravedad, la ayudó en las faenas de la casa, siendo, más que sirvienta, su mejor amiga.


Hoy he sabido de tu muerte, Loren,

y la he sentido como mía propia

porque algo se me desmorona adentro

sabiendo que no estás ya entre nosotros,

entre los que quedamos todavía

en este valle de amargura y muerte.


He querido sentirte en estos versos

sencillos, torpemente improvisados,

sentir tu corazón, no tan dañado

por la cruel enfermedad aleve

que te ha vencido al fin sino por tantas

incomprensiones, tantos abandonos,

tantos olvidos de que fuiste objeto.



Años sesenta y tantos. Albacete.

Aún vivía mi madre, muy enferma,

que tuvo en ti su amiga más querida.

Fuiste sus manos y sus pies. Llorabas

si ella lloraba, subrepticiamente.

Sufrías con su sufrimiento.

La aupabas, la vestías, la lavabas...

Mi madre tuvo suerte con tenerte.

Nadie mejor que tú lo hubiera hecho.


Por todo, Loren, desde aquí, desde este

rincón humilde en el que sueño y amo,

quiero ofrendarte, con la pobre rima

de mi poema franco, incontenido,

nacido de lo más hondo del alma,

todo el cariño que tu amor merece,

todo el amor que no supimos darte.

9 Diciembre.


LA CAFETERÍA


A través del ventanal

veo el rostro de la noche decembrina.

Los neones iluminan la avenida

con sus guiños de color.

El murmullo de la fuente de la plaza,

la afluencia de los coches

y el bullicio de las gentes,

amenizan el lugar.

Oigo afuera el golpeteo de los toldos,

impelidos por un viento pertinaz.


Hace tiempo, a la salida de la escuela,

terminada la jornada,

me gustaba guarecerme

de los fríos del invierno albaceteño,

buscando en el calor amable de la cafetería

ese instante de solaz

que me asaltaba en las tardes

presididas por el tedio.



Y fluyeron de mi mente cien poemas

por entonces, al socaire de una taza

de café,

arrullado, tantas veces,

por la lluvia o por el viento

que azotaban los cristales.


A través del ventanal

veo el rostro de la noche de diciembre,

las siluetas verdioscuras

de los dos altos cipreses centinelas,

en el centro de la plaza...


CANSANCIO.


Almería.

Rambla abajo,

con la tarde ya caída

y el amable cabrilleo de los arcos navideños,

voy andando sin un rumbo decidido.

La cabeza me da vueltas todavía:

Carretera interminable,

sol intenso que me ciega la mirada,

horizontes descarnados,

cielo yerto, solitario...


Voy andando

con la noche ya caída:

Casco antiguo,

Alcazaba que se aboca en cada esquina,

Catedral, callejas pinas...

Y la plaza de Purchena,

castigada de mil ruidos...


El cansancio pone tedios en el alma

y obnubila el sentimiento...

Voy andando sin un rumbo definido.


Almería..18 Diciembre.


EL MAR


Deshace en espumas y en olas Me llena

su ignota leyenda de siglos de paz,

el mar. pensar que mi origen de hombre

surgió de los senos profundos

Aquí, en el roquedo, del mar

restalla su recio, su viejo formado a capricho de lamas

cantar. y sal,

errante viajero en un mundo

La estela de espuma sin metas ni rumbo

que besa la arena, ni edad...

las olas que vienen

y van. Y mientras

delante de mí, se deshace en espumas

El ronco sonido del agua y en olas

que rompe el silencio del grato el mar.

lugar.

Costa granadina.19 Diciembre.



EN EL PUERTO.


La luna llena,

grande, amarilla,

se mira ya

sobre las aguas negras del puerto,

sobre las yermas, peladas sierras

de más allá.



Sobre el acervo

de las terrazas escalonadas

del barrio típico de la Chanca

se ven los muros iluminados

de la Alcazaba

monumental.


De lejos llegan,

amortiguados por la distancia,

los sones varios, el movimiento

de la ciudad,

como un preludio

de Navidad.


Almería.


20 Diciembre
.


MELANCOLÍA.


La mañana esplendorosa de diciembre,

la serena puridad de un cielo inmenso

y el azul de un mar en calma,

no han podido desterrar de mi alma sola

la mortal melancolía

que ha venido a despertarme al nuevo día.


Berja, Ugíjar.

Fulgor de las Alpujarras.

Pueblos blancos, soledosos,



contrastando con el ocre de la sierra,

derramándose a raudales

por las áridas laderas

de la agraz Sierra Nevada,

coronada por las nieves sempiternas

de las crestas del Veleta...


Todo, todo va aumentándome la pena

que ha hecho mella en mi viajero corazón:

Carretera,

mar y cielo,

sol y cumbres...

Alpujarras.


Almería

22 Diciembre


DOS INSTANTÁNEAS.



1ª. CABO DE GATA. 2ª. MOJÁCAR.


La carretera trepa Destellando de alburas,

por los escarpes ciega de cal,

rocosos de la sierra. de un lado sequedales,

Ruge delante, del otro, el mar,

detrás, abajo, sonrisa larga

la mar enfurecida, de la naturaleza,

conforme paso. se alza Mojácar.


Águilas. De regreso23 Diciembre.





EVOCACIÓN NAVIDEÑA.


Eran los años del cuarenta y tantos...

Años de la posguerra,

difíciles y duros.


Recuerdo de mi infancia tan lejana,

de mi niñez perdida para siempre,

los fríos del invierno de Albacete

- brasero de picón, mesa camilla,

calles sin luz, oscuras -

en unos tiempos de mortal penuria,

de sórdida escasez, de la posguerra.


Las alas del recuerdo

me llevan a una noche de diciembre.

Nieva abundantemente. Es Nochebuena.

Vieja capilla de los Franciscanos.

Yo, aún un niño en ciernes,

formaba parte de un coro infantil

que cantaba las flores a María

cuando llegaba mayo

u ofrendaba sus cánticos y loas

al Todopoderoso, al Niño Dios,

en los días de Pascua.

Nuestras voces agudas, atipladas,

sonaban en la iglesia

al son de un viejo armonio:



“Cantemos al Amor de los amores,

cantemos al Señor.”


Y hasta aquí llegan y se me eternizan,

con fuerza, los recuerdos.

Afuera va acreciendo

la algarabía de la gente, el son

alegre y vivo de los villancicos.

Nochebuena de 1999.


SUEÑO DE AMOR.


Te soñé hace tiempo,

cuando yo era joven,

cuando florecían

dulces primaveras

en mis manos frías,

cuando yo inventaba

mundos sólo míos,

sólo de los dos,

cuando le buscaba

mágicos caminos

a mi soledad,

pero en mi almo sueño

te encontrabas lejos,

te desvanecías

como una ilusión

vana, fugitiva.

Yo iba en pos de ti,

te tendía, ansioso,

mis desnudas manos,

pero no encontraba

sino vaciedad

que hacía más hondas

las simas oscuras

de mi soledad...

Los dos no cupimos

en el mismo sueño,

que era un sueño vano

que jamás hubiera

querido soñar.

26 Diciembre.


¿QUÉ SE HIZO DE MI FE?


¿Qué se hizo de mi fe de juventud,

la fe que me hizo amar

un mundo no creado para mí,

que me hizo pervivir

en medio de una hostil adversidad,

la fe con que forjé

la esencia de mi propia soledad?


¿Qué se hizo de mi fe de juventud,

la fe que porfió

consigo misma, con mi corazón,

que se iba haciendo verso al caminar,

mi fe sin Dios que iba buscando a Dios

con ansia, en mi sentir

de vate vagabundo y trovador?

¿Qué se hizo de mi fe de juventud?

¿Qué se hizo de mi fe?


31 Diciembre.

Final de siglo y de milenio.


LA ALDEHUELA.


El sol extraordinario de la tarde

serena se ha ocultado poco a poco,

detrás del montezuelo

que da sombra a la aldea.


Los muros encalados de la iglesia

y el empinado

camino que se pierde en la distancia

grisean ya en la lumbre

confusa del crepúsculo.

Al otro lado se abre

la calle principal de la aldehuela,

sumida en un silencio sepulcral

tan sólo mancillado



por el rumor de una fontana oculta

o el bronco y esporádico ladrido

de un perro solitario.


Las ramas de unos árboles desnudos,

igual que dedos

abiertos y crispados,

arañan las alturas desoladas

de un cielo empurpurado.


Cilleruelo (Masegoso) 1 Enero 2000.


LA CHICA DE LA CAFETERÍA.


Sus ojos azules

me han mirado fijos.

Es joven y hermosa como una nereida

salida del mar.

Pantalón y suéter negros, ajustados,

cola de caballo,

manos adornadas de pulseras, blancas.


Va de un lado a otro

tras el mostrador.

Sus ojos azules

me han mirado fijos

y he notado al verlos

un irreverente gesto quinceañero,

un grito triunfal

de su lozanía,

un grito alevoso, cruel, de su pujanza.


La sonrisa ausente de sus labios frescos,

la silueta esbelta,

su aire sensual

y el azul intenso, dulce, de sus ojos,

me han dejado inerme

y han desarbolado

los más viejos, hondos, puros sentimientos

de mi corazón. 3 Enero.



TARDE NEBLINOSA.


La niebla persistente durante todo el día

me ha ido encogiendo el ánimo.

Me siento aislado, solo, en su seno circunfuso,

caliginoso, incierto.

Es como una indolora prisión, sin luz, sin rejas,

como un cáncer adáctilo,

que va durmiendo leve y pugnaz el sentimiento,

que va anegando el alma de una serena abulia,

que lastra los sentidos...



Flotando, tras la niebla,

se ven pasar las gentes, como fantasmas vanos,

y horadan sus entrañas de blancos, amarillos

y rojos resplandores

los faros de los coches,

los vivos fluorescentes

y las alineadas farolas del paseo.

5 Enero.


MUSA ONÍRICA.


En otro tiempo fuiste

la musa generosa de mis sueños.

Yo era tu caballero en corcel blanco,


valiente vencedor de mil batallas,

barbián afortunado.


Me amabas sin remedio,

sin que pudieran impedirlo trabas.

Y yo, radiante Apolo,

me aproximaba a ti, seguro, fuerte,

te poseía dulce,

suave, calladamente.

Y tú te me entregabas

entera, sensual, sin un reproche,

poniendo el corazón, el alma toda,

e
n aras de un orgasmo consentido.


Y así, en mis horas solas,

dañado de mortal melancolía,

un día y otro día,

yo iba a buscarte en la blandura onírica

de mis sutiles sueños.

Me convertía entonces

en ese caballero afortunado,

dueño exclusivo de tus sentimientos,

señor de tus amores.

Y tú te me ofrecías

doncella ayuna de placer, esclava

de un ansia desmedida.

Y yo te poseía

de nuevo, dulcemente, suavemente...





En otro tiempo fuiste

la musa generosa de mis sueños.

Acaso te amé en ellos

o acaso yo me amé a mí mismo amándote.

10 Enero.


ESTE MIEDO.


Este miedo

que se acuesta, fiel, conmigo,

que comparte el mismo lecho,

junto a mí,

que me mira incompasivo

desde el fondo de la estancia

cuando nace un nuevo día,

que me sigue a todas horas, que camina

tras de mí,

que me muestra su semblante

más hostil,















que se ensaña

contra mí,

este miedo que atenaza los sentidos

por las horas que se marchan y no vuelven,

este miedo

por morir,

este miedo por las pocas esperanzas que no llegan,



por las muchas ilusiones ya perdidas,

por las cosas que he tenido y no he tenido,

este miedo que me aherroja,

que me carga de grilletes,

este miedo

por vivir,

ha lastrado mis antiguos sentimientos,

mis proyectos de futuro,

mis creencias, mis anhelos,

mi sentir

y las ansias que hay en mí,

y los sueños que aún me quedan.


13 Enero.















DÍA DE SAN ANTÓN.


Hoy me he llegado en uno

de mis paseos consuetudinarios

hasta la Residencia

de Ancianos San Antón.

Ofrece el mismo aspecto de otros años:

Gentes que van y vienen

cargadas de animales,

puestos de fruslerías, tenderetes

polícromos de varia mercancía,

capilla recogida

del Santo. Luz. Color.


De pronto se han venido a la memoria

recuerdos de mi infancia:

Desnudos extrarradios

de la ciudad entonces,

caminos polvorientos, hortezuelas,

refugios de la guerra abandonados

bajo un suelo gredoso,

chabolas miserables

y cuevas castigadas de aire y sol.


Allí, en aquel ambiente,

se alzaba el viejo asilo,

ya derruido, para dar cabida

a la moderna Residencia de hoy,

pero aún queda la imagen

que no ha logrado desterrar el tiempo:

la ermita, de pequeñas dimensiones,

con su crestado pico, sus angostas

ventanas, su portón

vetusto y herrumbroso,

los muros desgastados de los patios

tras los cuales estaban las estancias

humildes, los pasillos,

los largos corredores...y el salón,

aquel salón oscuro

poblado de altas sillas

en el que se reunían los ancianos,

con sus ojillos tristes,

sus manos temblorosas,

sus caras arrugadas;

ellos con su blusón,

su pantalón de pana,

sus zapatillas nuevas y su gorra,

y ellas con su ampulosa falda larga,

su negro pañolón

cubriendo la cabeza y su toquilla...


Y hasta aquí llega el pensamiento mío,

la voz lejana de mi evocación.


17 Enero.



PÉRDIDA.


Corren rápidos los días

del invierno duro y largo de Albacete,

castigados

de rocíos y de escarchas y de nieblas

y
con ellos se me marchan

esas pocas ilusiones,

esos sueños que aún perviven

en el fondo de mi alma,

ese espíritu de brega

que ha luchado bravamente

contra el viento de la vida,

que ha cantado verso a verso

los más puros sentimientos,

con su voz desheredada

de poeta y vagabundo.


20 Enero.


TARDE DECLINADA.


Tras del enrejado

que forman los troncos rectos de los pinos

se acaba la tarde.



Luce un sol lejano, grande, tamizado

por las altas ramas.

Los celajes limpios

cambian su azul puro por rosados suaves

y los horizontes

van difuminándose en un ancho lecho

de confusas sombras.



Sigiloso, leve,

se me evade mi otro doble aventurero,

mi otro yo viajero,

para reencontrarse

en la amable y dulce tarde declinada.


27 Enero.


ALARCÓN.


Un gélido viento fustiga

la fría mañana de enero.

Hay costras de hielo en los charcos

y el barro que cubre los campos

está endurecido.


Delante de mí se despliega Alarcón,

sobre un promontorio.


Enfrente

- magnífica proa elegante -

la torre del viejo castillo,



señera, actual Parador.

Más lejos, las torres doradas

de sol de sus cinco parroquias.


Ciñéndose al pueblo,

la antigua muralla.


Y abajo,

la curva anchurosa del Júcar.

Aquí y acullá, salpicando

las grises laderas,

alguna atalaya perdida,

de tiempos feudales,

y algún arco abriéndose al pie del camino

que lleva a la villa.


He subido al pueblo

y he curioseado

por las solitarias y desnudas calles,

a pesar del frío


Alarcón. 23 Enero.




EFLUVIOS DE LA INFANCIA.


Mis primeras correrías infantiles

transcurrieron en la calle del Rosario:

Calle Onésimo Redondo,

vecindario del cuartel de Infantería,

Franciscanos,

Parque próximo, Colonia de Morato,

Sanatorio del Rosario,

descampados, hortezuelas, extramuros,

carretera,

y, por último, el Fielato...

Más allá, tierras desnudas,

vastos campos,

secarrales polvorientos, dilatados...



Estos fueron los dominios

de mis niñas aventuras,

los que hicieron placentera

mi lejana y mansa infancia,

los que vienen

a turbar mi pensamiento,

con sus alas invisibles,

con sus cálidos efluvios imposibles,

en el suave claroscuro de la tarde.


29 Enero.


NO SÉ CUÁNDO.


Voy andando un camino

de soledad

sin saber cuándo y dónde

se acabará.


Busco un sueño perdido

que ayer soñé;

no sé cuándo ni dónde

lo encontraré.


La esperanza que espero,

si ha de venir,

no sé cuándo ni cómo

vendrá hasta mí.


Voy rociando de aromas Voy errátil en busca

el corazón de un haz de luz,

sin saber cómo y cuándo no sé a dónde ni cómo…

vendrá el amor. buscándote aún aún.

31 Enero


EN LAS LAGUNAS.


La espléndida y benigna mañana de febrero

se mira en el espejo sereno de las aguas.



Las copas verdinegras

de las encinas romas, de los altivos pinos,

se miran invertidas

sobre la superficie de la laguna, tersa,

trazando una simétrica

cenefa en la tranquila

quietud del agua azul.

Las ramas descarnadas

de los caducifolios

arañan las alturas espléndidas y nítidas

de un cielo añil, sin nubes.














El místico silencio,

la calma circundante,

tan sólo interrumpidos

por el insuave y ronco cantar de algún palmípedo,

ponen su acento mágico,

su nota discordante,

su halo misterioso, sutil, en la benigna

mañana de febrero.


Lagunas de Ruidera.

3 Febrero.









CUANDO LLEGUEN...


Cuando me lleguen los días áureos

y venturosos

que espera el alma,


como un maná salvador y célico,

que la redima

de las pasadas horas inanes,

cuando se vengan los días buenos

que intuye el alma,

cuando las zarzas y los espinos

se tornen flores,

cuando la luz de una primavera nunca soñada da

por mí se instale en mi corazón

y sustituya a la oscuridad de mis anchas noches,

cuando mis manos solas y frías

se abran ansiosas

y abarquen sólo los rayos suaves de un sol inédito

gritaré a todos

para que me oigan:

“¡Yo soy, yo vivo, yo siento, yo amo!”


5 Febrero.









Continúa en LOS CAMINOS DE LA SOLEDAD II

















































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