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Excerpt for Mis suicidas predecesores by , available in its entirety at Smashwords




Desde pequeña

siempre ha habido algo en ti que en mí resuena algo en ti que se vuelve oro

en mi cerebro.

Tu mirada en tus numerosos autorretratos,

loca pero firme, siempre ha sido mi mirada, loca pero firme.

Esa forma en que tus gruesas trazadas

surgen de ellos para crear un mundo de impresiones. Tu mundo,

mi mundo.

Tu mundo de gruesas pinceladas, siempre pintadas en plain air, siempre ha sido mi mundo. Desde que lo vi por primera vez, ya no sé cuando,

supe que no estaba sola.

Supe que mis noches de insomnio

se entendían mejor tras ver tu noche estrellada.

¿Quién puede dormir cuando las estrellas y la luna

nos enseñan sus más bellos colores en su circo celestial?

Tal vez sea mi insomnio lo que hace que,

de entre tanta maravilla,

tu noche estrellada sea mi cuadro favorito. Lo veo y veo la realidad como es,

no como la perciben mis ciegos ojos. Veo la noche de mis noches,

la que me dice que no duerma,

la que me dice que despierte.


Todo el mundo sabe de tu vida trágica. Pintor incomprendido,

ataques de manía,

días en hospitales psiquiátricos,

y, finalmente, suicidio.

Fuiste mi primera relación con el suicidio. Aún joven me imaginaba imposible tal desdicha; dos intentos más tarde, aquí estoy.

Nunca he tenido un ataque maníaco,

pero mi cuadro depresivo fue más que suficiente

para mis días de internada. Miro atrás y veo tu sombra,

pegada a mis pies como si fuese la mía,

ando tus pasos

como no sabía que haría cuando,

aun niña,

observaba anonadada tus cuadros.

Mi noche estrellada es tu noche estrellada. La noche de mi alma es tu pistola en el pecho. Aún joven, tomaste tu vida sin pensártelo,

igual que como pintabas,

en plein air y con pinceladas gruesas.

Y tras dos días de sufrimiento me dejaste,

sola,

mas tu noche estrellada

será mi noche estrellada hasta que llegue mi hora

de apretar el gatillo.



Ya mayor conocí tu obra, Virginia. A través de terceros agentes

me enamoré de Orlando,

y a raíz de su lectura

cogí fuerzas para salir del armario.

Eras la escritora de prosa que nunca supe ser, narrando la verdadera historia,

la de dentro de tus personajes.

Aún no te conozco lo suficiente, Virginia. Tus ensayos me son ajenos aunque familiares y, siendo honesta, sólo he leído Orlando.

Pero aún así su maravilla mágica me tocó hondo,

me llevó lejos,

me hizo levantarme de la cama una vez más con una mente amiga tras los tiempos. Aquí es cuando Wikipedia entra en juego. Una vida tortuosa, de sexualidad dudosa, cuadro bipolar,

suicidio en el fondo del Ouse

para evitar los males de un último ataque. Tanto de esto me profundiza,

tanto resuena.

De nuevo, mi cuadro depresivo y mi estancia hospitalaria parecen quedarse cortas

a tu lado

por lo de ahora.

Tu decisión de suicidarte en un río

es mi certeza de una muerte en el mar. También yo noto mis ataques por venir,

también yo he intentado quitarme del medio preventivamente. Por eso, Virginia,

eres para mí una compañera en el fondo del mar.


Alejandra



Ay, Alejandra, mucho he cantado sobre ti, pero te conozco desde hace tan poco. Apenas unas semanas atrás

ni conocía tu nombre, ahora se resbala en mis poemas como ningún otro.

Tus noches insomnes de poesía son también mías,

aun si las pastillas intentan alejarnos,

jamas olvidaré tu nombre,

jamás olvidaré tus noches.

Pero algo en tu poesía era demasiado bueno, algo clicó demasiado bien en mi mente enferma. Efectivamente,

muerte por tu propia mano con treinta y seis años. Alejandra, puede que fueses la mente

más afín a la mía que haya existido,

aún siendo tú de letras y yo de ciencias.

Tus noches insomnes me conocen mejor que nadie. Tu noche de la vida es barbiturato,

la mía pudo haber sido lejía,

puede que vaya a ser otro químico ajeno,

pero siempre quedará algo en ti

que se refleje en mi espejo,

en mi odiado espejo, en tu querido espejo, cuando tome

la última cena.


Keith



Si algo lamento de mi vida,

a parte de todo,

es no haber sido música.

El teclado que adorna mi habitación es una prueba más de esto.

Me gustaría tocarte el teclado, adornar con mis dedos las teclas y hacerte escuchar tu obra,

porque tengo la sensación de que tu no lo has hecho

como yo.

Me gustaría tocarte Tarkus y llorar,

y reír,

y hacerte llorar,

y reír.

Virtuoso de la música (no demasiado) popular, me gustaría saber tocarte

me gustaría poder tocarte.

Pero hay algo en mi vida que nos une. Mi vida sigue a tu vida

como mis dedos no pueden seguir a los tuyos, mas los seguirán tal vez en esa última tecla, armonizaremos con suerte los estallidos de la pólvora, y escucharemos juntos

mi muerte.



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