Excerpt for Letras al crucificado by , available in its entirety at Smashwords

Letras al Crucificado







Jared Alemán Galván

Daniel Enrique Alvarado Guzmán

Samuel Alvarado Guzmán

Gibrán Dávila Alemán

Rafael Flores Maldonado

Velia García Arriaga

Francisco Huerta Torres

Acsa Medellín Escalante

Belem Pardo Fuentes

Aarón D. Ruiz

Adarely Ruiz González

Manuel Antonio Sáenz Salgado

Sharon Torres Olguín

Alonso Ulloa Contreras



Derechos Reservados 2018 ©



Letras al Crucificado ©



Jared Alemán Galván, Daniel Alvarado Guzmán, Samuel Alvarado Guzmán, Gibrán Dávila Alemán, Rafael Flores Maldonado, Velia García Arriaga, Francisco Huerta Torres, Acsa Medellín Escalante, Belem Pardo Fuentes, Aarón D. Ruiz, Adarely Ruiz González, Manuel Antonio Sáenz Salgado, Sharon Torres Olguín, Alonso Ulloa Contreras. ©



Publicación independiente

Colectivo Dirígenos

http://dirigenos.wordpress.com

Guadalupe, Nuevo León, México.







Todos los derechos reservados. Este libro contiene material protegido por las leyes y tratados federales e internacionales. Cualquier reproducción o uso de este material sin autorización queda prohibida. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida en ninguna forma o manera, electrónica o mecánica, incluida la fotocopia, grabación, o por cualquier sistema de almacenaje de datos, sin la previa autorización de cada autor.



Dedicado al movimiento estudiantil de la CIEE que nos unió y nos animó a tener la valentía de esperar e intentar grandes cosas por Dios.



Contenido

Prefacio

Letras al Crucificado

Velia García Arriaga

Redescubrir a Jesús

Mirando arriba

Orando y preguntando

Sharon Torres Olguín

Jesús y la niña

¿Dónde te encuentro?

Preguntas con y sin respuesta

Samuel Alvarado Guzmán

Ser como niños

Ayúdame, oh Cristo

A veces me quejo, pero estoy igual

Rafael Flores Maldonado

Humildad

Perdonar

No entiendo

Manuel Antonio Sáenz Salgado

Ser hombre como tú

De amor sí se vive

Que tu cruz signifique todo

Jared Alemán Galván

Gracias Jesús

¿Seré yo?

Tú, Jesús

Gibrán Dávila Alemán

¡Que lo sepa el mundo entero!

¿Por qué me has abandonado?

Misionero

Francisco Huerta Torres

Sin merecerlo

¿Estás aquí?

Incluso ahí

Daniel Enrique Alvarado Guzmán

Avanzo sin saber a dónde voy

Ayúdame a recordar

Más camino, más te conozco

Belem Pardo Fuentes

¿Quién es este hombre?

Restaurados para restaurar

Sueños de ceniza

Alonso Ulloa Contreras

Sentido y vida bajo el sol

Ser más como tú

En tus manos encomendamos nuestro espíritu

Adarely Ruiz González

Semillita de amor

Tus siervos

Poca cosa

Acsa Medellín Escalante

Gratitud

Tu voluntad

A mi amigo

Aarón D. Ruiz

Confieso

¿Por quién me decido?

¿Dónde Señor?





Prefacio

¿Cómo puede ser posible que tantas personas, que son tan diferentes entre sí, estén colaborando para un proyecto como éste?

Bueno, hay dos cosas que cada uno de los autores de esta antología tienen en común:

La primera es que todos se conocieron al participar en un movimiento cristiano llamado “Compañerismo Estudiantil”.

Este se encarga de organizar grupos pequeños de estudio bíblico en las escuelas, preparatorias, y universidades de todo México con el propósito de que cada persona pueda conocer a Jesús de manera personal a través de las escrituras.

Algunos de nosotros llegamos a “Compa” a escuchar por primera vez de la historia de la Biblia y de la vida de Jesús; otros, como creyentes apáticos y hasta desconectados de su fe; y aún otros, como simpatizantes y asistentes de iglesias de diferentes tradiciones cristianas.

Sin embargo, todos podemos darle gracias a Dios por encontrarse con nosotros en los pasillos de la escuela con un sencillo grupo pequeño de compañeros y compañeras honestos.

La segunda cosa que tienen en común es que todos ellos son autores en un blog colectivo llamado “Señor Dios, dirígenos”.

En este sitio, cada uno contribuye con textos de todos tipos -reflexiones, críticas, poemas, oraciones, artículos de opinión, etc.- para compartir, a través de los medios electrónicos, lo que significa vivir la vida como estudiantes, graduados, y empleados que siguen a Jesús e intentan darle gloria con su caminar.

Este proyecto funciona gracias a unas cuantas letras, escritas con mucha honestidad, que tienen la esperanza de inspirar a otras personas a sumarse a la causa de la escritura; pero más importante, a sumarse a la causa de una fe cotidiana y transparente.

Los autores entienden que este es un gran desafío, pues aún ellos sufren y luchan por abrir su vida ante quien sea que lea, pero están convencidos de que vale la pena perseguir tal causa.

Sólo el mensaje de Cristo pudo habernos reunido aquí.



Letras al Crucificado

En cierta manera, este libro es una extensión natural del trabajo que hacemos en “Señor Dios, dirígenos”; pues esta es una colección de textos escritos de manera personal, íntima, y honesta acerca de Jesús, el crucificado.

Entre quienes escribimos estas letras, hay estudiantes, prestadores de servicio social, graduados, voluntarios, músicos, misioneros, y empleados que tienen la fortuna de poder experimentar la vida de maneras muy distintas los unos de los otros.

Algunos pertenecen al área de las ciencias exactas, otros a las ciencias sociales, y hasta de las ciencias de la salud. Además, somos de escuelas públicas, de escuelas privadas, y hasta de escuela en casa; y todavía más, vivimos en diferentes ciudades de México.

En esta pequeña obra, podrás encontrar una increíble variedad de perspectivas y experiencias de vida que están siendo transformadas por una misma persona: Jesús, el crucificado.

Además, este libro está compuesto por una colección interesante de tipos de textos... poemas, reflexiones, oraciones, canciones, y otros más.

Con mucha emoción, cada uno de nosotros y nosotras quisiéramos invitarte, no sólo a encontrarte con el Maestro en las hojas de esta antología, sino a escribir tú mismo… a escribirle letras al crucificado.

Soli Deo Gloria.





Redescubrir a Jesús

Puedo cantar canciones que alaben tu nombre,

Puedo enseñar a otros las cosas que me han dicho de Ti,

Puedo leer y memorizar versículos una y otra vez,

Y pensar que así ya te entiendo y te conozco Jesús.



Creo que eso hice mucho tiempo,

Hasta que me llamaste,

Y ahora trato de redescubrirte,

Sé que tú haces la mayor parte al revelarte,

Y me enseñas que seguirte no se trata de mí o de mi "puesto",

Porque vivir el Evangelio no es una rutina,

Tú me invitaste a salir de ella.



Sé que varias veces emocionada te he respondido:

"Estoy aquí. Envíame a mí a donde tú quieras."

Y luego temo perder y que las cosas no salgan como yo quiero.



Pero Jesús, tú que me has dicho

que no cuente las veces que perdono a los demás,

Pacientemente me vuelves a invitar a la nueva vida,

a cargar mi cruz.



No es fácil. Es cansado, suelo quejarme mucho y llorar también.

¡Pero tú eres fiel siempre! ¡En ti hay esperanza!

Y así poco a poco voy redescubriendo a Jesús.

Mirando arriba

Ya no podemos vivir así,

Rodeados de muerte,

Viviendo esta vida que muere.



Nosotros estamos cansados

De ser consumidos

Por las consecuencias de nuestro pecado.



Nosotros estamos dolidos

De ver a nuestros seres queridos

Lentamente quedarse dormidos.



Nosotros estamos hartos

De que por nosotros mismos

No podamos cambiar.



Nosotros estamos desesperados,

¡Escucha nuestro llanto!

Mira nuestro corazón deshecho.



Nosotros te necesitamos,

Ven a darnos vida,

Que nos morimos.



Nosotros que clamamos,

¡Venga tu reino!

Más que nunca te rogamos.



Que nos tengas misericordia,

Que nos soples tu aliento de vida,

Que nos restaures por dentro y por fuera.



Nosotros no podemos

Más que mirar hacia arriba,

Buscar en ti la esperanza de vida.



Que en Ti está escondida.



Enfermedades destructoras, lentas cual serpiente,

Familias destrozadas,

Que insultan su propia simiente.



¡Venga tu reino!

Nosotros te necesitamos.

¡Venga tu reino!

Nosotros a ti nos entregamos.

¡Venga tu reino!

Nosotros por ti vivimos.

¡Venga tu reino!

Nosotros te amamos.

¡Venga tu reino!

Nosotros te rogamos.

¡Venga tu reino!

Nosotros solo a ti Señor te adoramos.

Orando y preguntando

Padre Nuestro, líbranos del mal.

Padre Nuestro, que no nos falte nada.

Padre Nuestro, perdónanos.



Padre, tengo una pregunta:

¿Cómo llega a ti mi oración?



A Ti, que siempre estás ahí para escuchar.

A Ti, aún cuando mis propias palabras me hacen dudar.

A Ti, porque parece que mis acciones van a estorbar.



Padre, tengo una pregunta:

¿Cuándo llega a ti mi oración?



A Ti, que has escuchado cada lamento de la humanidad.

A Ti, que sabes bien lo que te pido desde ayer.

A Ti, porque a veces siento que estoy esperando de más.



Padre, tengo una pregunta:

¿Por qué llega a ti mi oración?



A Ti, que a veces parece que no entendiste lo que te pedí.

A Ti, aunque en ocasiones sólo pido para mí.

A Ti, porque en realidad no hay nadie más a quién acudir.



Padre, tengo una pregunta:

¿Cómo es que me tardé tanto en entender?



Que Tú, estás siempre a mi lado,

Que a mí, se me olvida que sigues aquí,

Que no hay nada que te impida entender,

Que en nuestra conversación es diferente el tiempo,

Que aunque mi última acción aquí sea pedir algo,

Cuya respuesta no he alcanzado a ver,

Tú, como siempre vas a responder.



Aunque mis ojos testigos ya no puedan ser,

Aunque mi alma pase a desfallecer,

Padre, Tú permaneces siempre fiel.





Jesús y la niña

Querido Jesús:

Quiero ser como esa niñita que jugaba a ser tu familia, como viviendo la invitación que nos haces a ser tu madre y tus hermanos; y así, habitar Tu casa, Tus infinitos espacios; amarlos, procurarlos.

Como ella, que jugaba a decir la verdad, con todo y lo que ello implicara; que se permitía jugar con otros y otras, sin exclusiones ni violencia.

Que jugaba a escucharte dispuesta, sin cerrar el corazón; como cuando se juega a las enfermeras y pacientes, dispuestas a ser sanadas, aunque implique dolor.

Que jugaba a preguntar, sin vergüenza por no saberlo todo.

Y también que jugaba a cuestionar su mundo, sus formas, su gente, su todo, sin miedo de que sus seguridades se tornaran vulnerables.

Y no tomes a mal cuando digo que quiero ser como esa niña y “jugar” porque no lo digo como algo que sólo quisiera hacer de 5 a 7; porque esa niña se tomaba en serio su juego, porque era su tiempo, su espacio, su momento y en él encontraba libertad.

Jesús, qué difícil.

Pero sí, quiero ser como esa niña: franca, libre, amorosa y que no pretende saberlo todo.

La niña que algún día fui: la que veía con amor, la que defendía al niño que era acosado en su escuela, la que veía y escuchaba sin morbo, la que, aunque con envidia, se permitía reconocer a otras, y la niña que de corto entendimiento, ansiaba entender Tu Reino y permitirse preguntar y cuestionar mucho.

¿Dónde te encuentro?

En las lágrimas de las madres de Ayotzinapa, porque su dolor es el tuyo, porque Tú no solapas la desaparición de los tuyos.

En las risas de Yolanda, porque su risa es Tu alegría, porque las niñas y niños de Los Chorros, Chiapas, en medio de injusticias, viven con gozo.

En los ojos de Prescilia, porque su esperanza es tu esperanza, de encontrar a su esposo, porque tú detestas la opresión de los poderosos sobre los pueblos.

En el abrazo de aquellos que a pesar de no haber conocido el abrazo de un padre amoroso, extienden sus brazos para dar. Porque tú nos hiciste madre, padre y hermanos tuyos.

En el cuerpo de los enamorados, porque como tú, apuestan por la transformación y sanación que puede generar el amor a través del beso, el abrazo y la palabra.

En el caminar de Latinoamérica, que va a cuestas con un vecino difícil, porque Tú no excluyes Tu amor y Tu conocimiento para darlo todo a sólo un pueblo.

En Ti, Dios que lloras, Dios que ríes. Nuestro lamento y alegría son tuyas.

En Ti, Jesús que amas, Jesús que abrazas. Nuestro amor nace de Tu Paternidad y Hermandad.

En Ti, Espíritu que diriges, Espíritu que caminas. Porque compartes Tu sendero con el nuestro; y al dolerte, al llorar, al reír, soñar, luchar a nuestro lado, te haces pueblo y común-unidad.

Preguntas con y sin respuesta

Jesús, aquí me tienes otra vez, con inquietudes y preguntas con y sin respuesta.

Intentando entender la adoración y la diversidad de ella en tu pueblo.

Porque domingo tras domingo cantamos: “abre mis ojos, oh Cristo, abre mis ojos te pido, yo quiero verte”

Con las manos extendidas como intentando alcanzar el cielo, – porque parece que siempre estás allá y no acá –

Con los ojos cerrados y bien apretados – ¿por qué pedirte entonces que los abras, si voluntariamente nos cerramos a ver-te? –

Y después, salimos de la iglesia y pasa el domingo. Llega el lunes, sinónimo de pesadilla en mi cultura y con él, pasa la semana.

Nuevamente domingo. Nuevamente ese canto, y con él, el llanto, el aislamiento y la culpabilidad por pensar que Cristo no se hace visible ante nosotros…

Por eso, Jesús, a veces creo que tenemos amnesia y ceguera voluntaria. Porque no recordamos tus palabras ni tu actual presencia en este tu mundo:



Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer;

Tuve sed y me dieron de beber;

Fui forastero y me dieron alojamiento;

Necesité ropa, y me vistieron;

Estuve enfermo, y me atendieron;

Estuve en la cárcel, y me visitaron.”



Entonces, enséñanos a tener memoria y ver-te bien. Porque tú sí estás aquí.

Palpable, caminante.

Presente y visible.

Buen Jesús, gracias por revelarte y enseñarnos a amarte a través de una comida compartida, un refresco, un abrigo, una posada, una visita.





Ser como niños

Estaba con dos niños, no hace mucho, pasando tiempo con ellos y compartiendo de la Biblia.

Recuerdo que mientras platicábamos de la vida de Jesús, uno de ellos me detuvo y me preguntó: “¿Samuel, en qué idioma habla Dios?”

Yo me quedé callado y me puse a pensar que no tengo una respuesta certera, sino que puede que Dios hable todos los idiomas, o realmente… pues no sé.

Ese momento me hizo reflexionar sobre lo que yo pienso de Dios, sobre cómo es que yo creo ya saber muchas cosas sobre él, y que no me atrevo a hacer preguntas que pudieran ser muy “infantiles”.

Fue entonces que recordé a Jesús cuando le dijo a sus discípulos que tienen que ser como niños para entrar en el Reino de Dios, y me doy cuenta de que esa pregunta, por más sencilla o simple que parezca, revela que la sencillez, la humildad, y la inocencia que tiene un niño puede ser a lo que Jesús se refería.

Eso me hizo hacerme varias preguntas:

¿Cómo es realmente Dios?

¿Realmente conozco a Cristo?

¿Cuántas cosas más estoy asumiendo que ya entender?

Ayúdame, oh Cristo

Padre celestial en ocasiones es incómodo compartir de ti, de tus buenas noticias, de quién realmente tú eres.



Ayúdame a que aún en los momentos incómodos pueda ver tu bondad.

Ayúdame a que aún y cuando cansado yo esté pueda tener fuerzas para ayudar al que tiene necesidad.

Ayúdame a escuchar cuando realmente no quiero escuchar, y a aprender cuando creo que ya lo sé todo.

Ayúdame a ser humilde cuando en ocasiones creo que tengo la razón y parece que gané un debate, pero en el debate alejé más a la otra persona.

Ayúdame a compartir, pues en ocasiones soy egoísta y sólo pienso en mí mismo.

Ayúdame a confiar en ti cuando te hago a un lado y creo que yo tengo el control de todo.

Ayúdame a no ser ansioso y esperar en lo que venga, siempre confiando que tú siempre estarás conmigo, porque tú lo prometiste, oh Dios, y tú siempre eres fiel a tus promesas.

Ayúdame, oh Cristo, a ver como tú ves y a amar como tú lo haces.

A veces me quejo, pero estoy igual

Muchas veces leemos cuando Pedro niega a Jesús, o cuando los fariseos le hacen preguntas a Jesús para verlo caer o para retarlo.

Realmente muchas veces veo esas conductas y digo: “Están viendo y no ven; tienen a Jesús en frente y aun así hacen preguntas para retarlo; no creen en él; no confían en su poder; esperan ver cosas más impactantes siendo que Jesús no ha dejado de mostrar cosas increíbles a cada momento”.

Y después de haberme sentido bien por no ser como los fariseos, como Pedro, como la gente que niega o se burla de Jesús, es entonces cuando me doy cuenta de que estoy igual; de que en ocasiones yo mismo debería ser llamado fariseo por lo religioso que soy, o que debería de llamarme Pedro porque en ocasiones niego a Jesús enfrente de la gente, por miedo a lo que digan o lo que suceda después.

Dios me perdone y me ayude a ser humilde, a tener gracia a la hora hacer un juicio por el comportamiento de una persona, siendo que muchas veces estoy igual para con Dios.

A veces Dios muestra su grandeza cada día y yo digo que Dios no ha sido fiel; o que la gente que no hace las oraciones o cree como yo está mal, siendo que cuando hago eso realmente soy un religioso y no soy como Cristo… sino como aquellos que lo crucificaron.





Humildad

Se ha vuelto muy fácil para mí señalar a los demás y creer que soy mejor que ellos.

Creo que tengo la razón, a pesar de mis fallas constantes, de las que estoy consciente.

¿Te pasaba lo mismo a ti, Señor?

Cuando te enfrentabas a los escribas y fariseos, ¿te sentías altanero?

Me parece, más bien, que lo hacías con el afán de enseñar y no de pisotear.



¡Ayúdame, Señor!



Que cuando hable no sea para sobresalir, porque ni siquiera tú que tenías la autoridad para hacerlo, lo hacías.

Perdonar

¿Qué significa perdonar?

Creo que el mejor ejemplo lo encontramos en los niños:

Se olvidan inmediatamente de que sus papás los regañan, y ya están jugando con ellos otra vez y pidiéndoles agua y comida.

Nosotros no tenemos nada que perdonarte; al contrario, tú nos perdonas y nos das, a veces sin que te lo pidamos, agua y comida.



¡Gracias por perdonarnos, Señor!



Y gracias por siempre vernos como un padre cariñoso que vela por nuestro bien.

No entiendo

No entiendo cómo nos miras, Señor.

No entiendo qué fue lo que te hizo morir por mí en una cruz.

Hacerte maldito por alguien como yo.

¿Cómo puedo yo mirar a mi hermano de la misma manera que tú nos miras a nosotros?

¿Cómo entender lo que sentiste en la cruz?

No entiendo cómo alguien como yo puede ser amado por alguien como tú. Creo que yo despreciaría a alguien así.

Sigo pensando que quizá cometiste un error; que quizá no era yo a quien de verdad querías de tu lado, porque no puedo seguir tus mandamientos.

Pero pienso también que esa es tu obra en mí: ir perfeccionando cada día mi forma de ser, mi forma de actuar.

Quizá no tenga que entender nada, sólo agradecer.





Ser hombre como tú

Dios, el ser humano es algo bastante complejo, a decir verdad, muchas veces no sé exactamente cómo debería hacer las cosas; cómo debería decirlas, qué debería pensar al respecto de algún suceso particular, o cómo he de intervenir en tan diversas situaciones.

Sin embargo, a pesar de todo eso, el conocerte no me permite quedarme de brazos cruzados, o vivir la vida como si no tuviese sentido alguno.

El conocerte, Señor, genera en mí el deseo de poder aprender; aprender a amar, aprender la compasión, aprender a perdonar, aprender a ser amigo, aprender a servir, aprender a humillarme antes que a exaltarme, aprender que nos amas sin límite alguno.

Y es de ti, Jesús, de quien he de aprender; no hay título universitario, certificación, o diploma que muestre algo que he aprendido que pueda compararse con una vida que sea reflejo de la tuya.

Y es bastante notorio cuando se ha aprendido de ti, Maestro, pues en el mundo hay tantos que pretenden enseñar, pero lo que enseñan genera solo amargura, infelicidad, e insatisfacción.

En cambio, tú enseñas plenitud de vida; que consiste en darse a los demás.

Por favor, Maestro, enséñame a ser un hombre como tú.

De amor sí se vive

Señor, hay algo que he escuchado estos días, algo que me confunde a la vez que me entristece y me parece terrible:

La gente dice “de amor no se vive”, y añaden “mejor busca ser alguien en la vida”.

Pero, Señor, si no se vive de amor, ¿entonces de qué más se puede vivir?

He aprendido que la falta de amor engendra la perversidad; la ausencia del cariño no hace más que destrozar las vidas de los demás; donde no hay amor se vuelve imposible vivir plenamente; sin amor nada somos.

Parece ser que hemos llegado a creer que el amor es completamente sustituible, Señor. Y claro, Jesús, eso se debe a que te hemos ignorado una y otra vez; hemos ignorado y olvidado que tú, vez tras vez, nos enseñaste que la única manera verdadera de vivir es amando.

Tú viviste amando a los extranjeros, a los pobres, a las mujeres maltratadas, a los marginados, a los niños, y aun a quienes te mataron.

Quizá, Señor, sea que tengamos miedo a amar, y resultar no ser amados; pero eso, Señor, jamás te detuvo… tanto así, que hasta la muerte viviste amando.

Enséñanos, Señor, a vivir de tu amor.

Que tu cruz signifique todo

Jesús, si algo te pido es que este mundo, tan herido, tan enfermo, y tan necesitado, pueda ser visto y entendido a través de tu cruz.

Que pueda ver y generar esperanza para las mujeres que sufren violencia día tras día; que surjan palabras de aliento para quien lo ha perdido todo por las circunstancias de la vida; que brote vida del tiempo que se entregue a los demás; que no me olvide que has dado la vida, aun por quien jamás incluiría en mis oraciones debido a su maldad.

Que tu cruz lo signifique todo, Jesús, y que no me olvide que fuiste tú quien marcó el camino, quien derramó la sangre que representa una segunda oportunidad para todos; que fuiste tú quien sufrió la asfixia, no solo por estar clavado en la cruz, sino por ver como el mundo que creaste te daba la espalda con crueldad.

Pero que, aun así, tu amor no terminó, ni terminará jamás.

Que tu cruz lo signifique todo, Señor; que me haga vivir recordando tu perdón, y la paz que da; que el perdón se ofrece a todos, y que abres tus manos para rescatarnos y amarnos a todos por igual.





Gracias Jesús

Gracias Jesús,

Por hacerte hombre,

Por compartir las buenas nuevas,

Por morir en la cruz.



Gracias Jesús,

Por levantar misioneros valientes,

Líderes que impactan nuestras vidas,

Asesores que nos guían.



Gracias Jesús,

Porque nos das Tu Palabra,

Por los estudios bíblicos,

Por tu obra en nosotros.

¿Seré yo?

¿Seré yo, Jesús, el indicado para guiar a Tu pueblo como Moisés?

¿Seré yo, Jesús, quien pueda enfrentar a los profetas de Baal como Elías?

¿Seré yo, Jesús, el que llevará Tu palabra a los menospreciados como hizo Pablo?



No lo sé, Jesús, si guiaré a Tu pueblo.

No lo sé, Jesús, si enfrentaré a falsos profetas.

No lo sé, Jesús, si llevaré Tu palabra a otras partes del mundo.

Pero sé, Jesús, que dónde Tú me pongas haré Tu voluntad.



Ya sea otro país,

Ya sea otra ciudad,

Ya sea mi universidad,



Daré a conocer Tu Palabra.

Tú, Jesús

¿Señor, por qué nos has abandonado?

¿Por qué nos dejas pasar esta copa de corrupción e inseguridad?

¿Quién nos librará de la burla del enemigo?



Tú, Jesús, que te hiciste humano.

Tú, Jesús, que moriste por nosotros.

Tú, Jesús, que nos salvaste sin merecerlo.



¡Que lo sepa el mundo entero!

Escuche todo el mundo: ¡les tengo una noticia! Salgan a las calles y atiendan la primicia.

Con intentos los medios lo han querido callar, en algunos países no lo dejan de cazar.

No podemos detener la noticia: ¡Vivo está, Jesús vivo está! Su Palabra trascendental, ¿quién la detendrá?

¡Vengan, vengan las vecinas metiches! Este chisme les interesará. Compártanlo en las redes, seguro en twitter será tendencia mundial. “Me gusta”, “me encanta”, “me entristece” o “me enfada”.

Que el mundo reaccione ante el mensaje: ¡Cristo vive y nos viene a buscar!

Dejen a los niños venir a él; que rían, que jueguen, que se diviertan con inocencia y libertad. ¡Que los huérfanos no lloren más, nuestro Padre los quiere adoptar! Ya no mendiguen pan, ¡él es el pan de vida!

Esposa, comparte esta noticia con tu viejo. Padre, ¡cuéntaselo a tus hijitos! El Cristo quiere unir las familias: grandes, pequeñas, quebradas y sin amor, ricas, pobres, distanciadas y sin comunicación.

¡Cristo vive y nos viene a buscar! Jesús, quien ha sido odiado por acusar al mundo de hacer el mal.

¿Su novia está lista para una noticia tan radical?

¿Por qué me has abandonado?

Tengo una casa para vivir y una familia que me ama.
Tengo amigos extraordinarios y amor fraternal.
Me cortó mi novia y te reclamo:

Padre, ¿por qué me has abandonado?



Tengo estudios universitarios, tengo tareas.
Tengo posibilidad de tomar el transporte urbano para llegar a la escuela.
Pero un maestro me reprobó en una materia, entonces me quejo:

Padre, ¿por qué me has abandonado?



Tengo una iglesia en la cual congregarme.
Una linda comunidad de hermanos y una Biblia en mis manos.
Si alguien no me saluda en la congregación te cuestiono:

Padre, ¿por qué me has abandonado?



Esta mañana pude despertar, ¡gracias Padre!
Todos los días, nunca ha faltado el pan en mi casa, ¡gracias Padre!
Mis padres tienen trabajo, ¡gracias Padre!
Enséñame a agradecer por todo, enséñame a aceptar mis errores.

Padre, ¡gracias porque siempre estás con nosotros!

Misionero

Personajes:

Chico A
Chico B

Chico A y Chico B están platicando en la entrada de la iglesia.

Chico A: ¿Cuándo fue la última vez que conviviste con tu familia?

Chico B: Pero siempre convivimos…

Chico A: No… ¿Cuándo fue la última vez en que tuvieron una larga plática? De esas que están llenas de recuerdos y anécdotas.

Chico B: (Camina mirando hacia el techo) Bueno, a ver…

Chico A: ¿No has pasado tiempo con ellos?

Chico B: Sí, o sea… ¡Ah! Hace un par de meses fuimos a comer con los chicos de la iglesia…

Chico A: (Con voz cortante) A solas con tus padres y tu hermana.

Chico B: (Interrumpe) ¡Es que no he tenido tiempo!

Chico A: ¿Nunca?

Chico B: No… (Con mirada preocupada) Verás, entre semana trabajo por las mañanas, y en las tardes estudio. Llego muy noche a mi casa. Los sábados tengo ensayos musicales en la iglesia, después voy de voluntario a una casa hogar. (Se pone la mano en la nuca) Los domingos me la vivo en la iglesia…

Chico A: Veo el problema.

Chico B: ¿Problema? Todos los días hay mucho por hacer, ¡es importante que ayude! Es como practicar para cuando salga de misión a otro país…

Chico A: ¿Tu familia no es importante?

Chico B: Oh. Claro que lo es. (Pensando cabizbajo) Mmm… Golpe bajo. La verdad es que a veces llego cansado, olvido hablar con ellos.

Chico A: Joven Atlas, deja de cargar el peso de tantas actividades sobre tus hombros por un momento. El día solo tiene veinticuatro horas, ¿no es así?

Chico B: Sí…

Chico A: No se acabará el mundo si un fin de semana descansas y se lo dedicas a tu familia. (Con una pequeña risa) No irás al infierno por ello. (Serio) ¿Ellos creen en Dios?

Chico B: Me temo que no, pero sé que alguien les hablará de Dios algún día.

Chico A: (Le toca el hombro, luego le sonríe) Sé ese alguien. Tu misión empieza en casa.

Fin.



Sin merecerlo

Tu gracia y amor no me parecen suficientes,

Olvido tu sacrificio en mi diario vivir,

Sin merecer nada, me has dado todo,

Clavado en una cruz.

Es tu más grande prueba de amor.



Humilde y obediente fuiste,

Dispusiste tu vida por mí,

En mi rebeldía me hiciste un llamado,

Me invitaste a seguirte.



No sé exactamente hacia donde me dirijas,

Pero voy tranquilo,

Porque sé que tú ya ganaste la batalla,

Ahora sólo debo esperarte.



Tu provisión nunca me ha faltado,

Gracias a ti, me siento amado,

Pues nunca me has abandonado,

Grande eres mi Señor, pues sin merecer nada,

Dándote a ti mismo, me diste todo.

¿Estás aquí?

Tiempo atrás tu mirada fijaste en mí,

Sin darme cuenta algo nuevo nació,

Poco a poco un interés mayor por ti,

Sin embargo, el día de hoy me pregunto:

¿Estás aquí?



Más que verdaderamente vivir,

Busco cada día sólo poder sobrevivir,

La ansiedad y la soledad me acechan,

Constantemente quieren verme sufrir,

¿Estás aquí?



Mi oración ha sido constante,

Al igual que el deseo por un cambio apreciable,

Pero todo sigue igual, el cambio no aparece y

Desafortunadamente mi paciencia perece,

¿Estás aquí?



La esperanza permanece,

En la vida de otros no la veo ausente,

Me cuestiona y me hace pensar estar equivocado,

Acaso estoy haciendo algo equivocado,

¿Estás aquí?



Al final me aferro a la verdad,

Tu amor constante y fidelidad,

Estás aquí, porque te amo,

Estás aquí, porque anhelo más de ti,

Con eso tengo para saber que estás aquí.

Incluso ahí

En medio de la desesperanza y el dolor,

Aplastado por la amargura y la decepción,

Ciego ante tu constante paciencia Señor,

Incluso ahí, sigues pendiente de mí.



Cada día me parece eterno,

La ansiedad no deja mi mente en paz,

Grito a ti por ayuda, pero no te logro escuchar,

Incluso ahí, tu bondad se derrocha sobre mí.



El enemigo sabe cómo hacerme caer,

Soy débil ante sus constantes ataques,

Te he fallado Señor, a sabiendas de tu amor,

Incluso ahí, sigues queriendo estar junto a mí.



Cuando no quiero seguir, y

Tampoco me interesa saber más sobre ti,

Mi egoísmo me impide ver lo que has hecho por mí,

Incluso ahí, tu amor continúa por mí.



Todo lo anterior me comprueba tu gracia,

Tu misericordia infinita y tu eterno amor,

Que inclusive ahí sigues,

Pues sin importarte lo oscuro y desolado,

Tu presencia me sigue siempre a todos lados.





Avanzo sin saber a dónde voy

No hallo el momento para meditar. Hay tantas cosas por hacer. Por sólo escribir ya dejé de hacer otras cosas. Pero, ¿qué quiero lograr?



No lo sé, me falta sentarme y meditar… o al menos eso creo.



Avanza el tiempo y no logro comprender hacia dónde va mi vida, voy tan rápido que el simple hecho de detenerme un poco para reflexionar me impide hacer otras cosas.



Creo que ya debo lograr muchas cosas, me pongo metas muy ambiciosas que quiero lograr en un futuro y hoy debo comenzar. Pero, veo hacia atrás, de dónde vengo, qué he hecho y me pregunto, “¿eso lo hice yo? ¿Cómo es que terminé aquí?”.



Ya han pasado 23 años de mi vida y el rumbo que ha tomado nunca lo hubiera imaginado. Entonces, ¿por qué me preocupo tanto por meditar y avanzar?



No lo sé, lo que sí sé es que mi caminar es como el de un niño pequeño que va tomado de la mano de su padre.



Sí, de mi Padre Celestial; él es quien me guía y aun en momentos de estrés o ansiedad me trae paz y me dice: “toma mi mano. No te preocupes, yo te guío”.

Ayúdame a recordar

¡Señor ayúdame!

Ayúdame a recordar quién eres.

Ayúdame a recordar que me has mostrado gracia, perdón y misericordia.

Ayúdame a recordar a la comunidad que me ha abrazado en momentos de necesidad.

Ayúdame a recordar que la vida no consiste en la carrera que estudié, dónde crecí, quién es mi familia, ni lo que desempeño laboralmente.

Ayúdame a recordar que no puedo, por más que quiera, ser más joven o viejo.

Ayúdame a compartir con mi familia, compañeros de escuela y trabajo lo que me has enseñado y a amarlos como tú me amaste.

Ayúdame a recordar que el pecado está dentro de mí, que la lucha no es con los demás, sino con mis propios pensamientos y deseos que me llevan a mentir, desear a las mujeres, maldecir, robar, etc.

Ayúdame a ser honesto conmigo mismo, a amar y respetar a los demás aun y cuando no coincidamos en pensamientos o acciones. No solamente llamar a alguien “amigo”, sino demostrárselo sinceramente.

Ayúdame a recordar porque olvido y dejo de seguir tus enseñanzas. Sí, son difíciles, desafiantes e incomodas, pero ¿a quién más iré si sólo tú tienes palabras de vida?

¡Señor ayúdame, por favor!

Más camino, más te conozco

Jesús, entre más te conozco más me doy cuenta de lo mal que estoy.

Me cuesta mucho ser honesto conmigo mismo y reconocer mis errores. Me siento sucio, en el fango y avergonzado; no merezco ser tomado en cuenta, soy un hipócrita. Aun y cuando hemos llevado tiempo caminando juntos te defraudo, no me siento digno de seguir tus pasos pues volví a donde me sacaste, estoy sucio y lo peor de todo es que miento diciendo a los demás que estoy bien por no querer demostrar mi realidad.



¡Perdóname, por favor!



Soy un mentiroso. Me la paso por ahí con una máscara. No estoy bien y tú lo sabes… tú lo sabes todo.

Por favor ayúdame a seguir caminando contigo, levántame de este lodo en el que caí y ayúdame a levantar a quienes caigan, a verlos como tú me viste cuando estaba todo sucio y lleno de vergüenza; con amor y misericordia.

Señor mío, enséñame a tener compasión y no ser como los fariseos que juzgaban a los demás y no extendían la mano al prójimo.

No tomes en cuenta mi pecado y te suplico que me ayudes a recordar de dónde me has sacado.





¿Quién es este hombre?

¿Quién es este hombre?

Que sana y cuida del humilde.



¿Quién es este hombre?

Que denuncia injusticia y abuso.



¿Quién es este hombre?

Que habla de amor y arrepentimiento.



¿¡Quién es este hombre?!



¡Dice que el reino se acercó!

¡Dice que puede perdonar pecados!

¡Dice que creamos en las buenas noticias!



¿Quién es este hombre?

Que alimenta multitudes.



¿Quién es este hombre?

Que los demonios le temen.



¿Quién es este hombre?

Que hasta el viento y el mar le obedecen.



¿¡Quién es este hombre!?



Camina entre prostitutas y pecadores,

Relata historias para enseñarnos,

Insiste en la justicia y el amor,

Soporta los ataques de los que le odian,

Tiene fe y nos anima a tenerla,

Obsequia compasión y misericordia.



¿¡Quién es este hombre!?



Juzgado de manera injusta,

Echado a morir cruelmente,

Señalado como criminal,

Ultrajado por su propio pueblo,

Saboteado por sus amigos.



¿¡Quién es este hombre!?



¡Él es el Mesías!

¡Él es la promesa de Dios!

¡Él es salvador!



¡Él es JesuCristo, Hijo de Dios!

Restaurados para restaurar

Caminaste en la tierra como uno de nosotros,

Caminaste entre pobres y humildes,

Y despreciaste a los ricos y poderosos.



Nos dijiste que amáramos al prójimo,

Y cuidáramos del necesitado;

Nos dijiste que fuéramos ejemplo,

Y que habláramos de ti a otros.



Nos dijiste que morirías,

Y traerías salvación a todos.



Te rompiste para restaurarnos,

Y nos llamaste a restaurar;

Pero hoy debo confesar,

Que he sido insensible en mi actuar.



Perdóname porque he volteado mi rostro al inocente,

He cerrado mis ojos a la injusticia,

He ignorado al pobre,

He sido indiferente al necesitado.



Perdóname porque he sido apática a tu llamado,

He sido fría a tu sacrificio,

He buscado satisfacer mis intereses,

He mostrado desinterés en tu reino.



No queda más que hacer lo que dijo el maestro,

Somos llamados a restaurar como Él lo hizo,

Porque fuimos restaurados por lo que Él hizo.

Sueños de ceniza

Hay sueños que vienen, hay sueños que van;

Algunos son breves y otros están,

Mis sueños son sueños que odio soñar;

Y desearía poder olvidarlos ya.



Me sueño de traje, caminando elegante;

Me sueño de noche, manejando un coche;

Me sueño triunfante, viajando a todas partes;

Me sueño expectante, esperando el futuro brillante.



Me sueño dormida, a veces despierta;

Me sueño corriendo, me sueño llorando;

Me sueño viviendo, a veces muriendo;

Me sueño curiosa y muy vanidosa.



Me sueño de formas muy pretenciosas;

Apenas me sueño viviendo por otros;

Me sueño en caminos llenos de rosas;

Y pocas me sueño creyendo en otros.



Me sueño arriba y nunca abajo;

Me sueño reconocida y nunca despreciada;

Me sueño ganando y nunca perdiendo;

Me sueño obteniendo y nunca entregando.



La verdad es que me sueño de formas distintas,

Y ninguna de estas me enorgullece decirlas.

Confesar honestamente que me sueño egoísta,

Quizá es lo más sincero que haré en esta vida.



Hay sueños que vienen, hay sueños que van;

Pero estos desearía poder olvidarlos ya;

Porque sé que mis sueños son sólo ceniza,

Frente a la cruz del Ser entregado, despreciado y nunca egoísta.



Sentido y vida bajo el sol

Las noches eran largas y la esperanza parecía desvanecerse,

¡Nada nuevo hay debajo del sol! y los sueños del oprimido parecían imposibles.

Las lágrimas de quienes sufrían no eran secadas por nadie,

Lo torcido no se podía enderezar y no se hallaba satisfacción por ningún lado.

Nadie se sorprendía, aunque la opresión e injustica fueran el pan de cada día.

La vida parecía no tener sentido y muchos simplemente la llegaron a odiar.



Hasta que un día, todas las promesas se cumplieron, las esperanzas renacieron,

El verbo se hizo carne y las cosas debajo del sol se hicieron nuevas,

El que era ciego pudo ver con nuevos ojos, el que era cojo anduvo nuevos caminos,

El oprimido disfrutó una libertad nueva y la vida tuvo sentido al seguirle a la cruz.

El Dios que se hace historia camina entre nosotros y el camino chueco fue enderezado.



Hoy también podría parecer que nada nuevo hay debajo del sol,

Pero Jesús de Nazaret sigue haciendo nuevas todas las cosas,

Sigue renovando nuestras vidas y llenándolas de sentido,

Sigue desafiándonos a seguirle y amar a nuestro prójimo,

Sigue y seguirá renovando la esperanza, la pasión y la entrega por su reino de amor.

Ser más como Tú

Tú que viste sufrimiento y dolor donde otros sólo veían pecado.

Tú que perdonaste y sanaste donde otros sólo querían juicio y castigo.



Tú que anunciaste las buenas nuevas donde otros esperaban escuchar condenación.

Tú que abrazaste y pusiste como ejemplo a los niños donde otros sólo veían estorbos.



Tu que los miraste con esperanza y los llamaste a seguirte donde otros sólo veían pecadores e indignos.

Tú que le hablaste a esa mujer a pesar de que la costumbre y cultura dictaba no hablarle.



Tú que tocaste al enfermo al que se le tenía prohibido tocar.

Tú que sudaste los días que tocaban descansar y amaste a pesar de estar clavado en una cruz.



A ti, amigo Jesús, hoy nos queremos acercar para aprender e intentar ser más como Tú.

En tus manos encomendamos nuestro espíritu

En tus manos encomendamos nuestro espíritu,

En tus manos Señor, queremos nosotros habitar,

Para que en ti encontremos toda nuestra plenitud,

Porque estando contigo, no hay mejor lugar para estar.



En tus manos encomendamos nuestros sueños,

Para que aprendamos a soñar tus sueños y anhelos,

Sueños de una creación redimida, de niños gozando ser niños,

De vidas plenas y justas que andan nuevas veredas y caminos.



En tus manos encomendamos nuestra misión,

De proclamar tu evangelio de amor, vida y salvación,

Misión que queremos asumir con valor y pasión,

Para que se conozca tu gran noticia de liberación.



En tus manos encomendamos nuestras manos,

Para que estén siempre abiertas y dispuestas a dar,

Manos puestas a favor de los hermanos,

Manos tiernas que sepan cómo abrazar.



En tus manos encomendamos nuestra vida,

Para que tú la impulses a seguirte en todo camino.

Una vida con pasión, esperanza y fe decidida,

De que nosotros tenemos mucho por hacer a favor de tu reino.



En tus manos encomendamos nuestra identidad,

Porque solo Tú puedes decirnos quien realmente somos,

Identidad que busque vivir y construir en comunidad,

Ya que sólo tú nos puedes hacer mejores humanos.





Semillita de amor

Gracias Jesús por amarme hasta la muerte.

Gracias Jesús por enseñarme a amar a otros.

Gracias Dios por esa semillita de amor que sembraste en el corazón y que permites día a día que rieguen los seres queridos con actos de cariño.



Gracias Dios por cuidarla.



Ahora no es tan sólo una semillita, sino que se ha convertido en un árbol pequeño que da frutos de amor, esperanza, alegría y paz.

Te pido mi Dios que la sombra de éste, tu arbolito plantado, alcance no sólo a aquellos fáciles de amar, sino que también cubra a aquellos que resultan difíciles de amar. Aquellos que pisaron mis retoños, que arrancaron mis hojas y deprecian mi fruto.



Enséñame a amar como tú amas.





















Tus siervos

¿Qué haríamos en este mundo tan corrompido por el mal y tan lastimado, lleno de fatalidades que abruman el corazón, sin los amigos que nos acompañan por el camino pedregoso?



¿Cómo nos levantaríamos tras tropezar con las enormes piedras que se nos atraviesan?

¿De dónde sacaríamos el ánimo para comenzar de nuevo luego de las desilusiones?

¿Quién nos daría ese empujón duro pero necesario para tomar las decisiones más complicadas?



Te agradezco mi Señor por los amigos en la fe que son siempre oídos atentos, brazos abiertos, manos fuertes, pies incansables y corazones valientes. Amigos determinados y persistentes en el establecimiento de tu reino.



















Poca cosa

Escucho frecuentemente historias maravillosas de hombres y mujeres que han cambiado el mundo al ser usados por Dios.

Mi cabeza se inunda de pensamientos que me asustan.



¿Seré digna de ser instrumento de cambio?

¿Querrá Dios usarme a mí?

¿Moriré sin haber servido para nada?

¿Moriré siendo una pieza diminuta en un sistema roto?



Y ahí vienes Jesús para mostrarme que no necesitas a la persona más elocuente, o a la más adinerada, o a la más fuerte, o a la más inteligente.

Moisés un tartamudo, la viuda que alimentó a Elías con su último bocado, David el pastor de ovejas, Pedro el pescador que te siguió.



Gracias Jesús porque utilizas lo más pequeño, lo despreciado y lo insignificante.



















Gratitud

Gracias por tu comunidad,

Porque entre vasijas de barro decidiste habitar.

Y en la sencillez de corazón revelar tu bondad.



Gracias por regalarme abrazos de carne y hueso.

Que se sienten como apapachos tuyos, Maestro.



Gracias por poner diariamente pan en la mesa,

Y por rodearme con la verdadera riqueza,

De tener amigos que con su calidez la aderezan.



Gracias por la familia,

Porque a pesar de nosotros,

Nos unes en armonía.

Y porque aún en los días oscuros,

Nos llenas de alegría.



Gracias por aquellos,

Que no son muchos, ¡pero como los quiero!

Esos nombres que llevo tatuados en el corazón.

Porque me conocen y me aman así como soy.



Gracias por la cruz,

Que mi vida llevo a la luz.

Gracias Jesús,

Sólo en ti hay plenitud.

Tu voluntad

Incomódame, Señor.

Cuando entre mí haya gente con dolor.

Que pueda ver más allá de las sonrisas fingidas,

Y pueda regalar palabras genuinas.



Incomódame, Señor.

Cuando me acostumbre a en mi país ver aflicción.

Úsame para anunciar tu perdón y tu paz,

Y por el indefenso velar.



Incomódame, Señor.

Cuando parezca fácil participar en la corrupción.

Recuérdame que mi bandera es la verdad,

Y que tú mismo caminaste en integridad.



Incomódame, Señor.

Cuando por mis hermanos no sienta amor.

Que podamos ser uno,

Y participemos en la restauración de tu creación.



Que me deleite, Señor.

En darte honor.

Que no busque mi comodidad,

Si no rendirme a tu voluntad.

A mi amigo

Perdón por sacar el tema del clima, cuando lo que necesitabas escuchar era del Agua Viva.

Perdón por los bibliazos, pensé que así me harías caso.

Sé que he fallado en hablarte con más claridad, pero ya sabes que a veces me gana la vanidad.



Amigo del alma, ya me cansó sonar intelectual.

El mensaje es sobre nada más que un sencillo pescador de Judá.

Dijo ser Dios; puede que esté loco, o sea un mentiroso, o puede que en verdad Dios mismo se hizo como uno de nosotros.

Sé que te suena a mito, pero ese no es Cristo.

Ten por seguro que el Evangelio no es un cuento, es la invitación a un encuentro.



Ambos sabemos que la verdad es libertad, pero lo que parece libertad no siempre es la verdad.

Me puedes escuchar, o me puedes rechazar.



No tengo mucho que agregar;

sólo Jesús puede salvar.

Sanar.

Perdonar.

Restaurar.



Y al muerto, vida dar.



Confieso

Confieso que hoy tuve envidia de mi esposa que durmió unos minutos más que yo esta mañana.



Confieso que hoy, de camino al trabajo, maldije a una señora que llevaba a sus hijos a la escuela, por no dejarme cambiar de carril en la calle.



Confieso que hoy quise agredir a uno de mis alumnos porque no leyó las instrucciones ni las escuchó cuando las expliqué de la manera más clara que pude.



Confieso que hoy, de camino a casa, maldije a un taxista porque quiso meterse frente a mí sin usar su direccional en la calle.



Confieso que hoy miré con deseo a una mujer, en un comercial que vi en las redes sociales.



Confieso que hoy me enojé con mi esposa porque no hizo lo que le pedí, aunque pude haberlo pedido de mejor manera.



Confieso que hoy planeé mentirle a una autoridad para evitar cumplir con mi responsabilidad.



Y me arrepiento, Señor. ¿Hay todavía perdón para mí hoy como lo hubo ayer?

Y me arrepiento, Señor. Te pido perdón como ayer y como antier.



¿Hay todavía perdón para mí?



Gracias por la cruz, Señor.



¡Hoy también hay perdón para mí!

¡Y para ti!

¿Por quién me decido?

Señor, ¿por qué me invitas

A la muerte, el dolor, y el sufrimiento?



Señor, ¿por qué me invitas

A la pobreza, la escasez, y la necesidad?



Señor, ¿por qué me invitas

A hacer el ridículo, a que se rían, y se burlen?





Porque es Satanás quien invita

A la vida de autoridad y satisfacción.



Porque es Satanás quien invita

A la abundancia y la riqueza material.



Porque es Satanás quien invita

A la gloria y el reconocimiento social.





¡Vete, Satanás, porque está escrito:

Al Señor tu Dios adorarás,

Y sólo a él servirás!

¿Dónde Señor?

"Pon mi mano en el arado" es la petición que miles te hacemos diario en nuestras oraciones.



Me pregunto si te parece chistoso, o si te parece ofensivo que te pidamos una manera de servir cuando vivimos en un país con millones de pobres, con miles de huérfanos, con miles de viudas.



Me pregunto si te damos ternura o te damos coraje cuando te decimos que queremos ayudar, pero no sabemos la manera, cuando vivimos en un país con etnias enteras que nunca han escuchado tu nombre ni tienen tu palabra en su propio idioma.



"Amen a Dios con todo su corazón, alma, y fuerza; amen a su vecino como se aman ustedes mismos."



Gracias, Jesús, por responder nuestras oraciones hace dos mil años.






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