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Versos de Atardecer y otros poemas breves

Por Jerónimo García Pérez (Jegarpe)

Publicación de Smashwords

2018


Registro de la Propiedad Intelectual

Nº AB-28-2014

Nº de asiento registral 00/2014/1156 Madrid



VERSOS DE ATARDECER

Y OTROS POEMAS BREVES


Obra

poética

original de

Jerónimo García Pérez

JEGARPE


INTRODUCCIÓN 2014


VERSOS DE ATARDECER es un poemario que empecé a escribir

en Setiembre de 1977 y que di por concluido en Mayo de 1978,

cónsono con el curso escolar, aprovechando el tiempo libre que me

ofrecía el horario en esas horas largas y tediosas de las tardes, a las

que me acogí para escribir los versos que integran el mencionado

libro de poemas. Son versos breves, de sencilla estructura, escritos

en forma de diario, modo de expresión que he utilizado en diversas

ocasiones. El tema sigue siendo el mismo de anteriores composiciones

y el que seguirá siéndolo posteriormente: sentimientos propios, íntimos,

amorosos, personales, dotados de esa exigible sensibilidad que requiere

la poesía lírica. A los 111 poemas que contiene el manuscrito original

que caligrafié por entonces y que he transcrito íntegramente con sólo

dos rectificaciones, he añadido en la parte final, algunos poemas breves

que figuran en otros poemarios anteriores y posteriores a VERSOS DE

ATARDECER y que también ocupan un estante de mi pequeña biblioteca,

donde duermen los 31 libros que he escrito hasta hoy, en su primitiva

hechura de manuscritos, encuadernados e ilustrados en su totalidad.


También he insertado algunas de las numerosas fotografías e imágenes

de las tardes en que compuse VERSOS DE ATARDECER como exponente

testimonial de la época en el que vieron la luz los poemas que lo integran.


Albacete, 11 Enero 2014


El autor



A tu abandono opongo la elevada

torre de mi divino pensamiento.

Subido a ella, el corazón sangriento

verá la mar, por él empurpurada.


Fabricaré en mi sombra la alborada,

mi lira guardaré del vano viento,

buscaré en mis entrañas el sustento...

Mas, ¡ay!, ¿y si esta paz no fuera nada?


¡Nada, sí: nada, nada! - O que cayera

mi corazón al agua, y de este modo

fuese el mundo un castillo hueco y frío...-


¡Que tú eres tú, la humana primavera,

la tierra, el aire, el agua, el fuego, ¡todo!,

¡y yo soy sólo el pensamiento mío!


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ.


PRÓLOGO 1978


La contemplación de un atardecer produce en mi corazón sentimientos

Contradictorios de muerte y de belleza. De muerte porque la débil

luz crepuscular es un anuncio de la noche que llega. De belleza porque,

sobre todo, los atardeceres de mi tierra, enmarcada por un horizonte sin

fin, son grandiosos interminables, serenos...Por otra parte, los años,

que van pasando inexorables, añaden un poco de tristeza y melancolía

en la mirada tranquila que ha visto ya extinguirse la luz de tantos

atardeceres y me hacen descubrir con más fuerza ese entrañable apego

del alma por el camino que aún me resta por andar.


VERSOS DE ATARDECER es un conjunto de pequeños poemas que

casi siempre han sido inspirados por ese sentimiento noble, altruista,

resignado, de la renunciación inevitable por todo aquello que se va

quedando atrás. Hay, también, ineludibles ideas de muerte, de

caducidad, de finitud, de transitoriedad, que son, por otra parte, leyes

de nuestra condición natural de humanos. Y, como siempre, está la

soledad, mi soledad, que se adivina en cada verso, que no sé, ni puedo,

ni quiero silenciar.


VERSOS DE ATARDECER es un libro de poemas que he ido escribiendo

en la tranquilidad de las tardes, en los alrededores de Albacete, cuando

el término de la tarea cotidiana me invitaba imperiosamente a buscar el

descanso y el solaz en el silencio del campo. Todos ellos han nacido y

crecido en el marco infinito de la llanura, bañado de la suave luz de la tarde

declinada, porque he preferido los anchurosos horizontes del llano a la

sordidez gris y llena de ruidos de la ciudad. No me importaron nunca ni

las lluvias incómodas del otoño, ni los fríos duros del invierno, ni los

vientos desapacibles de la primavera. Cada verso, cada poema, era como

un deseo del espíritu de huir de lo rutinario, de lo conocido, de lo que

nos hace siervos de la ciudad y como una poderosa llamada de la naturaleza

a la que pertenecemos, de la naturaleza que llevamos dentro y que tira de

nosotros, aunque a veces lo olvidemos.


Aquí os dejo estos ciento once poemas, breves, humildes y llanos, como

yo quería que fueran, hablándoos con un lenguaje desnudo y sincero

desprovisto de toda rimbombancia.


El autor.


1.POEMA



El sueño se estremece y se conturba,

se evade con su vuelo reposado

y, allí donde la tarde se masturba,

se trocará en un verso inmadurado.


2. SETIEMBRE.


Se me marcha otra tarde en el vislumbre

de un eterno crepúsculo. Setiembre.

¿Dónde está el resurgir? ¿Dónde la cumbre?

¿Dónde está la palabra que me alumbre?

¿Dónde el día perdido para siempre?


3. MADRUGADA.



Es una hora innominada,

una hora vacua y sin rasgos,

en la que los torpes trasgos

de la densa madrugada

se acercan a la almohada,

se acercan al corazón

para gritar su canción,

para bailarme su danza

de muerte, desesperanza,

tristeza, desolación...


4. NO VOLVER LA MIRADA.


No volver la mirada atrás, Señor:

que el camino que aún tengo por andar

sea un pálpito, un verso y un dolor

por los sueños que no han de retornar.

¡Hace ya tanto tiempo del amor!


5. PAISAJE







Pasar, pasar... Campo mío de hogaño,

triste ya por el tinte del otoño.

Pasar, pasar, como si fuera extraño,

siendo raíz que ahonda, agraz retoño,

tronco recio que crece solitario

sobre el polvo del llano, en la besana...


Pasar, pasar...como si ya mañana,

yo no pudiera verte único y vario.


6. OTRO OTOÑO.


Hojas secas del río. Cielo yerto

Viento frío que suena con afán

en la encina del campo gris y abierto.


Otro otoño que llega... ¿Cuántos van?


7.¡QUÉ BREVE ES EL CAMINO


¡Qué breve es el camino

que voy haciendo!

¡Qué largos son los años

que voy perdiendo!


¡Cómo me duelen

esas horas vacías

que se me mueren!


8. LEVEDAD.


Cuando llegue la noche

sabe que iré hasta tu caliente lecho.

Seré un ciego derroche

de loco amor: te besaré en el pecho,

te besaré en las manos y en los ojos..

Y tú me mirarás sin un reproche

y sentirás cubrirse de sonrojos

la piel húmeda y suave.


Cuando la eterna noche llegue, sabe

que iré a buscarte, amada,

sin compañía, solo, como un ave

nocturna que no quiere ser notada.


9. OCASO.



Las luces de la tarde

poco a poco se apagan.

El viento se hace hielo.

Los pinos, sombra vaga.

Y puéblanse de gritos

de pájaros las ramas...


En el silencio pienso,

a solas con el alma...

Y son mis pensamientos

mil luchas olvidadas,

inciertos avatares,

caminos que se acaban...

Y pienso... -no quisiera,

no, no, pensar en nada-.


10. MELANCOLÍA.


Angustia, miedo, cruz...

Agonía del alma adormecida,

penuria de la luz...

Poco a poco se está yendo la vida.


Yo la veo marcharse en suave trino

de ave errante y perdida,

por el mismo camino

que llevo yo, poeta y peregrino.


11. INVIERNO


Invierno del alma:

Invierno del árbol

vacío de ramas,

vacío de pájaros.


Invierno del árbol:

Invierno del alma

vacía de cantos,

vacía de ansias.


12. SOLEDAD DE LA CIUDAD.


Soledad es mi verdad

Soledad es mi canción.

Soledad de la ciudad

que es la peor soledad

que tengo en el corazón.


13. CAMINANTE DE AURORAS.













Caminante de auroras sin camino.

Soñador sin ideas y sin sueños.


Así paso. Así soy. Sin más empeños

que cantar mi canción de peregrino.

Así pienso. Así voy. Solo y desnudo,

con mi voz de poeta humilde y rudo.


14. SOLAMENTE ESTAR.


Estar. Estar solamente

-dormida la voluntad,

ausente la certidumbre,

tranquila la soledad-

en la luz, cada mañana,

en la luz y en el pasar

de la luz, todos los días...

Y no saber... No pensar

en la jornada que resta...

Estar. Solamente estar.


15. SOLEDAD.


Hay en la tarde trémula un inerte

sentimiento de augusta soledad...

-¡Ay, el alma, qué débil y qué fuerte!-

¿Hasta cuándo estos hálitos de muerte?

¿Hasta dónde soy dolo, soy verdad?


¿Hasta dónde soy fe, soy sufrimiento?

¿Hasta cuándo he de ser poema y llanto?

¿Hasta cuándo dolor y sentimiento?


Y la tarde se muere mientras tanto

en la entraña de mi agrio pensamiento.


16. ATARDECERES.


El sol de enero, solitario y flojo,

en un cielo sin fin, azul y puro,

es un enorme reverbero rojo,

un haz de fuego en el espejo duro

del mar y una sonrisa en el oscuro

crepúsculo que muere en un sonrojo.


¡Ay, luz, ay, fe! Crepúsculos del alma,

ocasos del espíritu vencido,

atardeceres mansos del sentido:

bebed del sol, bebed del mar en calma.


17. SER.


En un rodal del pensamiento estoy.

Y estoy mirando, sin quererlo, atrás.

Un grito del ayer soy nada más

en un verso que está temblándome hoy,

una voz del pretérito, un quizás.


Eso soy nada más. Sólo eso soy.


18. MOMENTO.


La tarde da su beso

traslúcido a la noche y se eterniza.

El corazón, avieso,

y el alma, antojadiza,

se evaden con sus alas de ceniza.


19. AÑORANZA.


Si la ilusión volviera...

Si yo pudiera reencontrar los sueños,

la plenitud primera,

los versos halagüeños

que iban naciendo humildes y pequeños


20. HAS D E VENIR.


Dime que no te has muerto todavía,

que has de venir, envuelta en esplendores

un venturoso día, un áureo día,

cuando ya estén las aves y las flores.


21 NIEVE Y SILENCIO.


Nieve y silencio...¡Qué sola

la soledad! ¡Qué callada

la soledad de los campos,

la soledad de las almas.


22. VOY DEJANDO...


Voy dejando en la noche

de mi andadura

mis afanes, mis bregas,

todas mis luchas.

¡Ay, quién pudiera

ir quitándose el lastre

de tantas penas!


23. ESPINO DEL CAMINO.



Espino del camino,

jalón y símbolo de la llanura.

Cien vientos amarillos te sosiegan

y cien hielos te ciegan.


Espino del camino, duro espino

de la llanura dura,

poema descarnado del invierno

y verso azul de lluvias y de fríos,

de escarchas y rocíos.


Sé siempre así: Canción

anónima, lamento sempiterno.

Que aprenda tu palabra ruda y fuerte,

este cansado y viejo corazón,

cada hora más amigo de la muerte.


24. LATIDOS.


Son las doce. Medianoche.

Con lentitud, una a una,

va desgranando la luna

-angustia, ritmo, pasión-

las campanadas del viejo

reloj y, al tiempo, dolidos,

se van yendo los latidos

de dentro del corazón.


25. MUERTES


Cada mañana me nacen

una esperanza y dos muertes

una voz y cien silencios.

¡Ay, Señor, cómo me duelen

los silencios que me nacen,

las muertes que se me mueren!


26. RUEGO


Tan sólo una sonrisa alguna vez,

tan sólo una palabra tierna y pura

que me haga más ligera la andadura,

que ponga amenidad y calidez

donde hay soledad sólo y amargura.


27. TARDE VACÍA.


Tengo una tarde vacía

que me tiembla entre las manos

y una lágrima de invierno

que resbala hasta mis labios.

Lejano, luce un sol flébil.

Arriba, cantan los pájaros.


No estoy solo todavía...

No estoy solo. Voy andando

porque aún me quedan adentro

cien ilusiones, cien pálpitos.


28. PUREZA.


Cuando venga otra vez la primavera

posaré la mirada en su hermosura

y no la encontraré como antes, pura...

Yo sé que no será como antes era.


29. MUERTE BREVE


Atardecer: muerte breve

de la luz. El alma inventa

su camino de aire, leve,

y se va con él, se ausenta,

dejándome. ¿Quién intenta

seguir sus huellas de nieve.



30. ALMA.


Alma, hasta el fin apátrida

y aventurera:

No sueñes más estrellas

sobre la tierra,


no te acostumbres

con esa fe que enciende

todas tus lumbres.


31. FRÍO


El campo no tiene fin,

no lo abarca la mirada.

Un sol de invierno se cierne

por entre unas nubes blancas.

El viento norte castiga

la llanura en frías ráfagas.


El olmedo centenario,

griseando en la distancia,

clava en el cielo los dedos

sarmentosos de sus ramas.


Qué vaciedad más inmensa!

¡Qué soledad más callada!

¡Qué inviernos más melancólicos

los inviernos de La Mancha!


32. LIBERTAD.



Vientos azules, diáfanos,

que me hacen cerrar los ojos,

que hacen saltar los cerrojos

de tanta mediocridad.

Sol sin fronteras. Distancia.

Caudal que se precipita.

Mar que no cesa. ¡Bendita,

bendita mi libertad!


33. SOLEDADES.



Encina oscura, redonda,

punto perdido en el llano,

voz estéril, grito vano,

palabra rústica y honda:


Eres muda alegoría,

símbolo eterno, verdad,

de toda la soledad

que tengo en el alma mía.


34. MI PALABRA.


Entre las luces últimas

del íntimo crepúsculo,

te doy, envuelta en un suspiro trémulo,

mi voz humilde, mi palabra mínima.

No dejes que se esfume. Antes, escúchala.

Sabe que es tierna, nítida,

sencilla, melancólica.

No dejs que se extinga. Sólo guárdala

para ese día próximo

que intuye el alma, generosa y cósmica,

en el que la palabra vaya ahogándose,

la voz se seque para siempre, abúlica,

y tenga que pedírtela

de nuevo en una eterna y mansa súplica.


35. ATARDECIDA


Me gusta contemplar cómo la tarde

se acaba lentamente,

cómo un sol grande y moribundo arde

contra la línea dura,

sin fin, de la magnífica llanura,

llenándola de luz resplandeciente

que va extinguiéndose en perfiles rojos.


Yo la contemplo, inerte,

con una dulce lágrima furtiva

meciéndose en mis ojos...

Y pienso si la muerte

será así: tan sencilla y fugitiva.


36. FRIALDAD


Manos abarcando nieve,

pies que vais pisando escarcha:

¿Qué fe, qué poder os mueve?

¿Qué es lo que os va haciendo, aleve,

perseverar en la marcha?



37. NIEVE.


Hay quietud. Nada se mueve.

Copos de nieve en la tarde.

(También en el alma hay nieve

y una llama que no arde.)

La tarde está blanca, inerte.

La tarde es como la muerte.


38. AMISTAD.


Si os doy la mano y me negáis la mano,

si no sabéis mirarme en la mirada,

si os llamo y no acudís a mi llamada,

¿a quién, a quién he de llamar hermano?


Si estoy llorando y no lloráis conmigo,

si no sabéis ser lágrima en mi llanto,

ala en mi verso, súplica en mi canto,

¿a quién, a quién he de llamar amigo?


39. PEQUEÑEZ



Esta brizna errabunda de universo,

largo instante de breve eternidad,

polvo apenas de amor y de ansiedad

es, que tiembla en un infinito verso,

que está sola, luchando, y que respira

la mágica verdad de una mentira


40. LLAMADA.


A la pálida luz crepuscular,

cuando el cuerpo descansa

del trabajo del día,

se escucha, en un susurro secular,

una llamada mansa,

toda melancolía.

Es una dulce y pertinaz llamada

que lleva en sus entrañas un reproche

de voz enamorada.

Llamada que no quiere ser notada,

que viene de la noche.


41. SENCILLEZ.


¿Qué blando polen, qué feraz semilla,

qué fértil, vivificador esperma,

vas anhelando para el alma yerma,

vacía, seca, pero, al fin, sencilla?


42. ORACIÓN.



Señor: Que nunca me falten

mares, vientos, aves, ríos,

primaveras, alboradas,

noches, días, soles, fríos...

Y que no se cansen nunca,

Señor, corazón, sentidos,

ansia, fe, perseverancia...

¡Que no me falte el camino!


43. SI PUDIERA


¡Ay, si pudiera quedarme

con lo que se queda atrás

y no volver nunca más!

¡Ay, si pudiera llevarme

palabras para encontrarme

conmigo mismo en el lento

peregrinaje. Las ciento

que sólo mi pluma sabe

me llevaría: Sol, ave,

camino, voz, ola, viento…


44. INCERTIDUMBRE.


De tanto mirar la cima

dorada de la montaña

tengo hecha frunce la frente

y ciega ya la mirada.


Espinos me voy dejando

monte abajo y adivino,

deslumbrado por el sol,

monte arriba más espinos.


45 . TE ESTARÉ LLAMANDO.



Cuando tengas penas

y me estés buscando,

llámame en la noche

(Te estaré llamando).


Te estaré buscando

dentro de la noche.

(No traerás decires)

No te haré reproches


Cuando estés sufriendo

cuando estés llorando

búscame en las sombras.

(Te estaré esperando).



46. BAGAJE.

Me enterraréis un día

lo mismo que el que entierra

la vana carga, la ilusión vacía,

la inútil fe, el dolor, mas no habrá tierra

que pueda cubrir toda

la soledad de mi peregrinaje,

ni la magnífica oda

de amor que iré dejándome en el viaje.


47. AMOR.


Amor de dulces vuelos,

amor de alas doradas,

amor de suaves brisas:

¿En qué rincón del alma

te has escondido y dueles?

¿Por qué, por qué no me hablas

con la caliente rima

de tu palabra amada?


48. CREDO.


Soñar lo que ya soñé.

Querer lo que ya no puedo.

Inventar lo que ya fue:

Esto es mi Dios y mi credo,

lo que hace humano mi miedo,

lo que hace buena mi fe.


49. FUTILIDAD.


Se está haciendo de noche en el camino.

La fe se cansa. El corazón no lucha.

La voz se acalla. La ansiedad no escucha.

Todo se va si es que algún día vino.


50. ENDECHA.


¡Señor: que no se apague

la luz de esa mirada!

Que no se acabe nunca

tanta ventura, tanta!


¡Que esos tus ojos verdes

que alumbran mi esperanza

vengan a hacer más leves

el corazón y el alma!


¡Señor: que no se sequen

esas pupilas claras!

¡Que miren siempre amando!

¡Cuánta ventura, cuánta!


51. SENTIMIENTO.


Tantos años de amarga,

sentida soledad, de desaliento...

Ya no siento la carga.

Sólo soy sentimiento

confuso que cabalga con el viento.


52. NOCTURNO


La luna

perfila

y afila

su luz.

La estrella

se viste

de triste

y azul.


La noche

se mece...

Parece

.soñar.

Y el llanto

del alma

se calma

¡Qué paz!


53. RESURGIMIENTO.



Si de la oscura noche renace la alborada,

si la corola frágil cada año se renueva

¿resurgirá la idea perdida y olvidada

de las cenizas que ahogan el alma postergada?

¿Vendrá la luz a darme su voz pujante y nueva?


54. PASAR.


Ser nieve perpetua o ser brasa.

Ser noche irredenta o ser día.

Pasar con el agua que pasa.

Quedarse en la tierra vacía.

Ser ave. Ser árbol. Ser viento.

Ser onda. Ser ala... Matices…


Yo quiero ser voz, movimiento.

No quiero ir echando raíces.


55 CORAZÓN


Corazón que no te duelen

ni la carga de los años

ni penas ni desengaños

¿A dónde vas sin dolor?


Corazón que ya no tienes

tantas ilusiones, tantas...

Corazón que ya no cantas:

¿A dónde vas sin amor?


56. CANSANCIO

Descansar en el camino,

cerrar, cansado, los ojos,

sosegar el corazón,

es como morir un poco.


En mi frente tengo el sol,

en mis espaldas la noche...

Tengo que seguir andando...

Mañana pensaré dónde.


57.HUELLA.


No me pesan las horas

que se me han ido,

solamente me pesan

las que he perdido.


Porfío a ciegas:

No me duele el camino,

sino la huella.


58. ADIÓS.


Lo malo no estar solo.

Lo malo no es ir andando.

Lo malo es ir arraigando

sin fe, sin patria, sin Dios…


Lo malo no es ir queriendo,

no es ir amando la herida.

Lo malo es la despedida.

Lo malo es decir adiós.


59. VIVIR


Amar la vida es amar

la soledad que hay en mí,

los versos que no escribí,

los sueños que he de soñar.


60. ¡QUÉ FRÍO TIENE LA LUNA!



¡Qué frío tiene la luna

tan sola y alta en el cielo!

La arrulla el cierzo y la acuna

la mano que esparce el hielo.


¡Qué frío tiene la estrella

que está temblando en la calma

de la noche larga y bella!

¡Y qué frío tiene el alma!


61. MILAGRO


Pienso que no estoy solo, que son mías

todas las horas de la vaciedad...

¡Yo creo más y más todos los días

en el milagro de mi soledad!


62. OTRA PRIMAVERA



Allende el campo me vienen

aires de otra primavera.

Ya tiene flor el almendro

y huele a nueva la tierra.


Otro año. Otra primavera

que, como un milagro grande,

me hace más limpio el sentido

y más inquieta la sangre.


63. SERÁS


Tallo verde. Brote tierno.

Apenas nacido ya eres

llanto entre vanos placeres,

flor estéril del invierno,

única luz, grito eterno...

Luego serás caminante

y en cada paso adelante

te dejarás con orgullo

un poco de lo que es tuyo

para siempre, en un instante.


64. HUMILDAD


Cuando ilusiones y empeños

acaben con mi andadura,

miradme en los más pequeños

rasgos de la sepultura:

Allí hallaréis la más pura

visión de todos mis sueños,

algo sutil que perdura,

que queda, que no se entierra

con la tumba o con la tierra.


65.UN SEGUNDO


Te busqué en el silencio de la tarde encalmada,

cuando el día se duerme y la luz se eterniza.

No encontré tu palabra bienhechora y amada

ni tu abrazo de bruma ni tu mano huidiza.


Sólo tuve un segundo la verdad descarnada

de sentirte...Y te hiciste polvo y viento y ceniza,

vaga sombra, ente vano, sigiloso reproche,

gigantesco suspiro malogrado en la noche.


66. SÓLO UN HOMBRE.


Espíritu confuso, vate zafio,

viajero vanidoso...Sólo un hombre

cansado de andar tanto...Un epitafio

por el camino que aún no tiene nombre.


67. VIENTO.


Sopla, sopla el viento

sobre la llanura

vasta, yerta y dura.

Yo sé de su acento.



Sopla el viento, sopla

sobre la piel ancha,

fuerte de La Mancha.

Yo sé de su copla.


Son viril, profundo,

misterioso, vario,

grande, libertario.

Viene de otro mundo.


Yo sé de su copla.

Yo sé de su acento.

Sopla, sopla el viento.

Sopla el viento, sopla.


68. RECUERDO.


Es un recuerdo apenas indecible,

algo que aún flota, manso, en el entorno,

como un ensueño, cálido, inasible,

como un rayo de sol, como el retorno

de una áurea primavera, ya imposible.


69. MUERTE


No ha de asustarme la muerte

como me asusta la idea

de dejarme la tarea

dura que me hace ser fuerte.


70.¡QUIERO...


¿Por qué la boca que calla?

¿Por qué la mano que implora?

¿Por qué la voz que no ensaya

nuevo rumbo, nueva aurora?


¡Quiero la humilde palabra

que nace en la recia boca!

¡Quiero la mano que labra

caminos sobre la roca!


71. ¿HASTA CUÁNDO?


Cada alborada que nace

lleva implícita una noche,

cada noche una alborada...

Y vuelta a empezar... Y, ¿a dónde?


Cada ilusión una muerte,

cada muerte una esperanza...

¿Hasta cuándo ha de durar

esta muerte que no acaba?...


72. SOSIEGO


El camino polvoriento

sube y sube por la roca.

Un roble añoso se aboca

desde la cima. Y el viento

susurra un azul concento.

Más abajo suena el río

por el olmedo vacío.

Todo: la roca, el sendero,

la encina, el río, el albero...

todo lo llevo por mío.


73.BREGA


A veces pienso que soy

solamente lo que valgo.

Lo mismo que ayer soy hoy:

Ansia perpetua que voy

luchando siempre por algo.


74. PRIMAVERA


Afuera de los cristales

suena con ira la lluvia.

Los primeros vendavales

preludian ya los umbrales

de la primavera rubia.


Otro año más el milagro

de la estación renacida.

Luz que me vienes, perdida

-¿de dónde?-. Yo te consagro

de nuevo mi fe dormida.



75. TARDE ABRILEÑA.


Con la tarde abrileña

que se muere en el chopo y en el álamo,

la palabra se duerme y busca el tálamo

de sombras del crepúsculo.


El alma solitaria sueña y sueña...

Tanta densa quietud contagia al músculo


(Algo dentro de mí se me estremece

con la cálida brisa.)

La ciudad está lejos. Oscurece.

No quisiera volver. No tengo prisa.


FE


Sola y desnuda naciste.

Desamparada creciste.

Y ahora viajas insensible

por este mar inasible

de verdades ilusorias,

de ideas contradictorias,

con paso inseguro, incierto...

¿Cuándo arribarás a puerto?

¿Cuándo encontrarás la luz?

¿Cuándo acabará tu cruz?


77. ELIXIR.


Corazón que no te cansas

de soñar ni de sentir:

¿Dónde hallas el elixir

que te va haciendo vivir

tantas ilusiones mansas?


Corazón que vas amando

cada hora con más afán

los años que se te van:

¿Hasta dónde y hasta cuándo?


78. MARZO.



La llanura es un mar verde

y el cielo un nítido cuarzo.

Las lluvias recias de marzo

han hecho brotar la flor

amarilla de las lindes.


Los gorjeos de las aves

suben con las brisas suaves

de la besana al alcor.



79. ¡OH, VEN SI HAS DE VENIR...


¡Oh, ven si has de venir! ¡No te demores!

La noche llega pronto y tengo prisa

que aún guardo para ti los cien temblores

de mi primera inédita sonrisa.


80. CALMA.

Por la vereda del río

-la tarde echada y el viento

derribando el sentimiento

de una perdida ilusión-

voy a solas, adelante...


Y se llenan con la calma

de la tarde rosa, el alma,

la pena y el corazón.


81. GRITO.


Es tanto lo que pierdo

por este ir y venir vano y finito

que soy sólo recuerdo...


¡Pero me queda el grito

duro que aún no he escrito!


82. APEGO


Caerse ahora y levantarse luego

-sobre el rostro la sangre ennegrecida

de tanta y tanta trágica caída-...


Y vuelta a comenzar...

¿Por qué ese apego

maravilloso y vano por la vida?


83. DESEO.


Quise ser un infinito

rayo de sombra, errabundo,

en un rodal de este mundo.

Quise ser una canción.

Quise pasar con las cosas

en un rebelde aleteo...

Y hoy sólo soy un deseo

que seca mi corazón.



84. CREPÚSCULO


El sol postrero de la tarde baña

de púrpura las hojas

ahiladas de los pinos y de rojas

desnudeces los olmos y los álamos.

Las aves, gorjeando en la maraña,

buscan los mismos tálamos

de ayer para dormirse.

Este bello y magnífico extinguirse

del día y de la luz llenan el alma

de sediciosa calma,

de un magno sentimiento de morirse...


85. DESESPERANZA.


Cuando se lleva tantos años

la soledad como bandera

no duelen ya los desengaños

y suenan muy lejos y extraños

los sones de la primavera.

Ya no se tiene la esperanza...

Sólo el sabor de la añoranza.


86. RENUNCIAS.


Todo lo voy dejando

de más por el camino:

Las glorias, los dolores,

las penas, los delirios,

las horas que se fueron

y las que no he vivido,

los sueños que he soñado,

lo que he sido y no he sido.

Todo lo voy dejando

de más por el camino


87. RECUERDOS.



Se van pasando los días...

Nos vamos haciendo viejos,

mujer, sin querer...¡Qué lejos

están nuestras fantasías!

¡Qué lejos nuestras porfías!

¡Qué lejos nuestros empeños,

nuestros amores pequeños...!

Pero está la dulcedumbre

de los recueros, la lumbre

de nuestros primeros sueños.



88. CAUTIVO.


Tengo preso el corazón

en la nube y en el mar...

Nunca quisiera dejar

de tener una ilusión,

de sentir y de soñar.


Tengo preso el corazón...

No quisiera regresar...

Es bueno a veces soñar

y sentir una ilusión

y ser cautivo del mar.


89. ¿DÓNDE VA...


¿Dónde va la fantasía

de nuestros sueños pequeños,

de nuestros mayores sueños?

¿En qué ignota lejanía

reposa la poesía?

¿Dónde vuela la canción?

¿Dónde acaba la ilusión?

¿Dónde, dónde están muriendo

las cosas que van haciendo

mejor nuestro corazón?


90. BÚSQUEDA.


Pobre alma mía, hermosa solitaria...

Te busco largamente y no te encuentro.

Grita, con voz que sea necesaria,

todo el caudal de amor que llevas dentro,

toda tu sana fe rudimentaria.


91. CUANDO VUELVAS


Te fuiste en un crepúsculo de abril,

furtivamente, sigilosamente, calladamente...


Te volviste hostil.


¡Qué solo me dejaste entre la gente!


Cuando vuelvas -si vuelves algún día-

regresa con el rayo azul del alba,

que no llegue la noche pronta y fría,

que pueda yo tenerte hermosa y salva


92. INSTANTE


Dame, Señor, más ojos

y menos muertes

para que aún yo pueda

sentirte y verte


como un milagro

de las recién nacidas

flores de mayo.


93. PERDÓN.


Escucha este humilde llanto,

que es el llanto de un amigo:

Perdón por amarte tanto,

perdón por soñar contigo,

perdón por tu indiferencia,

por este corazón loco

que no tolera tu ausencia,

que se muere poco a poco.


94. TUS OJOS.



Miras pasar los años

con los otoños duros

de tus ojos castaños,

hermosos aún y puros,


que en lágrimas deslíen

pasión, sentir, belleza...

Yo sé por qué no ríen.

Yo sé de su tristeza.


Yo sé de sus reflejos

de angustia y de dolor...

(Quedaron ya tan lejos

los días del amor...)


95. ANDADURA.


Andar hasta que queden

latidos en la sangre...

Sentir las brisas nuevas,

el sol inagotable,

sobre la piel antigua...


¡Señor: que no se cansen

los pies ni la mirada,

los huesos ni la carne!


96. REMEMBRANZA.


La mirada se me pierde

por la roqueda amarilla,

por el camino de arcilla

y por la vereda verde

que festonea la orilla

del río. Cuántos y cuántos

recuerdos casi dormidos

van ahogando mis sentidos

de dulces, tiernos y santos

acentos recién nacidos.


97. AMOR PERDIDO.



No volverá -lo sé-

no volverá el amor

de nuestra edad mejor...

Pero te soñaré

como antes te soñé.


Tú -que comprenderás-

también me soñarás.

Amémonos así...

Se fue nuestro amor, sí.

No volverá jamás.



98. LLAMADA.


Te busco y no te encuentro,

sobre el celaje o en la blanca nieve

de la montaña o dentro

de la laguna, leve,

como un rayo de sol que no se atreve

a conturbar tu sueño.

Te llamo y se me mueren las palabras

en tan dolido empeño...

¿Podré esperar a que abras

surcos de amor en la aridez que labras?


99. RUTINA


La vida es como un junco que se trunca

zarandeado por los viejos vientos

cansados, rutinarios, sin acentos.

Vientos que pasan y no vuelven nunca...


Y allí se queda para siempre, endeble,

roto y hastiado, ansiando el sol de lejos,

ese rayo de sol gratuito y feble

que ha de alumbrarme mis otoños viejos.


100. SUEÑO


Si en sueño bendito resurgiésemos

tú y yo, como en un tiempo, para amarnos...


¡Ay, si otra vez pudiésemos

volver a enamorarnos,

sentir colmado el corazón de risas,

dichosa la mirada,

la tez plena de brisas...!


¡Ay, si otra vez volviese, reposada,

nuestra primera mágica alborada!


101.MUSA



No pases a mi lado

fingiendo adioses

si sabes que me dueles

en mis canciones,


si eres el verso,

la luz y la palabra

de mi ancho sueño.


102. NUNCA HE TENIDO NADA.


Nunca he tenido nada y nada tengo

y sé que nunca he de tener ya nada.

Renuncio a comprender de dónde vengo

y a dónde voy. Se cansan la mirada,

la fe y el corazón. Pero me asombra

tan ciega y entusiástica porfía

del alma por la noche y por la sombra,

buscando, desesperanzada, el día.


103. PRIMAVERA.


Ya siento cómo florecen

las rimadas amapolas

entre el mar de verdes olas

de los trigales que crecen.

Ya siento cómo se mecen

los pinos de la llanura,

mimados por la ternura

de brisas renovadoras.

Ya siento un batir de auroras

sobre la besana dura.


104. DESPIERTA.


Despierta que ya es de día,

que ya despunta la aurora...

Despierta ya de tu sueño.

Levántate que ya es la hora


del sol que se afinca dentro,

tan definitivamente,

que no se sabe si es sol

de vida o es sol de muerte.


El espíritu se duerme

sin fuerzas, en la materia.

El corazón llora, inerme...


¿Qué ha de venir a moverme

de este sueño de miseria?


105. OLVIDO.


Se pasará la vida.

Se nos vendrá la noche con su velo

negrísimo. Y la bruma

nos cubrirá los ojos con la pluma

de una nostalgia suave, incomprendida.


Tú te me irás ligera

para ser sólo un átomo del cielo.

Y yo me quedaré en el ancho suelo,

mirándote partir.


Solos los dos. Será el triste morir...

Tú, en el azul, y yo, en la paramera.


106. ETERNA SOLEDAD.


Si pudierais cerner en un cedazo

maravilloso toda mi verdad,

iríais recogiéndome, pedazo

por pedazo, mi augusta vaciedad

-vaciedad solamente, sin regazo

donde apoyarse-... Sólo soledad.


107. DOLOR.



Ave inquieta revolando

por la tarde de granizo,

con un ala rota, dando

tumbos locos, vacilando.

Ella ignora quién le hizo

tanto daño y pía, pía,

el cielo gris, intenso,

frío, denso. ¿Por qué pienso

sin remedio en ti, alma mía,

viendo su dolor inmenso?


108. PASIVIDAD.


El espíritu se duerme

sin fuerzas, en la materia

El corazón llora, inerme


¿Qué ha de venir a moverme

de este sueño de miseria?


109. PASAR Y NO REGRESAR


Río que nunca desmayas,

apátrida y errabundo

viajero fácil de un mundo

hecho de amores y playas...



Siempre pasar y pasar

-alma que te quiero río,

río que te quiero mío-

Pasar y no regresar...


110. ¿DÓNDE VAS...



¿Dónde vas desamparada,

pudibunda, temerosa,

débil, leve mariposa?

¿Hasta cuándo volarás?


Alma errante, aventurera,

de sentires peregrinos,

soñadora de caminos

solitaria, ¿dónde vas?


111. AGUACERO

Aguacero caliente,

sirimiri de mayo,

lluvia nueva que enloda

los caminos del llano,

lluvia buena que hará

que florezcan los campos,

lluvia fértil que cala

tierra y alma, milagro

de la piedra, del surco,

de los secarrales blancos.



A L B A C E T E .

S E T I E M B R E 1 9 7 7 - M A Y O 1 9 7 8
















Pasé una vez -mis pasos no se oyeron-

cien veces, mil...y no sabré jamás

si me dejé jirones de mis sombras,

si me llevé -no sé- su soledad.


(Del libro SOLEDAD 1959)



TUS MANOS.


Dos fragantes azucenas

de románticos aromas,

dos alígeras palomas

en el cielo encantador,

dos luceros que acarician,

dos copos níveos, livianos:

Eso son tus tibias manos...

Nidos cálidos de amor.



SEGUIDILLA


Dame un copo del fuego

que yo te pido;

no me niegues un algo

de tu cariño,


pues sabe, amor,

que es un poco de todos

el corazón.


(Del libro EL FUEGO Y EL FRÍO Julio- Agosto 1963)


MI PRIMAVERA.


Brotará una nueva primavera,

como todos los años, puntual...

La intuyo en el viento

que sopla en la llanura…

Pero, ¿dónde estará mi primavera

-la mía solamente-

la que hacía crecer cien flores nuevas,

cien sonrisas, cien rimas, en mis manos?


(Del libro ANDAR 1972-1973)


AL FUEGO


Flamívoma la entraña, inconsuntible

la lengua, el corazón armipotente

y el halo una corona flavescente,

aurígera, giróvaga, inasible.


Eres el Fuego acrónico, irascible,

del cosmos increado e ignescente,

eres la férula reviviscente,

letífera, del báratro terrible.


Eres pálpito y luz. Nunca reposas.

Eres la propia esencia de las cosas,

a un tiempo dulcedumbre y desabor.


Estás en la materia, vivo o inerte,

hostil e insuave, pero redentor.

Lo mismo das la vida que la muerte.


(Del libro SONETOS IMPROMPTU 1980-1981)


LA FRANCESA


La chica de ojos castaños,

menuda, vivaz, inquieta,

simpática y pizpireta,

tiene sólo veinte años.


La chica a todos agrada.

Reparte besos, cariños,

saludos, risas y guiños.

Para mí no tiene nada.


SANTANDER


MARINA.

Una bruma

pertinaz

desdibuja el

litoral.

Las barquitas

-tris, tris, tras-

bambolean

en el mar

sus panzuelas

de argentán.













El musgoso

roquedal

de la playa

de cristal

muestra al frío

bajamar

su desnuda

soledad.


Cielo y bruma

bruma y mar,

se confunden

más allá.

Hay un torpe

revolar

de gaviotas

-tris, tris, tras-

en la brisa

matinal.


(Del libro ESTAMPAS 1981-1982)


¿QUIERES DECIRME...



¿Quién te ha dado, chiquilla

-¡son tan preciosos!-

esos trozos de cielo

que son tus ojos?


¿Quién te ha puesto esas rosas

de sangre y fuego

palpitando en el nácar

de tus dos pechos?


Dime, ¿quién ha podido

ser artesano

de esas breves palomas

que son tus manos?


¿Quién, reina, ha modelado

la maravilla

de tu desnudo cuerpo

de diosa altiva?


¿Quieres decirme, niña

bella y graciosa,

nereida de los mares,

quién te hizo toda?


(Del libro RIMAS POLICOLORES 1982-1983


LA RONDALLA.


El son de una tonada

gentil me ha desvelado.

Las dos de la mañana.


Hasta mi lecho llegan

cien risas rebotadas

en la íntima calleja.


Postigos entreabiertos.

Batir de celosías

Palabras. Cuchicheos.


Detrás de las ventanas

-hervor de camisones-

están las colegialas.








Y bajo los balcones

-hervor de terciopelos-

están los rondadores.


(Del libro LOS CREPÚSCULOS DEL ALMA…..1983)


MONASTERIO DE VALVANERA



Extraviado en el erio

de la sierra pinariega,

lleno de paz asperiega,

celícola, austero, serio,

se levanta el Monasterio

de Valvanera. La lumbre

de agosto dora su cumbre.

Más abajo, el Najerilla,

recita su tonadilla

secular de reciedumbre.


RIO GENIL.


Nacido altivo y montés,

señor de Sierra Nevada,

se hace piropo en Granada,

cantar en Loja y, después,

en Córdoba, cordobés,

y en Écija, sevillano,

para entregarse en el llano

de Palma del Río al río

Guadalquivir. ¡Oh, bravío

río Genil soberano!


(Del libro INFINITA VOZ 1983-1984)


MIEDO


No me olvidéis. Me aterra

tanto el olvido...

Queredme por lo mucho

que os he querido...


Soñad mis sueños...

No me dejéis a solas,

no, con mi miedo.


SUEÑOS


Placían los silencios.

Anochecía.

Temblaban en mis manos

tus manos frías.


Reverdeceres

del corazón, que sueña

lo que no tiene.


(Del libro A SOLAS CON EL SENTIMIENTO 1984-1985))


TE AMÉ...



+Te amé, mujer, con un amor tardío,

mordido, cruel, por las desconfianzas,

con un amor casi sin esperanzas

que, a poco de nacer, ya no era mío.


Hoy, que ya no te agitas en el frío

que hiela el miedo de mis remembranzas,

te evoco y te haces en mis añoranzas

un ente amorfo, lánguido, vacío...


Y no hay rencor, no hay odio. Es que los años

borran recuerdos y sepultan daños.

Mas si otra vez viviera esos instantes


de dulce desamor y difidencia,

sabe que, con la misma vehemencia,

yo volvería a amarte como antes.


(Del libro BRUMAS DE IRREDENCIÓN 1996-1997


CUATRO COMPOSICIONES IMPROMPTU.


I. AGONÍA.


Yo no hubiera querido

verte en tan duro trance

y no pude apartar de ti mis ojos...

Nunca podré olvidar aquel instante

en el que te marchaste para siempre.

¡Nunca, nunca podré olvidarlo, padre!

Tu pecho marfileño, sudoroso,

hundido, jadeante,

tu boca abierta, inmensamente abierta,

buscando un poco de aire,

tus brazos fláccidos, hinchados, laxos,

tu rostro agonizante,

tus ojos, ya eternalmente cerrados...

¡Nunca, nunca podré olvidarlo, padre!


Sanatorio del Rosario. Albacete.

27 Enero 1999. 22:10 h.


II. TANATORIO.


Ese rostro de cera

que parece escaparse de la urna,

ese gesto sereno

y tranquilo y esa pálida túnica

que recubre piadosa

tu cuerpo macerado por las úlceras...

¡Si hasta estás guapo, padre,

en tu lecho postrero de alburas!


Tanatorio Municipal. Albacete.

28 Enero 1999. 6:30 h.


III. EL BESO.


Posé mis labios cálidos

sobre tu frente fría como el hielo,

recién sacado, padre,

de la urna de cristal tu cuerpo yerto.

Era mi beso fiel de despedida,

mi beso singular, mi último beso.

Cayó la tapa oscura

sobre tu féretro con golpe seco

y no pude evitar que el corazón

se me encogiera adentro,

que una congoja artera

se deshiciera en un llanto sincero.


Tanatorio Municipal. Albacete.

29 Enero 1999. 10:30 h.


IV. DESPEDIDA.


Aquí te entrego, madre,

después de tantos años,

el cuerpo de mi padre, de tu esposo.

Te lo he estado cuidando

como me lo pediste,

con un mimo deífico diario.

Os dejo juntos, compartiendo el mismo

recinto funerario,

para que no estéis solos.

Madre, dale tu mano

y sé su norte y guía en ese mundo

que aún no conoce, oscuro y solitario.

Yo ya he cumplido mi misión terrena.

Sólo puedo llorarlo.


Cementerio Municipal. Albacete.

29 Enero 1999. 12:00 h.


(Del libro OTROS VEINTE POEMAS DE DOLOR Y MUERTE…1999)












ALBACETE, ABRIL 2017





















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