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LOS CAMINOS DE LA SOLEDAD JEGARPE



























































Ley de la Propiedad Intelectual:

Registro Nº AB-31-2014

Nº de asiento registral 00/2014/1159






















LOS CAMINOS

DE LA SOLEDAD(II)























OBRA POÉTICA

ORIGINAL DE

JERÓNIMO GARCÍA PÉREZ

JEGARPE





P R Ó L O G O (2014)


LOS CAMINOS DE LA SOLEDAD es un libro de poemas que escribí durante un año transcurrido desde noviembre de 1999 hasta noviembre de 2000. Se trata de un extenso libro de poemas que contiene 205 composiciones a lo largo de las 274 páginas de que consta el manuscrito original que conservo en mi biblioteca, caligrafiado cuidadosamente e ilustrado con un gran número de fotografías de la época, que yo mismo obtuve. Es, pues, como una pequeña autobiografía que abarca el tramo de 366 días – el año 2000 fue bisiesto – que me propuse emplear para la terminación del libro.


El verso empleado para la realización de este diario – como así puede llamársele – es un verso libre de rima. Solamente he aplicado para su construcción una métrica sencilla y un ritmo silábico, que ya utilicé en otros libros anteriores. Pero, tras la muerte de mi padre acaecida en enero de 1999, a quien tuve que dedicarme obligadamente, tras su larga enfermedad, aproveché los primeros años de mi jubilación, para viajar. Gran parte de los poemas que compuse por entonces son consecuencia de estos viajes plasmados en unos versos viajeros como yo los llamo y que ocupan una gran extensión del presente libro. Los demás son versos personales, íntimos, cuyo exposición no he querido acallar y así constan tal y como los escribí También he extraído del manuscrito varias fotografías a las que he aludido antes, que figuran en él, para trasladarlas al presente poemario.


Hoy, día 22 de Febrero de 2014, cuando cumplo 79 años de edad, os invito a la lectura de este sencillo diario en el que mis sentimientos, ideas y reflexiones, pueden ser los vuestros y puede que se abran también a vuestra sensibilidad.


Albacete, 22 de Febrero de 2014.


NOTA FINAL


Con el propósito de no hacer más extenso el contenido del presente libro he desestimado –y por ello, excluido.-. cerca de cien poemas que forman parte del manuscrito original, repartiendo los demás en cuatro gruposque son cuatro libros por separado con el mismo título: LOS CAMINOS DE LA SOLEDAD I, II, III y IV

El autor.


ALBACETE, 1 MARZO 2017





INTRODUCCIÓN.





Cumplidos ya los sesenta y cinco años de edad los horizontes de la vida humana se estrechan. Las ilusiones y las esperanzas que impulsaron el corazón se han ido desvaneciendo poco a poco y sólo nos quedan, los recuerdos. El camino que nos resta por recorrer está plagado de dificultades y de temores. Nos faltan ya los padres, los amigos, los compañeros, todos aquéllos que formaron parte de nuestros mejores tiempos, de nuestra

juventud. Y nos vamos quedando solos a medida que vamos envejeciendo.




Yo, sumido ya en mi forzada jubilación, pretendo distraer mis horas de ocio en medio de una nociva inercia que me conduce por caminos que no quisiera recorrer y a la que opongo tenazmente una férrea voluntad que no siempre consigue imponerse. Los días transcurren para mí paradójicamente largos y breves. Pero mientras Dios me dé fuerzas seguiré caminando, viajando y conduciendo mi propio automóvil porque esto me proporciona seguridad en mí mismo y me libera de tantas servidumbres a las que se aferra la vejez. Me aterra la idea de que alguna vez me venza la abulia, de que me falten las fuerzas, de que ya no pueda caminar, de que me sienta enfermo. En 1975 escribí lo siguiente: “Yo no quisiera ser como este árbol del camino, añoso, viejo, torcido. Me aterra sólo pensarlo. Yo no quisiera arraigar nunca, nunca, en el camino. Echar raíces es como morir un poco cada día... Yo necesito el ala del ave, las bridas del viento, las ondas del agua...” He vuelto a encontrarme con este árbol del camino, que aún se mantiene en pie y, llevado de las ideas anteriores, le he dedicado uno de los poemas que incluyo en el presente libro.


Mi vida actual, salvo alguna salida por la provincia cuando el tiempo lo aconseja o una gira mayor cuando llega el verano, se reduce a caminar por la ciudad o por los alrededores, por consejo médico, para aminorar esos niveles altos de colesterol y de azúcar, tan habituales en esta edad. Lo hago complacido porque me gusta hacerlo y porque, además, me permite llevar a cabo al mismo tiempo otra de mis aficiones favoritas: escribir. Siempre llevo en uno de los bolsillos de mi camisa un pequeño bloc y un bolígrafo en los que voy consignando las ideas que me surgen durante la caminata.


Así, de esta forma, han ido naciendo los poemas que conforman el presente volumen. Son poemas sencillos, en los que he sacrificado la rima en detrimento de un ritmo silábico.


Una vez más los he expuesto en forma de diario, y, como en ocasiones anteriores, son composiciones intimistas en las que se advierte un exacerbado individualismo del que no he sabido



desprenderme, acaso por la influencia de esta compañera inseparable que es mi acendrada soledad.


LOS CAMINOS DE LA SOLEDAD es el testimonio escrito de estas jornadas andariegas, de estos paseos matinales, intrascendentes, en los que recuerdos del pasado, ideas y momentos surgidos espontáneamente, sentimientos y sueños que han ido llenando de esperanzas mi caduco corazón, se van alternando a lo largo del año que yo mismo me impuse como plazo para terminar este poemario.


Como es costumbre en mí escribo esta INTRODUCCIÓN unos meses antes de concluir estos trabajos literarios.


Albacete, 22 de Mayo de 2000.














































RENUNCIAR.


Te sabes triste

porque el amor que esperas

pasa a tu lado y se te muestra esquivo,

porque te sientes sola, incomprendida.

Yo te diría:

Aprende a amar primero

esas pequeñas cosas

que son como el pan nuestro

de cada día;

aprende a amar tu soledad, que es única;

mira la vida con tus propios ojos;

invéntale colores a tus sueños;

sabe escuchar el canto

de la naturaleza y hazlo tuyo;

crea tu propio mundo,

pero, ante todo,

aprende a renunciar.


8 Febrero.



EN LA SIERRA.


Es la una del día.

Los dedos de un sol denso y fuerte iluminan la sierra..


Un poco cansado

de andar, he dejado el sendero

que corre a lo largo del río, he buscado

la sombra agradable de un pino frondoso

que clava su tronco en un próximo otero

y, absorto, he mirado a lo lejos:

los verdes matices del monte,

las rocas parduscas de la alta ladera,

l
os cielos azules, sin nubes,

los cien contrafuertes que trazan

la línea de la carretera

y, abajo, la fila de chopos desnudos

que marcan el curso del río,

las huertas dispuestas en planos tablares

y algunas ovejas

pastando en la falda del monte...

Silencios.

Ligeros retozos del viento en las hojas,

rumores del agua del río,

el canto de un ave perdida

y el son tempranero, sutil, de algún élitro...

La sierra no tiene palabras.


Los Giles (Yeste) 11 Febrero.




INFINITUD.


Este átomo de infinitud que soy

perdido en el espacio sideral,

apátrida, sin fe,

que ignora su principio y su final,

que es reo involuntario, ente casual

de un mal ensueño, absurdo y baladí,

que afronta la verdad

de ser o de no ser,

que duda de su propia realidad,

que va buscando a Dios

en medio de una inmensa oscuridad,

a ciegas, que ama aún

las cosas que se van quedando atrás,

con un sublime amor

incompartido, impar,

dañado de una acerba soledad

aterradoramente suya, cruel...

este átomo de infinitud que soy,

que lucha solitario, no está en mí,

ni yo me encuentro en él.


Todo es una absoluta sinrazón,

una mentira más.


16 Febrero.







EL VIEJO INSTITUTO.


La mole grisácea del viejo Instituto

levanta sus muros en la amplia avenida.

Su antigua estructura ha aguantado el pasar de los años.

Desde el primer tercio del siglo en que fue construïdo

c
onserva su faz primigenia.


Flotando en el aire

me vienen cadencias de tiempos pasados:

los amplios pasillos,

las aulas con suelos de recia madera,

la sala de actos, ornada

de sobrios, barrocos estrados,

el laboratorio

y la biblioteca... Y el parque, sin vallas entonces,

recreo y solaz en los ratos perdidos,

en un Albacete lejano en el tiempo

donde aún el lugar era un campo desierto

cubierto de nieve y de fango en invierno.


El viejo Instituto,

pretérito símbolo

de una época grata,

de un vivo recuerdo,

pervive en su mole grisácea

que no han degradado los años. 22 Febrero.



ALGÚN DÍA ME IRÉ.


Algún día me iré Enterraréis conmigo

definitivamente. mis sueños terrenales,

Será el triste morir, mi cálido sentir,

de mi peregrinaje, el inseguro andar

la hora decisiva por este absurdo estado

de abandonarlo todo, al que llamamos vida

será mi fin del mundo Y enterraréis mi amor

particular y propio, por todas estas cosas

mi noche inacabable, pequeñas que me han hecho

mi tumba de silencios... ser más humano en medio

de tanta inanidad.


23 Febrero


EN AýNA.


Desde la terraza

soleada y amplia

se divisa el valle:


Guiños plateados del naciente Mundo;

gríseas laderas

en las que resaltan

l
os pecados albos de los almendrales

entre las cetrinas masas de los pinos;

álamos y chopos,

aún desnudos de hojas,

flanqueando, esbeltos, el curso del río;

huertos y frutales

en las angosturas de los peñascales;

y, anhelando alturas,

escalando abruptas rocas y laderas,

blanca, dilatada,

se levanta Aýna.

mancillando aleve

la armonía suave del paisaje inmenso

la imponente mole de la roca oscura

como una irredenta mácula del valle.


Aýna..

27 Febrero.


EN NERPIO.


Sesgada, en el valle

que riega el Taibilla, está Nerpio.

La cercan frutales

en flor,



pequeños y ubérrimos huertos

a orillas del río

y algún prado fresco bañado

de sol.




























Es la hora de hacer un descanso

que el cuerpo, rendido del largo camino,

reclama el amor de la gente, me pide

calor.

Penetro en un bar concurrido

cercano a la plaza

Mayor.


El viejo

reloj

que luce en la torre de la íntima iglesia

propaga su agudo latido,

su son

vibrante y metálico,

por todas las calles

angostas y largas del pueblo...


Las dos.

Nerpio

2 Marzo.





ROJO ATARDECER.


Tras de los cristales miro cómo rasga

amplios del salón la tupida red

veo engalanarse de antenas y grúas

la puesta de sol. su áureo perfil;

Luminoso ocaso. miro el suave, flébil,

Rojo atardecer. lento declinar

Mágico crepúsculo del caliginoso

de sangrienta luz. sol crepuscular...

Yo lo estoy mirando

tras del ventanal. Y mientras lo miro

se entra sin llamar,

Miro cómo el seno con la noche fría

de la nube gris que se viene ya,

arde y se consume la noche sin lindes

sobre un cielo azul; de mi soledad.

.

4 Marzo


SEQUÍA.


Un sol sin trabas, inmisericorde,

calcina la llanura

en esta primavera anticipada.

La tierra está reseca,

los ácromos caminos, polvorientos,

los árboles frutales

han florecido prematuramente

y los sembrados piden,

sedientos, una lluvia redentora

que el bonancible invierno

les ha negado.

Arriba, mientras, luce un sol intenso,

radiante, eterno,

que dora la atonía de los campos

hasta donde la vista

se pierde en la distancia inmarcesible

de la llanura.

5 Marzo.



NUESTRA PRIMAVERA.


Era la primavera,

los días gratos,

floridos y felices

de abril y mayo.


Habían en los campos

densos aromas

de rubias margaritas

y de amapolas.


Ornaban con sus vuelos Allí estábamos juntos,

la luz y el aire solos, los dos,

pintadas mariposas callados, absorbidos

ligeras aves. por el amor.


Y en cálidos rubores Era la primavera

erubescentes de nuestras vidas,

veíanse los suaves la primavera nuestra,

atardeceres. ¡ay!, tuya y mía.


7 Marzo.


EN LOS PINARES DEL JÚCAR.


Me he echado en el césped

un poco cansado de la caminata,

como en otros tiempos idos, con las manos

bajo la cabeza

y he mirado al cielo, de un azul brumoso,

fijo, hasta sentirlo dentro de mí mismo...

Así, en ese estado de indolencia dulce

se han ido adueñando de mis pensamientos

íntimos recuerdos de épocas pasadas,

cuando todavía mis dedos asían

altas primaveras.





Un viento agradable, flojo y aromado,

roza mis mejillas

y acaricia leve mi desnudo pecho

penetrando cálido por mi camisa

desabotonada.


Parque Natural de Los Pinares del Júcar.

Albacete. 11 Marzo.


DUALIDAD.


A veces me pregunto tan lleno de penumbras,

por qué el apego por qué su eterna

tenaz del corazón enamorado tendencia por la sombra y por la noche,

del aire y de la luz por este mundo, por qué su terco anclaje en la pereza,

por qué su lucha por qué su inercia

sin límite por la supervivencia. difícil, invencible...


A veces me pregunto A veces me pregunto

por qué ese enquistamiento cómo conviven juntos

de la asendereada voluntad un corazón que ama la luz del día

en otro mundo y una difícil voluntad, amiga


12 Marzo


MONOTONÍAS.


Pasan los días rápidamente.

No hay nada nuevo.

Monotonías.

Las mismas cosas de ayer, de siempre:

Mis mañaneros, gratos paseos

por la ciudad que labora y vive,

por los caminos de la llanura,

mis tardes libres de obligaciones,

mis noches solas,

en mis momentos de tedio, radio,

tele, sesiones de ordenador...




Y, cuando el tiempo acompaña, tomo

mi coche y huyo

por unos días

de la ciudad,

buscando, lejos, nuevos caminos

para zafarme de la enojosa

monotonía...


Y así, ¿hasta cuándo?


13 Marzo.

LA CHICA DE LA PULGOSA.


Llega a mediodía, blancas todavía.

cuando el sol calienta. De continuo emprende,

Deja su automóvil sin perder más tiempo,

verde, junto al mío, su carrera diaria

bajo las escasas por los cien caminos

sombras de los pinos. blancos que circundan

Se despoja rápida el tranquilo y grato

de su chándal nuevo parque periurbano.

y muestra sus piernas,





Mientras yo completo con su trotecillo

con mi moderada, de lozana corza,

pretenciosa marcha, con sus senos breves

una vuelta entera y su cabellera

a todo el recinto, moviéndose al ritmo

ella me rebasa que les va marcando

tres o cuatro veces su grácil carrera.


Parque de La Pulgosa.

Albacete 15 Marzo.










RECUERDO GRATO.


No sé cómo has venido a mi memoria

después de tanto tiempo

dormida en el olvido.

Tu imagen inasible reverdece

tiempos pasados,

horas que se han perdido para siempre,

que ya no volverán para ser nuestras.

Supongo que tú sentirás lo mismo

si alguna vez he sido

huésped asiduo de tu pensamiento.


Pero los años pasan,

nos van haciendo viejos,


son como un viento

que barre las cenizas del recuerdo.

No dejan huella...

Por eso, cuando el ruido de la vida

nos cita a vernos,

pasamos ambos como dos extraños,

como desconocidos,

indiferentes,

sin saludarnos...

Pero nos quedan –nuestras todavía-

las alas del ensueño,

la cálida belleza del recuerdo.

18 Marzo.


LLEGARON LAS LLUVIAS.


Con la áurea, vivaz primavera,

llegaron las lluvias:

los llanos ayunos,

los suelos resecos del campo,

redimen su sed sempiterna;

los pétalos nuevos,

los jóvenes limbos,

los tiernos rebrotes del árbol,

que ya se despiertan

del largo letargo de invierno

desechan la pátina blanca

del polvo estepario y se visten

sus ornas mejores,

sus suaves corolas,

sus frescos ramajes,

de cara a la hermosa y gentil primavera;

las secas besanas

reciben el agua magnánima y cambian

sus ácromos surcos por ocres oscuros.


Ya vienen las brisas cargadas de aromas

y huelen a nuevas las tierras

como un anhelado y gozoso preludio

de la ancha y sutil primavera.

20 Marzo.













EN LA LAGUNA DE PÉTROLA.


Atardece en la llanura. las colinas circundantes

Sopla un viento despiadado y las casas, apretadas,

que hace rizos en la sucia del pequeño y claro pueblo

superficie de las aguas que se asoma en una loma

de la plácida laguna para verse retratado en la laguna.

Cabrillea un sol lejano,

moribundo 29 Marzo.

que ilumina suavemente


REFLEXIÓN.


Estos tiempos que corren

han ido desterrando lentamente

las pocas cosas buenas

que eran el patrimonio de los hombres.


Hemos cambiado

conceptos y palabras

por la agria tiranía de los números,

lecturas por imágenes,

ideas por materia...




Somos esclavos de las nuevas máquinas,

hijos de la moderna

tecnología

que entierra nuestra sensibilidad,

que nos deshumaniza poco a poco,

que nos aherroja a un insensible mundo


...En tal ambiente, tan hostil y adverso,

pelea bravamente,

tenaz, este individualismo mío,

que no quiere entregarse a la corriente

devoradora,

que trata de sobrevivir en medio

de este concierto impersonal y frío.


1 Abril.


CORAZÓN SOÑADOR.


Camino de sus sueños,

ciego de amor,

se va buscando luces

el corazón.


No le amedrenta el viento

fuerte y cruel

que quiere despojarlo

de su ancha fe.


Es como un niño inquieto

que corre en pos

de un cántico lejano,

de una ilusión.


Y en su evasión se marcha

solo, feliz.

Y no puedo seguirlo.

Se va sin mí


4 Abril

que corre en pos

de un cántico lejano,

de una ilusión.


Y en su evasión se marcha

solo, feliz.

Y no puedo seguirlo.AbrilE EL OLMO VIEJO.


Este olmo del camino,

mi viejo conocido,

protagonista incólume

de uno de mis primeros

poemas juveniles,

resiste todavía

el paso de los años.

Sin ramas ya, sin hojas,

apunta, erecto, al cielo

su tronco puntiagudo.


Y yo, que voy pasando,

poeta y caminante,

por la mañana clara

de abril veo su estampa

caduca y descarnada

y admiro en su serena

y augusta soledad

todo el orgullo digno

de su esplendor perdido.

Es como un hito eterno,

como un jalón del tiempo

posado para siempre

sobre la adusta, sobria, Por eso lo venero

Este olmo del camino y amo en su soledad

y yo, nos hemos ido mi propia soledad,

quedando solos, solos en su cercano ocaso

en el vertiginoso mi ocaso presentido.

transcurso de los años,

hemos envejecido 6 Abril.

los dos al mismo tiempo.

solemne paramera.





PROMESA DE AMOR.


Te amé en aquellos días

de mi añorada juventud lejana

con un amor irremediable y único.

Fuiste la musa ardiente

de mis primeros versos

nacidos al socaire de un ambiente

rural y campesino.

Callaron nuestras bocas pero hablaron,

en el silencio, nuestros corazones

y así, de esa manera tan sencilla,

surgió, al fin, un deseo

recíproco de amarnos

que se hizo compromiso con el tiempo.


Pero el amor se acaba

-nunca comprenderé por qué se acaba

lo que llenó de gozo el corazón,

aquello que nos hizo ser felices

en este breve, terrenal camino-

y, al cabo, nuestra implícita promesa

de amor quedó truncada para siempre

se nos quedó en un cálido proyecto.

No sé quién fue el culpable,

ni quiero ya saberlo,

pero los sueños pasan.



Nos quedan solamente los recuerdos

y a ellos se aferra el pensamiento, fácil,

en esta hora vacía de la tarde

cargada de mortal melancolía.


12 Abril.


GRATITUD.


Hoy te encuentro, Señor,

después de algunos días en la sombra,

sumido en una crisis de silencios,

enfermo y dolorido.


Hoy te veo, Señor,

en este sol glorioso que ilumina

los campos renacidos,

en esas flores blancas, delicadas,

que crecen a la orilla del camino,

brotadas al amor de las primeras

lluvias estacionales.


Y hoy te quiero, Señor, y te bendigo

porque has llenado mi alma de ternura,

mi corazón de gozo,

porque has hecho que hoy te ame en los humildes

motivos que me mueven en el mundo

pequeño y limitado en el que vivo.



Acuérdate de mí cuando esté triste,

cuando me sienta solo.

Que no me falte nunca tu sonrisa.


21 Abril. Viernes Santo.


















EN LOS JUEGOS DE AGUA DEL PARQUE.


Me gusta escuchar el sonido del agua

que mana de los surtidores,

mirar voltear las palomas,

posándose, suaves, al lado,

bebiendo en la alberca.


Me agrada el susurro

del viento en los pinos,

el áureo reflejo

del sol de la tarde en las ondas del agua,


Me admiran las roncas llamadas

de algunos palmípedos

pidiendo esas duras migajas

de pan que les lanzan

las cándidas manos de niños

al fondo del rústico estanque.


Me encanta el triscar elegante

gentil, de las vivas ardillas

jugando a esconderse en los troncos,

trepando, bajando, saltando.


Me alegran las tímidas tórtolas

que acuden al son armonioso del agua,

mojando sus alas,

rasando graciosas

el ácueo elemento...


Me gusta, sí, este íntimo y grato

rincón en el parque, este banco escondido entre pinos

que acoge mis horas de ocio en la tarde caída

después de mis largos paseos diarios.


24 Abril.


LAS GOLONDRINAS.











Por fin han regresado ora vagan buscando

vivas y activas, sus viejos nidos

después de muchos años, describiendo graciosos

las golondrinas. y ágiles giros.


Alardean el cielo Han venido de nuevo

gris de la plaza las golondrinas

perfilando sus suaves a inundarnos de gozo

pechos de plata. con su alegría.


Ora trinan inquietas,

hienden los aires, 27 Abril.

presumiendo de negros,

brillantes fraques,


PERVIVENCIA.


En un rincón del corazón pervive

tu imagen grata, padre,

tu cálido recuerdo:

Aquellos días, no lejanos todavía,

en los que yo alternaba

cuidados que tu estado requería

con largas caminatas

que iban aligerando

mi corazón cargado de problemas

y de preocupaciones.


Y así fueron pasándose los años,

entre las caminatas redentoras

y las bondades del deber cumplido.

Y no lo siento, padre,

ahora que estás conmigo en el recuerdo.

Lo volvería a repetir de nuevo

que fui feliz sirviéndote,

que Dios me hizo ser fuerte,

que me premió con la sonrisa amable

de tu agradecimiento.


1 Mayo.


TU MEMORIA, MADRE.


En un rincón del corazón pervive

tu imagen, madre.

Es un recuerdo grato, ya imborrable,

que llevo dentro,

que duerme ya su cósmico letargo,

su sueño de treinta años.


Cuando mi viejo corazón, un día

se canse de latir,

¿dónde hará nido tu recuerdo entonces?,

¿dónde se posará tu imagen buena?,

¿quién guardará tu póstuma memoria

como la guardo yo?...


Pero aún estás ahí, viviendo en mí,

latiendo en mis latidos todavía.


El día en que yo yazga para siempre,

cuando se acabe

conmigo la existencia,

se habrá acabado tu memoria, madre.


5 Mayo.




EN LAS MARIQUILLAS.


En una de mis giras matinales

me he detenido un rato

en un lugar bañado por el Júcar

que me gustaba visitar antaño:

Las Mariquillas.


Eran días de un sol caliginoso,

días de junio y julio,

de cara a las doradas vacaciones.


He ido trepando, despaciosamente,

ladera arriba

del montezuelo


que corre paralelo a la ribera

hasta llegar al conocido otero

desde el que me gustaba

ver transcurrir el río.


Allí se encuentran,

como resucitados,

después de tanto tiempo faltos de agua,

ansiando la corriente

que se les escapaba,

escasa y rápida por otras vías,

los dos islotes por los que abre el Júcar

tres brazos amorosos

que llenan de frescor y de espesura

su sequedad pretérita.


Más lejos, por encima de las frondas,

cubiertos de amapolas,

al otro lado,

veo la suave piel de la llanura,

los verdes alcaceles,

un cielo azul, sin nubes,

bajo la sombra

del pino del otero,

desde la altura improvisada, umbrátil,

de mi atalaya.


14 Mayo.


tMAÑANA DE MAYO.


Por la senda adelante

voy caminando

Enfrente hay unas nubes,

el río, al lado.


Cantan los ruiseñores

en la enramada

poniéndole alegrías

a la mañana.



Y los linderos se hacen Trenzan galanes giros Por la senda adelante

Policromías en las corolas voy con mis versos,

de lilas, amapolas mecidas por el aura, con mi mundo sencillo

y margaritas. las mariposas. con mis ensueños.


Cuasiermas. 17 Mayo.

















ANICA.


Te quise

con un amor cándido y puro

de niño

que empieza a soñar y despierta a la vida.


Corrían los años cuarenta:

Ribera de Cubas.

Veranos a orillas del Júcar.

Rumores del río en las noches

plagadas de estrellas.

Frescor de las cuevas que horadan la roca.

Silencios nocturnos

cargados de vagos temores

al sesgo confuso irradiado

por la álgida luz de candiles de aceite.


Y allí estaba yo, con mis sueños, amándote,

ansiando mirarme en tu rostro agradable,

notando el contacto sensual de tu mano en mi mano,



triscando en los huertos,

a orillas del río,

saltando la acequia,

hurtando en los altos nogales, las recias higueras,

el fruto maduro,

trepando a las ásperas rocas.


No importa que yo fuera un niño

ni tú una muchacha en edad casadera.

Te quise y no pude –no quise—evitarlo,

que fuiste mi amor primigenio y platónico.


Hoy sólo recuerdo tu nombre.

Tu voz y tu rostro se me han olvidado.

Mas queda en el alma esa huella indeleble

de aquellas jornadas de estío

vividas a orillas del Júcar,

teniéndote cerca,

soñando contigo en las noches oscuras,

cuajadas de estrellas

y de altos silencios

que sólo rompían

los dulces susurros del agua del río.


19 Mayo.


DOS SEGUIDILLAS DE MAYO.


I. AMAPOLAS.


Amapolas de mayo,

rojos juguetes,

acunadas de vientos

y de alcaceles:


sois el suspiro

delicado, elegante,

de los caminos.





II. MARIPOSAS


Mariposas de mayo,

besos alados

de la brisa aromada

sobre los campos:


sois la sonrisa

de los campos ayunos

de poesía.


21 Mayo.


BELLEZA PERDIDA.


Se fue tu juventud

y con tu juventud esa belleza

resplandeciente y única

que paseaste ayer por la ciudad.

Ahora sólo paseas

la soledad de tu altivez herida,

de tu perdido orgullo,

de tu hermosura ajada por los años.


Pero mi vista se recrea al verte.

Si te admiré, mujer, cuando eras joven,

solemnemente bella,

ahora te admiro en esa paz serena

que irradia tu mirada,

en esa dignidad con la que encubres

y haces más tierna tu resignación.


24 Mayo.































SIRIMIRI


Son ya casi las diez de la noche miro echarse la niebla en la sierra

y aún hay luz en el cielo brumoso. de Caurel inmediata, que asoma

Cae un suave y sutil sirimiri por detrás de los gríseos tejados

pertinaz y sin tregua, llenando de pizarra, brillantes de lluvia.

de una inmensa tristeza la tarde.

A través de la angosta ventana 28 Mayo. Hostal Rebollal

del hostal, mientras tomo la cena, (Piedrafita de Cebrero)


EN EL SANTUARIO DE CEBRERO.


La mañana está sumida en densa niebla.

He hecho un alto en el camino.

Santuario de Cebrero.

Un silencio impresionante

llena de hondos y magníficos misterios

el lugar sagrado y sobrio.

La humedad que impregna el césped

y la bruma de los montes circundantes

se me mete hasta los huesos

y me invita a ensimismarme.





Me levanto las solapas

de mi viejo chaquetón,

me retrepo en la bondad de su tibieza

y penetro en el recinto

a través de una cancela enmohecida

y entornada,

decidido e intrigado.


Hostal Buenos Aires (Lugo.)

29 Mayo.


DESDE EL ALTO DE SAN ROQUE.


Son las tres de la tarde

de un día caluroso.

El automóvil trepa cuesta arriba

camino de la cima de San Roque.

La angosta carretera

traza en su recorrido

largas, sinuosas y empinadas curvas.

Por fin llego a la cumbre:

Sol inmisericorde;

ruidos de mil insectos

en el silencio denso de la tarde.


La ermita de San Roque entre la umbría

de los eucaliptos.




Desde el crucero pétreo

que se alza en el cantil de una atalaya

se ve el azul intenso de la ría

fundiéndose con el azul del mar...

Abajo el blanco guiño de Viveiro,

las dársenas del puerto

y enfrente los recortes de la costa,

perdiéndose a lo lejos.


Mondoñedo.

30 Mayo.


EN BETANZOS.


Vibra Betanzos

en la hora punta del mediodía.

He decidido tomarme un tiempo

hasta el momento de la comida.

Aparco el coche en una calleja

desierta, cerca del casco antiguo,

y me dispongo a subir sin prisa

por una calle pina y estrecha

a visitar la ciudad histórica.



Castro, primero,

Brigantium Flavium de los romanos,

villa, después, de remoto origen,



guarda en las piedras grises, mohosas,

de sus iglesias

la historia viva

de su pasado esplendor glorioso:

Santa María,

Santiago: Templos de San Francisco y Santo Domingo,

noble memoria de la familia

de los Andrade

que aún pervive en sus viejas calles

y en los blasones de sus casonas.


Hostal Caribe (La Coruña.) 31 Mayo.









Continúa en LOS CAMINOS DE LA SOLEDAD III





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